5 de enero de 2026 en Buenos Aires

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Rendimientos de maíz: genética, manejo y mercados

Una guía para entender dónde están las brechas de rendimientos en maíz y aprovechar oportunidades sobre aspectos como genética, siembra, nutrición y sanidad.

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En la agricultura argentina, el maíz ocupa un lugar cada vez más importante. En la última década, la superficie sembrada mostró una fuerte expansión y hoy el cereal tiene un rol central en la rotación agrícola y en la generación de divisas para el país.

Alrededor del 70% de la producción se exporta como grano. El resto se destina al consumo interno, principalmente en pollos, cerdos y feedlots, además de la molienda húmeda y seca. Esto significa que el maíz no solo sostiene al productor, sino también a gran parte de la cadena agroalimentaria.

Fechas de siembra

No existe una receta única de siembra para todo el país. La fecha ideal depende de la región, del régimen de lluvias y de la capacidad de los suelos para almacenar agua. Mientras que en algunas zonas conviene sembrar temprano para aprovechar la mayor radiación solar, en otras la estrategia es sembrar más tarde para escapar a los riesgos de sequía o calor extremo. En Argentina, la ventana de siembra va desde septiembre en la región núcleo hasta enero en zonas del NOA y NEA.

En la campaña 2024/25, en la región núcleo los productores volvieron a apostar por la siembra temprana. En el sur de Santa Fe, el 85 % de los lotes se implantó en septiembre y octubre, con mejores resultados que los sembrados en diciembre (El maíz temprano gana protagonismo en el sur de Santa Fe).

En Córdoba Norte, en esa misma campaña, la ventana se extendió desde mediados de noviembre hasta fines de diciembre. Allí, el promedio en secano fue de 7.932 kg/ha, aunque en los mejores ambientes superó los 11.000. Bajo riego, los rindes llegaron a casi 10.000 kg/ha (Maíz en Córdoba Norte: pautas para cultivos exitosos).

En la región Oeste, durante la campaña 2024/25 las diferencias fueron todavía más marcadas: desde 5.000 hasta más de 12.000 kg/ha, lo que muestra cómo la fecha y el ambiente condicionan el resultado (Resultados de ensayos 2024/25 en la región Oeste).

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Genética

La genética es el primer paso para definir el rinde. Los híbridos de maíz no son todos iguales: cada material responde de manera distinta según el ambiente, la fecha de siembra y el manejo. Por eso, más que hablar de “mejor híbrido”, lo importante es hablar de la mejor combinación híbrido–ambiente. Elegir bien puede marcar la diferencia entre un planteo apenas rentable y uno altamente competitivo.

En el sur de Santa Fe, los ensayos de la campaña 2024/25 detectaron brechas genéticas del 24 %. En números, eso equivale a 2.200 kg/ha de diferencia entre materiales (Maíz: Brechas genéticas de 24 % según el híbrido).

En promedio, esa región registró 10.970 kg/ha, con extremos de 5.400 a 15.500 kg/ha (Ensayos CREA 2024/25 en Sur de Santa Fe).

Manejo y nutrición

La nutrición y la densidad de siembra son la “arquitectura” que sostiene al cultivo. El maíz es muy sensible al manejo: un lote con los nutrientes balanceados y la densidad adecuada puede rendir miles de kilos más que otro con deficiencias. No se trata de aplicar más insumos, sino de hacerlo en la dosis y el momento justo, para acompañar el potencial del híbrido elegido.

En ambientes de alta productividad de la campaña 2024/25, subir la densidad a 90.000 plantas/ha, con buena provisión de nutrientes, generó respuestas claras. El nitrógeno sigue siendo el nutriente más influyente: cada 50 kg adicionales aportaron más de 1.000 kg/ha. El fósforo mostró efectos positivos en suelos con historia agrícola, y el azufre y el zinc resultaron limitantes en muchas zonas.

Ensayos CREA realizados en esa campaña en Laboulaye y sur de Santa Fe comprobaron que la falta de azufre puede costar entre 500 y 800 kg/ha de rendimiento (Manejo y nutrición para maximizar el maíz).

Comparando planteos de baja y alta tecnología, CREA midió brechas de hasta 3.000 kg/ha. El mensaje es claro: manejar adecuadamente la densidad y la nutrición es tan determinante como la genética.

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Sanidad: plagas y enfermedades

El cultivo de maíz convive con plagas y enfermedades que, si no se controlan, pueden reducir significativamente los rindes. No basta con pensar en genética y nutrición: la sanidad debe integrarse al manejo. Las amenazas cambian según la región y el año, y el monitoreo constante es la herramienta más efectiva.

En el monitoreo nacional de CREA de la campaña 2024/25, la población de chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) disminuyó de manera sostenida en la mayoría de las regiones. Esto bajó el riesgo de spiroplasma, una enfermedad que había generado mucha preocupación (¡Qué buena noticia! Sigue cayendo la población de la chicharrita).

Pero no todo está resuelto. El gusano cogollero y la isoca de la espiga siguen presentes, sobre todo en siembras tardías. Además, en Córdoba Norte se sumaron roya y tizón, lo que confirma que la sanidad también debe estar integrada a las decisiones de manejo.

Mercados

Los rendimientos no se explican solo por la genética y el manejo: el mercado también define la rentabilidad. El maíz argentino compite en un escenario global, donde la oferta y la demanda mueven los precios y condicionan los márgenes de los productores. Entender esa dinámica es tan importante como mirar el rinde del lote.

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El último “Flash de Mercados” de CREA advirtió que, en la campaña 2024/25, la oferta global abundante presionó sobre los precios del cereal. Después de haber superado los 240 USD/t en 2021, las cotizaciones se ubicaron entre 180 y 200 USD/t (Flash de mercados: oferta abundante de maíz).

Aun así, los márgenes se mantuvieron positivos en planteos de alto rendimiento. Quienes lograron más de 9 t/ha obtuvieron entre 350 y 450 USD/ha de margen bruto. La enseñanza es que, con precios más ajustados, la eficiencia productiva se vuelve la mejor estrategia de defensa.

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