Los rendimientos del cultivo de soja muestran una tendencia creciente en la región CREA Sur de Santa Fe, aunque existen oportunidades para mejorar la productividad. La incorporación de nueva genética, la elección del grupo de madurez, la fertilización y el uso de fungicidas aparecen entre las principales herramientas para seguir aumentando los resultados.
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Así evolucionó el cultivo de soja en 40 campañas: genética y manejo para seguir aumentando los rendimientos
Datos de 40 campañas de la región CREA Sur de Santa Fe muestran avances y oportunidades para ajustar genética, nutrición y manejo del cultivo de soja.
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SUSCRIBITEDe cara a una campaña con perspectivas de año Niño, la elección del grupo de madurez y la fecha de siembra, la incorporación de variedades de mayor potencial, el uso de fungicidas y una fertilización balanceada con fósforo y azufre aparecen entre las principales decisiones a considerar. A ellas se suman las rotaciones y el manejo de plagas y malezas.
Estos fueron algunos de los ejes presentados por Gabriel Magnabosco, asesor del grupo CREA María Teresa, durante la Jornada de Actualización Técnica de Cultivos de Gruesa organizada por la EEA INTA Marcos Juárez y la región CREA Sur de Santa Fe. A partir de la información recopilada por DAT CREA, analizó la evolución de la producción de soja en las últimas 40 campañas y los desafíos para la próxima siembra.
Aumento de superficie sembrada
Magnabosco presentó la evolución de la superficie de soja relevada durante 40 campañas en la región CREA Sur de Santa Fe. La serie comenzó en 1986/87 con menos de 30.000 hectáreas y en las últimas campañas se ubicó entre 150.000 y 200.000. “En estas 40 campañas tenemos 7 millones de hectáreas de soja informadas, con 100.000 lotes”, destacó.
En la campaña 2025/26, la base reunió 144.850 hectáreas: 74.514 de soja de primera y 70.336 de segunda, distribuidas entre Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y Entre Ríos. Santa Fe y Córdoba concentraron la mayor superficie, con el 45% y 44% de la soja de primera y el 54% y 32% de la de segunda, respectivamente.
Los datos provinieron de 19 grupos CREA distribuidos desde el centro-norte de Santa Fe hasta el sur provincial y el norte de Buenos Aires, además del este de Córdoba y sectores de Entre Ríos próximos al río Paraná. “Algunos CREA tienen más extensión de hectáreas y otros menos, pero en general la mayoría está entre las 2000 y las 12.000 o 15.000 hectáreas”, explicó.
Más rendimiento
Al analizar la evolución de las últimas 40 campañas, mostró una tendencia creciente de los rendimientos en la región CREA Sur de Santa Fe. En soja de primera, la ganancia fue de 43 kg/ha por año, mientras que en soja de segunda alcanzó los 34 kg/ha por año. “Es una combinación de ganancia genética, manejo y mejoras en la protección y las condiciones del cultivo”, explicó.
La evolución, sin embargo, estuvo atravesada por fuertes diferencias entre campañas. La media móvil de 10 años muestra además una brecha creciente entre soja de primera y de segunda: mientras al comienzo de la serie los rendimientos eran relativamente próximos, con el paso de las campañas la soja de primera se distanció.
“La media móvil fue creciendo hasta la campaña 2020/21 y después se estancó. En los últimos cuatro o cinco años no subió”, señaló.
Los mapas de DAT CREA permiten observar esas diferencias a escala regional. En soja de primera, la campaña 2022/23 estuvo dominada por rendimientos inferiores a 2000 kg/ha y numerosos registros por debajo de 500 kg/ha. El escenario cambió en 2023/24 y 2024/25, con una mayor presencia de rendimientos superiores a 4000 kg/ha, especialmente en el sur de Santa Fe, este de Córdoba y norte de Buenos Aires.
“En la campaña 2025/26, en muy pocos lugares los rendimientos estuvieron por debajo de los 4000 kg/ha promedio. Fue una campaña que, para volver a repetirla, necesita que se den muy buenas condiciones”, destacó.
En soja de segunda, la recuperación fue menos marcada. Si bien 2022/23 también presentó una elevada proporción de rendimientos bajos, los resultados de 2025/26 fueron más próximos a los observados en 2023/24 y 2024/25.
Magnabosco anticipó una campaña favorable para el cultivo de cara a la próxima siembra, aunque señaló que para alcanzar buenos rendimientos será necesario adoptar un paquete tecnológico acorde con las condiciones de un año Niño, con abundantes precipitaciones.
Variedades con mejor performance
Al analizar la superficie de soja de primera y de segunda del centro y sur de Santa Fe y el este de Córdoba, GDM continúa concentrando alrededor del 75-80% de los materiales sembrados. Sin embargo, en las últimas campañas comenzó a crecer la participación de variedades de otros semilleros, entre ellos Nidera, Pioneer, Syngenta y Stein.
La 46I20 continúa como la variedad más sembrada, aunque perdió participación frente a nuevos materiales con tecnología Enlist. Entre ellos, se destacó 47E23, con tres campañas comerciales y una presencia creciente tanto en soja de primera como de segunda, y 46E25, incorporada con fuerza durante 2025/26. “Hace unos años, la 46I20 representaba prácticamente el 60% de la región. Hoy está disminuyendo con el aumento del uso de variedades Enlist”, dijo.
