26 de febrero de 2024 en Buenos Aires

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Aplicaciones selectivas: cómo evaluar la inversión

Adelanto del nuevo manual de Aplicaciones Selectivas, fruto del trabajo conjunto de las Áreas de Innovación y Agricultura de CREA.

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Por Nicolás Ciancio y Víctor Giménez

Al implementar la tecnología de aplicaciones selectivas se debe contemplar el costo del sistema en sí mismo (sensores, consola, cables/mangueras para conexiones, etcétera); el de las modificaciones que es necesario realizar sobre la pulverizadora, y el del montaje, que en algunos casos puede estar incluido en el costo de los sensores. Adicionalmente, los sistemas que permiten realizar aplicaciones selectivas de herbicidas exigen la implementación de una serie de tecnologías complementarias (computadoras para procesar los datos de la aplicación, antena GPS, entre otras). En caso de no contar con ellas, el interesado deberá contemplar su adquisición y los costos asociados.

En términos generales, el precio de un sistema de aplicación dirigida suele expresarse por metro lineal de botalón. En este punto vale la pena señalar que la adquisición de la tecnología no exige necesariamente equipar el botalón completo de la pulverizadora.

En el país existen dos empresas que ofrecen esta tecnología: Weed-IT y WeedSeeker. Cada una presenta versiones con diferentes precios y funcionalidades. Para conocer el presupuesto final es necesario que un representante técnico de la empresa identifique la pulverizadora sobre la que se va a montar la tecnología y evalúe las modificaciones que se deben realizar para poner en marcha el sistema (por ejemplo, el armado de “perchas”, la soldadura de soportes, etcétera). Además, es importante tener en cuenta el costo del aprendizaje: poner a funcionar el sistema y generar experiencias positivas puede demandar tiempo y energía. El costo de ese tiempo debe ser cuantificado e incluido en la ecuación.

Para calcular el período de repago de la inversión deben tenerse en cuenta diversas variables, que se dividen en dos grandes grupos: las que están vinculadas a la maquinaria y las que se relacionan con el lote de producción.

En lo que respecta a las asociadas a la maquinaria, la primera son los metros de botalón por equipar. Por lo tanto, la cantidad de metros a equipar será una de las principales variables por considerar, ya que incide directamente en el monto de la inversión. En caso de no equipar el botalón completo, se recomienda hacerlo hasta algún quiebre (por ejemplo, del ala media o del alín), de manera tal que se facilite el trabajo cuando éste se realice cerca de los alambrados.

Otro aspecto clave es el costo de la tecnología (en dólares por metro lineal). A medida que se equipan más metros del botalón puede producirse una “dilución” del costo de ciertos componentes; en consecuencia, el precio por metro del equipo se reducirá. El segundo punto es que las empresas pueden cobrar la instalación del equipo por separado o incluirlo en el valor del metro lineal. Sin embargo, éste suele ser un costo menor en relación con la inversión total.

Cuando el equipo para realizar aplicaciones selectivas no se coloca en todo el botalón será necesario contemplar un costo extra, que se genera al reducirse el ancho de labor de la máquina. Esta posibilidad implica realizar más pasadas y utilizar mayor cantidad de combustible para trabajar la misma superficie.

En los primeros cuatro a cinco años de vida útil del equipo, el costo de mantenimiento es muy bajo. Por desgaste o roturas puede ser necesario reponer ciertos componentes, como alguna válvula o membrana específica, pero eso no ocasiona grandes erogaciones.

En cuanto a las variables asociadas al lote, es necesario contemplar el porcentaje de malezas en el barbecho, dado que, como la tecnología permite realizar aplicaciones allí donde detecta la presencia de malezas emergidas, cuanto menor sea el porcentaje de malezas en un lote, menor será la superficie por aplicar con herbicidas y mayor será el ahorro. Por ejemplo, en un lote de 100 hectáreas con un 30% de cobertura de malezas, un equipo para realizar aplicaciones selectivas pulverizará herbicidas sobre 30 hectáreas permitiendo el ahorro del o de los herbicidas que se utilizarían en las 70 hectáreas restantes.

