10 de febrero de 2026 en Buenos Aires

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Crea. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

El maíz temprano gana protagonismo en el sur de Santa Fe

Con un 85% del área sembrada en el ciclo 2024/25, esta opción de maíz gana gracias a la buena humedad inicial y la chicharrita, pese a la señal ENSO de la Niña.

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Crea. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Por CREA Región Sur de Santa Fe | SSF

En la última campaña, el 85% del maíz sembrado en la región sur de Santa Fe fue temprano, una proporción muy superior a la de años previos. El cambio respondió a la buena humedad inicial y la amenaza de la chicharrita, a pasar del pronóstico de año Niña.

La información se difundió durante una jornada de actualización técnica organizada por la región CREA Sur de Santa Fe y el INTA Marcos Juárez el pasado 24 de julio en la sede del INTA, con la participación de más de 400 productores y asesores.

IMG_5039

La región sur de Santa Fe, integrada por 21 grupos CREA y 184 empresas, venía de enfrentar períodos de marcada sequía que obligaban a posponer la siembra del cereal para después de diciembre. Según Agustín Fernández Roger, asesor del CREA General Baldissera, la última campaña se inició con reservas hídricas suficientes para adelantar la implantación. A su criterio, en 2024/25 podría repetirse ese escenario, aunque insistió en que la decisión debía basarse en la medición precisa de la humedad en el suelo.

Captura de Pantalla 2025-08-13 a la(s) 11.13.16

Históricamente, las áreas este, centro y oeste de la región sembraban más maíz tardío que temprano, sobre todo en ambientes con menor capacidad de almacenamiento de agua, como el oeste de Córdoba. En esos casos, aun con perfiles llenos al inicio, el agua podía no alcanzar para superar el período crítico de diciembre y enero. El maíz tardío se consolidó así como una herramienta para diversificar y mitigar riesgos en toda la zona.

En términos productivos, el rendimiento promedio de CREA en la última campaña fue de 10.400 kilos por hectárea sobre un total de 64.000 hectáreas sembradas, con 30.000 hectáreas en el oeste de Córdoba, 15.000 en el norte de la ruta 9 y 18.000 en el sur de la ruta 9, en Santa Fe. El resultado se ubicó en línea con el promedio histórico de los últimos 25 años, que fue de 9.800 kilos por hectárea, con picos de 11.000 y pisos de 8.000 kilos.

image

La señal ENSO y su impacto en los rendimientos

El comportamiento del maíz temprano en el sur de Santa Fe muestra una fuerte correlación con la señal ENSO. En años Niño, la mayor disponibilidad de agua impulsó los rendimientos por encima de los 11.000 kilos por hectárea, mientras que en años Niña el promedio regional se ubicó por debajo de los 10.000 kilos. En años neutros, la productividad superó ese umbral, aunque sin llegar a los niveles alcanzados en campañas con influencia positiva del fenómeno.

Juan Osuna, asesor del CREA Monte Maíz, señaló que la relación se observaba con mayor claridad en la señal climática actual que en la del año previo a la siembra. “Cuando un año Niña fue seguido por otra campaña Niña obtuvimos los rendimientos más bajos de la serie”, afirmó. “En cambio, si una Niña fue precedida por un año Niño, la recarga de los suelos nos permitió sostener mejor la producción”.

image

La caracterización de ambientes también condiciona la respuesta al ENSO. Los lotes de baja productividad, con promedios inferiores a 8.000 kilos, suelen implantarse de manera tardía y presentan marcadas diferencias de rendimiento entre fases climáticas. En los ambientes de transición, con valores de 8.000 a 11.000 kilos, el comportamiento varía: en años Niño se asemejan a los de alta productividad y en años Niña tienden a comportarse como ambientes restrictivos. En cambio, los lotes que superan los 11.000 kilos por hectárea —generalmente con influencia de napa— muestran independencia respecto a la fase analizada.

“Entre el 50 y el 60% de los ambientes que evaluamos entran en la categoría de transición”, indicó Osuna. “En esos casos, medir el agua disponible y tener en cuenta la señal ENSO definía gran parte del resultado esperado”.

En años Niño y neutros, seis de cada diez veces fue posible encontrar ambientes con más de 10.000 kilos por hectárea, mientras que en años Niña esa frecuencia se redujo a cuatro de cada diez. En maíz tardío, la influencia del fenómeno fue menos marcada y no se replicó el patrón escalonado observado en el maíz temprano.

A su vez, el análisis de cultivos antecesores mostró que, en la región, el maíz temprano se implantó en un 64% de los casos sobre soja de segunda y en un 35% sobre soja de primera en las últimas 25 campañas. “En los mejores ambientes, en general, se hacía más trigo/soja”, comentó el asesor. “El maíz tardío, en cambio, se sembraba en mayor proporción sobre soja de primera, porque son los lotes donde hacemos menos trigo”.

