4 de marzo de 2024 en Buenos Aires

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Sostenibilidad: un desafío permanente

Emilio Satorre expuso sobre sostenibilidad en una jornada organizada por el área de Agricultura de CREA.

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Entre los diferentes modelos alternativos a la agricultura de insumos, uno de los más recientes es del denominado “intensificación agrícola sostenible”, el cual promueve la incorporación de tecnologías de procesos sustentadas en el conocimiento agronómico.

Esa concepción de la agricultura, junto con las restantes surgidas en las últimas décadas, comparten la visión general de que la productividad debe estar sustentada en el conocimiento de la dinámica presente en los diferentes y complejos procesos que intervienen en el suelo, los organismos y el ambiente.

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Los modelos también comparten la mirada preponderante de la ecología en lo que respecta a que el ciclado de nutrientes presente en un sistema productivo debería tender a ser más “cerrado” para originar recursos en la propia materia orgánica antes de que en la incorporación de fertilizantes externos.

“Así como la ecofisiología de cultivos brindó los saberes necesarios para mejorar el funcionamiento de los cultivos, la ecología hace lo propio para mejorar la dinámica del sistema productivo”, indicó Emilio Satorre, coordinador académico del área de Agricultura de CREA, durante una jornada sobre “Sistemas Productivos Sostenibles” realizada este martes en la sede porteña de CREA

El crecimiento de la productividad agrícola registrado en las últimas décadas se realizó a una velocidad enorme a partir de la incorporación de tecnologías, procesos, conocimientos y la multiplicación y profesionalización de los actores que intervienen en la actividad.

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El crecimiento económico propiciado por el agro promovió tanto la expansión del área productiva como de las ciudades y urbanizaciones en entornos rurales, lo que comenzó a generar nuevos conflictos entre ambos ámbitos, además de desafíos desconocidos hasta entonces.

“La primera maleza resistente aparece en la Argentina en la década de los 90, un problema nuevo que no había estado presente en los cien años previos de la agricultura argentina”, recordó Satorre.

Tales tensiones, por lo tanto, promovieron un resurgimiento del interés en las cuestiones relativas al impacto ambiental y social de la agricultura, incorporando así una visión integral orientada a la búsqueda de sistemas sostenibles. Gran parte de los programas agrícolas implementados en a red CREA en los últimos años fueron impulsados por tales inquietudes.

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“Este nuevo escenario lleva a que los productores vuelvan al campo para observar lo que ocurre en el territorio, con un cambio de mentalidad, en la cual la productividad y obviamente también la rentabilidad son importantes, pero dejan de ser los únicos factores intervinientes en las decisiones”, remarcó.

El primer aspecto de la sostenibilidad es reducir las brechas de productividad, es decir, asegurar, a través de la recolección sistemática de datos para generar información útil, que los recursos empleados están siendo utilizados con la mayor eficiencia posible en función de los conocimientos disponibles hasta el presente.

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“Diagnosticar tales brechas es un primer paso para ser sostenibles en tanto que es factible lograr un mayor nivel de productividad sin tensionar adicionalmente al sistema”, señaló.

Satorre indicó que, al respecto, los análisis deberían ser realizados con un enfoque integral que abarque la multiplicidad de variables presentes en la dinámica productiva y las diferentes alternativas disponibles.

“Las tres prácticas que contribuyen a una intensificación sostenible y que registraron la mayor tasa de adopción en los últimos quince años corresponden a la agricultura de precisión, la digitalización de grandes volúmenes de datos agrícolas y los cultivos de servicio o de cobertura”, afirmó.

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“Cada vez es más frecuente ver cambios en ese sentido y con la adopción de esas prácticas tienden a ser más sostenibles los sistemas productivos”, añadió.

Recientemente, por ejemplo, se publicó un artículo en la revista internacional “Agriculture, Ecosystems & Environment” realizado por científicos del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural de la Universidad Nacional de Río Negro, la Facultad de Agronomía de la UBA, CONICET y CREA, entre otras instituciones, que precisamente se dedicó a evaluar el impacto del factor ambiental en la presencia de malezas tolerantes a resistentes a herbicidas. Y el estudio detectó que los lotes más pequeños con hábitats naturales vecinos más grandes se asociaron con una menor presencia de malezas resistentes.

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“Procesos que aparentemente pueden resultar inútiles al no contribuir a mejorar la productividad en términos de resultados inmediatos, pueden contribuir en gran medida al buen funcionamiento del sistema agrícola, reduciendo, por ejemplo, la necesidad de aplicar herbicidas”, explicó Satorre.

“No hay una solución para todo, sino muchas prácticas y herramientas que serán distintas en los diferentes ambientes agroecológicos y escenarios climáticos; la sostenibilidad es un concepto que es dinámico, es decir, no es lineal”, resumió.

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