La evolución por tecnologías confirma ese recambio. En soja de primera, las variedades Enlist aumentaron su participación, mientras que las RR retrocedieron y las IPRO también redujeron superficie. En los grupos IV medios, además, comenzó a modificarse la relación de rendimientos entre tecnologías: en 2021/22 y 2022/23 las IPRO presentaban los mejores resultados, pero la diferencia se redujo en 2023/24 y se revirtió en las campañas siguientes.
“En 2024/25, las variedades Enlist prácticamente equipararon e incluso mejoraron a las IPRO. Ahí estamos viendo una mejora de las variedades nuevas respecto de las de años anteriores, porque están generando un mayor potencial”, señaló. Esa diferencia puede tener un impacto económico relevante: una mejora de 300 a 400 kg/ha representa, según sus cálculos, alrededor de 100 dólares adicionales por hectárea, frente a un costo de semilla entre 30% y 40% mayor.
En soja de segunda, la brecha de rendimiento entre tecnologías se redujo más rápidamente, pero por razones diferentes. La incorporación de Enlist facilitó el manejo de malezas, particularmente frente a yuyo colorado (Amaranthus), y permitió evitar demoras entre la cosecha del trigo y la siembra asociadas a los períodos de espera de algunos tratamientos.
“En soja de primera fue más que nada por las mejoras varietales y, en soja de segunda, por una cuestión de manejo”, resumió. En el conjunto de los grupos de madurez, las variedades Enlist ya representaron cerca del 50% de la soja relevada en la región durante 2025/26, impulsadas tanto por su desempeño productivo como por las ventajas para el control de malezas.
Grupos de madurez
En los últimos cinco años, los grupos de madurez más cortos mostraron los mayores rendimientos en soja de primera en el centro y sur de Santa Fe, norte de Buenos Aires y este de Córdoba. En la campaña 2025/26, la diferencia entre los grupos evaluados llegó a unos 300 kg/ha, con una caída progresiva del rendimiento a medida que se alargó el ciclo.
La respuesta, sin embargo, cambia según las condiciones ambientales. “En un año Niña, generalmente tenemos la idea de poner los grupos largos en lotes de loma o de mediana a baja productividad, para que se defiendan, y en los lotes buenos ponemos los grupos más cortos”, subrayó Magnabosco. Esa distribución puede incidir en los resultados regionales, ya que algunos ambientes de mayor productividad pueden contar además con aporte de napa.
En años Niño, la relación entre grupos de madurez fue menos marcada. En esas condiciones, los bajos pueden sufrir saturación y anoxia, mientras que las lomas y los ambientes con menor influencia de la napa responden favorablemente a la mayor disponibilidad hídrica. Allí, los grupos IV medios, IV largos y V pueden alcanzar buenos resultados. “Esta es la tendencia que muestran los datos de la región, pero cuando la analizamos por ambiente las respuestas se empiezan a disgregar”, aclaró.
En soja de segunda, los grupos más largos mostraron menores rendimientos. Al atrasarse la siembra, el acortamiento del fotoperíodo reduce la duración del ciclo y aumenta la posibilidad de que las etapas finales coincidan con heladas. La tendencia volvió a observarse en 2025/26, con una disminución de la productividad hacia los ciclos más largos.
La elección del grupo también estuvo asociada con la fecha de siembra. “Cuando podemos cosechar un trigo temprano y sembrar la soja de segunda enseguida, tratamos de buscar los grupos de mayor potencial, que son los IV. Cuando nos atrasamos, vamos a un grupo más largo para que se defienda un poco más o tenga mayor período de llenado”, señaló.
Para los grupos IV, la información regional muestra una ventana relativamente concentrada. En soja de primera, el grueso de la superficie se sembró entre el 21 de octubre y el 20 de noviembre, mientras que en soja de segunda se desplazó aproximadamente un mes, desde el 20 de noviembre hasta el 20 de diciembre.
Fertilización, fungicidas y rotaciones
La fertilización de la soja mostró una tendencia creciente en las últimas cinco campañas. Actualmente, alrededor del 46% de la superficie y prácticamente el 50% de los lotes reciben algún tipo de fertilización, principalmente con fósforo y azufre, frente a valores cercanos al 30% cuatro o cinco campañas atrás. “Si nos vamos a los años 2000, prácticamente se fertilizaba entre el 5 y el 10% de los lotes”, comparó.
El uso de fungicidas alcanzó aproximadamente al 50% de los lotes, tanto en soja de primera como de segunda, con aplicaciones realizadas entre R3 y R5. En soja de primera, la respuesta histórica de los lotes tratados respecto de los no tratados se ubicó entre 400 y 500 kg/ha, aunque en 2025/26 fue de unos 200 kg/ha.
“Hoy el fungicida cuesta, entre producto y aplicación, unos 50 o 60 kg de soja contra 400 kg que se ganan. Es fundamental tenerlo en cuenta en un año Niño como el que viene, que va a ser húmedo y con bastante intensidad de precipitaciones”, señaló.
En soja de segunda, la respuesta histórica al uso de fungicidas fue incluso mayor, de entre 500 y 600 kg/ha, mientras que durante la última campaña se ubicó entre 200 y 300 kg/ha. Los datos surgen de la comparación entre lotes tratados y no tratados de las últimas cinco campañas, con diferentes fungicidas aplicados entre R3 y R5.
Las rotaciones muestran un predominio del maíz como antecesor: entre el 60% y el 70% de los lotes de soja provienen de ese cultivo. Alrededor del 10% sucede a trigo/soja y otro 10% corresponde a secuencias de soja de primera sobre soja de primera. Los cultivos de servicio, por su parte, ya están presentes en aproximadamente el 10% de la superficie relevada.
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