El rol del cultivo antecesor en el rinde

En la última campaña, el 95% del maíz de la región sur de Santa Fe se sembró sobre soja, ya fuera de primera o de segunda. En la zona oeste predominó la siembra sobre soja de primera, ya que las limitaciones para hacer trigo llevaron a utilizar cultivos de cobertura como alternativa. En las zonas norte y sur, en cambio, el trigo tuvo mayor presencia, por lo que el antecedente más habitual fue trigo/soja.

Según Fernández Roger, la soja de segunda se comportó como el mejor antecesor en las tres zonas durante la última campaña. “En general, la secuencia trigo/soja nos deja un perfil distinto y, en años con buena recarga, no observamos caídas de rendimiento respecto a la soja de primera”, señaló.

Aunque hubo algunos lotes de maíz sobre maíz, y en el oeste aparecieron otras opciones como cultivos de cobertura, maní y girasol —este último en franca reaparición pero con superficie reducida—, la base productiva se explicó casi en su totalidad por las dos variantes de soja. En años Niño, el efecto del antecesor no modificó de manera significativa el rendimiento promedio, aunque sí se registró una ligera variación en la dispersión de resultados, atribuida al consumo de agua de los doble cultivos.

La fecha de siembra también interactuó con el tipo de antecesor. En campañas Niña, las implantaciones muy tempranas sobre rastrojos voluminosos no alcanzaron el mismo desempeño que las realizadas con una ligera demora en lotes provenientes de soja de segunda. “En un año Niño esa diferencia prácticamente desapareció”, comentó Fernández Roger.

image

Caracterización ambiental, base de las decisiones

El conocimiento detallado de cada lote es la base para estimar los horizontes productivos de un ambiente. La señal ENSO influye de manera directa en la frecuencia con la que se accede a un ambiente de alta o baja productividad, y el nivel de recarga del perfil puede transformar un ambiente de transición en uno extremo. Por eso, la medición del agua útil al momento de la siembra se convierte en un paso decisivo. El cultivo antecesor, en este contexto, juega un rol menor, ligado principalmente al consumo o aporte de agua previo.

En la última campaña, la siembra comenzó en los primeros días de septiembre en la subzona norte —al norte de la ruta 9—, gracias a lluvias tempranas. En la zona sur y en el oeste, las precipitaciones fueron más puntuales, por lo que las implantaciones se extendieron hasta finales de octubre, una fecha poco habitual en el oeste. “Este año tuvimos que manejar ventanas de siembra que no solemos explorar, sobre todo en el oeste”, indicó uno de los asesores de la región.

image

Los rendimientos se mantuvieron estables en las fechas tempranas, con algunas variaciones en la dispersión, y registraron una caída marcada en las siembras de noviembre. Entre el 11 y el 20 de septiembre, los maíces respondieron bien al ambiente en el que se implantaron. Lo mismo ocurrió en la franja del 1 al 10 de octubre. Sin embargo, en noviembre, el potencial de los ambientes de 10.000 kilos por hectárea no se alcanzó.

En maíz tardío, cuya siembra se extendió del 20 de noviembre al 10 de enero, las fechas tempranas de noviembre mostraron comportamientos contrastantes: en ambientes de baja productividad, sembrar en ese momento redujo el rendimiento, mientras que en los de alto potencial permitió aprovecharlo. “En una fecha intermedia, del 11 al 20 de noviembre, los resultados fueron promedio: en los peores ambientes nos defendimos mejor, pero nos perdimos los mejores”, explicó un técnico.

En fechas extremas, ya en enero —más comunes en el norte de la región—, se perdieron las oportunidades en los mejores ambientes, pero se mantuvo la productividad en los de baja performance. “En estos casos, adelantar o retrasar la siembra depende más de la calidad del lote que de la disponibilidad de maquinaria o tiempo”, añadió el asesor.

Elección de híbridos y comportamiento por subzona

En las últimas seis campañas, el 45% de la superficie de maíz de la región sur de Santa Fe se sembró con genética de Dekalb, porcentaje que en la última campaña ascendió al 52%. Le siguieron La Tijereta, Nidera, Brebant y otras empresas con menor participación.

El híbrido más implantado en 2023/24 fue el Dekalb 72-72, con 15.000 hectáreas distribuidas en las distintas subzonas. El segundo lugar lo ocupó el Dekalb 74-47, con mayor adopción en la zona sur y menor en la norte. El Brebant 8389, cuarto en el ranking, tuvo su mayor presencia en la zona norte y la menor en el sur. Como característica puntual, el Pioneer 1669 se sembró principalmente en el departamento General López, al sur de la provincia, y tuvo escasa participación en las zonas oeste y norte.

image

Según datos de la red CREA, los híbridos que superaron las 2.000 hectáreas en toda la región registraron rendimientos medios que oscilaron entre 9.053 y 11.800 kilos por hectárea. “La elección de material no solo respondió a la genética en sí, sino también al ajuste por ambiente y fecha de siembra”, señalaron técnicos de la región.

Ver las charlas completas aquí

Dejá tu comentario

Contenidos relacionados