El costo del caldo varía según los herbicidas elegidos y las dosis a aplicar. Al momento de analizar el período de repago de la tecnología hay que considerar únicamente los productos que actúan en postemergencia de las malezas (glifosato, 2,4-D, dicamba, graminicidas, desecantes, etcétera). A su vez, en los casos en los que se ingresa más de una vez al lote durante el período de barbecho, el valor del caldo que se utilizará en los cálculos será el promedio resultante de los valores de los caldos utilizados en cada aplicación. Cuanto más caro sea el caldo utilizado en el barbecho, mayor será el beneficio que reporte el uso del sistema para realizar aplicaciones selectivas. Por ejemplo, reducir en un 70% el uso de un caldo de 20 dólares por hectárea representará un ahorro de 14 dólares por hectárea, mientras que en el caso de un caldo de 35 dólares por hectárea el mismo porcentaje de reducción implicará un ahorro de 24,5 dólares por hectárea.

El período de repago de la tecnología depende además de la cantidad de superficie sobre la que se va a trabajar. Cuanto mayor sea la superficie trabajada, más rápido será el repago del equipo para realizar aplicaciones selectivas. Dos consideraciones importantes al momento de realizar los cálculos. La primera es que, en el caso de los dobles cultivos, si se realiza una pulverización antes de la siembra de cada uno de ellos habrá que considerar la superficie de cada cultivo por separado. Por ejemplo, para un lote de 100 hectáreas de trigo/soja de segunda, habrá que considerar las 100 hectáreas del barbecho de trigo y las 100 del barbecho de la soja de segunda. Por otra parte, si sobre el barbecho de un mismo cultivo se realizaran dos o más aplicaciones, sería necesario multiplicar la superficie por la cantidad de veces que se ingresó al lote a realizar una aplicación.

Veamos un ejemplo de cálculo de repago. Supongamos un equipo con un botalón de 25 metros de ancho se colocaron 20 metros del sistema para realizar aplicaciones selectivas de herbicidas con los siguientes parámetros.

  • Costo de la tecnología: 8500 u$s/metro.
  • Costo de colocación: 2000 dólares
  • Costo extra por botalón equipado parcialmente: 1,0 u$s/ha(estimado)
  • Costo de mantenimiento: 0,5 u$s/ha(estimado)
  • Porcentaje de enmalezamiento promedio: 20% (en todos los lotes).
  • Costo del caldo: 50 u$s/ha.
  • Superficie del campo: 900 hectáreas.
  • Número de pulverizaciones por hectárea en los barbechos: dos.

El costo de la inversión (metros a equipar x costo por metro + colocación) debe dividirse por el beneficio proyectado por año para obtener el período de repago estimado. El beneficio proyectado se obtiene con la siguiente fórmula = (superficie pulverizada total x costo del caldo x porcentaje de ahorro) - [ (eventual costo extra + costo mantenimiento) x superficie pulverizada total)]

En este caso, según los supuestos del ejemplo, el costo de la inversión inicial será de 172.000 dólares, mientras el beneficio percibido por utilizar la tecnología sería de 76.500 dólares por año. Al dividir la inversión inicial por el beneficio anual se obtiene el período de repago de la tecnología que, en este caso, es de 2,2 años.

Análisis de sensibilidad

El análisis de sensibilidad ayuda a entender cómo las fluctuaciones en los valores de las diferentes variables pueden modificar los resultados. En el siguiente ejemplo se evalúa la sensibilidad del período de repago para una pulverizadora con un botalón de 20 metros equipada con la tecnología que requirió una inversión de 5700 dólares por metro y un costo de caldo de 50 dólares por hectárea (ver cuadro 1).

Cuadro 1. Sensibilidad del período de repago de la inversión (años) frente a variaciones en la superficie a trabajar y el porcentaje de ahorro de caldo

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A medida que aumenta el porcentaje de ahorro del caldo disminuye el tiempo de repago de la inversión. Así, con una superficie de 2000 hectáreas y un porcentaje de ahorro de caldo del 30%, el período de repago es de 4,2 años, mientras que con un porcentaje de ahorro de caldo del 75% dicho período se reduce a 1,6 años. Del mismo modo, a medida que aumenta la superficie trabajada disminuye el período de recupero de la inversión. Por ejemplo, para un porcentaje de ahorro del caldo del 70%, el período de repago en una superficie de 2000 hectáreas será de 1,7 años, mientras que en una superficie de 4000 hectáreas el período de repago será de 0,9 años.

