Miniatura de YouTube Youtuber Vlog Colorido (1)
Red de ensayos INTA: una mirada desde el sur cordobés
En el centro-sur de Córdoba, el INTA desarrolló durante más de cinco años una red de ensayos de híbridos de maíz —tanto temprano como tardío— que abarcó ambientes desde Noetinger hasta Huinca Renancó. El trabajo se realizó en paralelo a la red de la Región CREA Sur de Santa Fe.
"Ambas instituciones tienen redes de ensayos paralelas en la zona, donde testean híbridos de maíz, variedades de trigo, soja y girasol", dijo Horacio Videla Mensegue, técnico de la AER INTA Laboulaye.
El objetivo principal fue evaluar el comportamiento agronómico, el rendimiento, la estabilidad y la humedad de cosecha en fechas de siembra temprana. En la última campaña se probaron 41 híbridos comerciales en 10 sitios de evaluación, con parcelas de entre seis y ocho surcos y dos repeticiones por material.
"Para cubrir todo este territorio, las empresas semilleras confiaron en nosotros para experimentar con los materiales que querían comercializar, y productores y contratistas prestaron su maquinaria, su personal, su tiempo y sus insumos", dijo Videla Mensegue.
Los materiales que mostraron mejor comportamiento según localidad pertenecieron a Basf, Dekalb, ACA y Stein. En la red de INTA, los híbridos mejor posicionados fueron el BAF 5575 VT3P y el DK 7447 Trecepta. El promedio de rendimiento en toda la red fue de 10.000 kg/ha, con mínimos de 8.000 y máximos de 12.600 kg/ha.
"El promedio que obtuvimos fue de 10.000 kg/ha, con registros que fluctuaron entre 8.000 y 12.600 kg/ha; esos números evidenciaron cómo la variabilidad ambiental condicionó el posicionamiento de los distintos híbridos", dijo Videla Mensegue.
Red de ensayos CREA: genética en condiciones reales de producción
En paralelo al trabajo de INTA, la Región CREA Sur de Santa Fe llevó adelante dos redes de ensayos: una de maíces en siembras tempranas y otra en siembras tardías. Ambas se realizaron en campos de productores, utilizando la tecnología y manejo del productor. "El manejo fue el mismo para todos, de manera que la diferencia que encontramos en cada sitio estuvo dada por el híbrido", explicó Santiago Álvarez Prado, investigador del CONICET.
La campaña 2024/25 incluyó 22 localidades, de las cuales 11 correspondieron a fecha temprana y 11 a tardía, distribuidas equitativamente entre las subregiones. Se evaluaron 20 híbridos en siembras tempranas y nueve en tardías, en línea con la proporción de superficie que tuvo cada fecha de siembra en la región.
Los resultados, disponibles en la página de CREA Sur de Santa Fe, permitieron estimar la brecha genética, definida como la diferencia entre el híbrido de mayor y menor rendimiento en cada subregión. "En la subregión oeste, por ejemplo, la diferencia de elegir bien o mal un híbrido fue de hasta 2.200 kilos, lo que representó un 20% del rendimiento promedio", señaló Álvarez Prado.
Un aspecto distintivo del diseño fue la ausencia de repeticiones, reemplazadas por un testigo repetido cada cierta cantidad de franjas, elegido por el productor anfitrión. Esto permitió comparar el híbrido ganador con la elección actual de cada productor. En maíz temprano, la diferencia entre ambos fue de un 6%, mientras que en maíz tardío, para la subregión oeste de Córdoba, la brecha alcanzó el 8%.
"Estos valores nos indican que la elección del híbrido ha sido bastante optimizada por los productores, aunque todavía hay margen para una sintonía fina", afirmó el investigador.
El análisis de más de una década de datos reveló que la brecha genética varía según el ambiente. En maíces tempranos, osciló entre 10% y 90%, con una tendencia a reducirse en ambientes más productivos y a incrementarse en ambientes de menor potencial. En maíces tardíos, la variabilidad fue menor, entre 5% y 50%, aunque igualmente dependiente del año, el sitio y los híbridos evaluados.
Brecha genética y comportamiento de híbridos
El análisis de la red de maíz temprano mostró diferencias en la respuesta de los híbridos según el ambiente. El material que lideró el ranking mantuvo un comportamiento estable, incrementando su rendimiento de manera proporcional a la mejora de las condiciones. "El híbrido que ganó la red fue estable, es decir, copió las mejoras del ambiente", indicó Álvarez Prado.
Otros materiales, en cambio, presentaron respuestas más variables. Uno de ellos, por ejemplo, tuvo una baja performance en los ambientes de menor potencial, pero en los de mayor productividad igualó el rendimiento del ganador.
En total, de los 20 híbridos evaluados en maíz temprano, los que encabezaron la red compartieron ese patrón de estabilidad, adaptándose de forma proporcional a las mejoras ambientales.
En la última campaña, la brecha genética —la diferencia entre el mejor y el peor híbrido evaluado— osciló entre un 12% y un 24%, con valores más altos en siembras tempranas que en tardías. La brecha del productor, en cambio, varió entre 5% y 24%, siendo este último caso el de la subregión norte. En el resto de las zonas, los valores se ubicaron entre 5% y 9%.
"En líneas generales, el productor está haciendo una correcta elección del híbrido, aunque todavía le queda un pequeño margen de mejora, lo cual es más desafiante", señaló el investigador.
Los datos confirmaron que la brecha genética se modifica según la calidad del ambiente y que, en general, es mayor en maíces tempranos. En esta campaña, los híbridos que mejor rendimiento alcanzaron en la red fueron aquellos con un comportamiento estable, capaces de responder de manera proporcional a las mejoras en las condiciones de cultivo.
Mirá las charlas completas aquí