Tal análisis corresponde a una empresa productora de granos que estudia la posibilidad de adquirir la tecnología. Sin embargo, el mismo análisis puede realizarlo una empresa que brinda servicios de aplicaciones. En ese caso, además de las variables ya mencionadas, deberá considerarse el costo del servicio de pulverización. Veamos un ejemplo de análisis de sensibilidad para una pulverizadora con 20 metros de botalón equipada con un costo de 8500 dólares por metro ante variaciones en el costo del servicio y la superficie por trabajar (cuadro 2).

Cuadro 2. Sensibilidad del período de repago de la inversión (años) frente a variaciones en la superficie por trabajar y el costo del servicio

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En el análisis se advierte que, a medida que la superficie por trabajar se incrementa, menor es el período de recupero de la inversión. Por lo tanto, si se considera un costo del servicio de 8,0 dólares por hectárea y una superficie de 5000 hectáreas, el período de repago de la inversión se alcanza en 5,3 años. Pero si la superficie a trabajar fuera de 10.000 hectáreas, el período de repago descendería a 2,6 años. Del mismo modo, este plazo disminuye en la medida en que el costo del servicio es mayor. Si se trabajan 8000 hectáreas con un costo del servicio de 8,0 dólares por hectárea, el período de recupero de la inversión será de 3,3 años, pero si el costo del servicio trepara a 10 dólares por hectárea, el período de repago se reduciría a 2,5 años.

El uso de aplicaciones selectivas permite ahorrar una importante cantidad de herbicidas posemergentes. En promedio, se obtienen ahorros de 70-75%, aunque son muy frecuentes rangos del orden de 80-95%. De esa forma, la reducción en el uso de herbicidas reduce notablemente el costo de los barbechos químicos y las cantidades de agua y bidones que se utilizan. Así, la adopción de esta tecnología repercute fuertemente sobre la dimensión económica y ambiental de las empresas adoptantes.

Un caso concreto en la región sur de la provincia de Buenos Aires de un establecimiento de 2300 hectáreas dedicado a la producción de trigo, soja, maíz y girasol permite comparar los costos de los barbechos realizados con aplicaciones convencionales versus los que se realizan con aplicaciones selectivas (cuadro 3).

Cuadro 3. Costo del caldo asperjado en cada pasada de barbecho y promedio en aplicaciones convencionales y selectivas

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Los herbicidas utilizados en los distintos cultivos fueron: TRIGO/SOJA 2a: Glifosato, 2,4 D, Saflufenacil, Paraquat y Cletodim (1a); Glifosato, 2,4 D (2da). MAÍZ: Glifosato, 2,4 D y Cletodim (1a); Glifosato, 2,4 D, Cletodim, Saflufenacil (2a); Glifosato y 2,4 D (3a); GIRASOL: Glifosato, 2,4 D, Carfentrazone y Cletodim (1a); Glifosato, 2,4 D (2a).

En el caso del doble cultivo de trigo/soja de segunda, el porcentaje de caldo ahorrado fue, en promedio, del 67,9%, lo que se tradujo en un ahorro de aproximadamente 34,3 dólares por hectárea por cada pasada realizada en el barbecho.

En el caso del maíz, el porcentaje de ahorro promedio de herbicidas fue de 63,7%, lo que representa 32,6 dólares por hectárea menos en cada aplicación. Por último, en el cultivo de girasol el porcentaje de ahorro promedio de herbicidas fue del 67,5%, con un ahorro en el costo del barbecho de aproximadamente 28,2 dólares por hectárea. Si se tiene en cuenta la cantidad de superficie destinada a cada cultivo, el ahorro general del establecimiento en herbicidas postemergentes fue de aproximadamente 158.290 dólares.

Vale tener en cuenta además que el ahorro en el uso de herbicidas produjo una disminución en la cantidad de principios activos aplicados por unidad de superficie. En el caso de la empresa del sur bonaerense, dicha reducción fue de 57,9%, 57,1% y 55,6%, para el doble cultivo trigo/soja, el cultivo de maíz y el cultivo de girasol, respectivamente.

El presente texto es un resumen del capítulo “Análisis económico, empresarial y posibilidad de inversión en aplicaciones selectivas” de Nicolás Ciancio y Víctor Giménez (Área de Innovación de CREA), el cual integra el “Manual de Aplicaciones Selectivas” editado por CREA en el presente mes de septiembre. Se trata de una obra abarca todos los aspectos tecnológicos, operativos y económicos de la tecnología, además de recopilar las experiencias y el conocimiento sobre el tema generado en las diferentes regiones CREA.

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