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Trigo: cómo mejorar la eficiencia en el uso del agua

En una JAT de CREA Córdoba Norte se analizó cómo la nutrición y el manejo del agua, en secano y bajo riego, influyen en el rendimiento del trigo.

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7 de abril de 2026 - 09:55 Por CREA Región Córdoba Norte | COR

El cultivo de trigo tiene margen para seguir creciendo a partir de una mayor eficiencia en el uso de los recursos. En una jornada organizada por la región CREA Córdoba Norte, se analizaron herramientas para mejorar el aprovechamiento del agua —en secano y bajo riego— ajustando la nutrición con el objetivo de acercar los rendimientos al potencial del cultivo.

“El año pasado fue un año histórico para el cultivo de trigo en toda la región central norte del país, y especialmente en Córdoba, con una muy buena expresión de rendimiento en secano y en sistemas con riego”, recordó Jorge Fraschina, asesor privado y ex investigador en Mejoramiento y Producción de Trigo de la EEA INTA Marcos Juárez.

Con el objetivo de seguir mejorando la productividad hacia adelante, abordó aspectos de manejo del cultivo, con una perspectiva integral. “Para hacer un uso eficiente del agua tenemos que equilibrar las deficiencias nutricionales, especialmente el nitrógeno, que es la más generalizada, pero no es la única. En muchas situaciones el fósforo también puede aparecer como un factor limitante, sobre todo en el arranque del cultivo, y en algunos casos se observan respuestas al agregado de micronutrientes”, indicó.

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El trigo puede transformar cada milímetro de agua consumida en entre 10 y 20 kilos de grano, siempre que no existan limitantes nutricionales.

Un cultivo clave en las rotaciones

Fraschina destacó el rol del trigo en los planteos de secano por su aporte al sistema, tanto por la materia orgánica que incorpora a través de las raíces como por la cobertura de rastrojo que deja.

Se trata de un cultivo que aporta residuos con elevada relación carbono/nitrógeno y lignina/nitrógeno, que quedan distribuidos de manera homogénea en el lote, con un efecto directo sobre la capacidad de infiltración del agua de lluvia, y tiende a equilibrar las pérdidas de carbono del suelo.

“En secano, especialmente en los suelos limosos del norte de Córdoba, la siembra de trigo como gramínea de invierno, tiene un impacto muy importante en los primeros centímetros del suelo, mejorando la capacidad de infiltración del agua de lluvia en el perfil de suelo”, señaló.

“Ese impacto promueve una mejora en todo el sistema suelo-planta de los cultivos siguientes, brindando así un servicio que va más allá de la rentabilidad del cultivo, en mayor medida en lotes con poca cobertura”, agregó.

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“En secano, especialmente en los suelos limosos del norte de Córdoba, la siembra de trigo como gramínea de invierno, tiene un impacto muy importante en los primeros centímetros del suelo, mejorando la capacidad de infiltración del agua de lluvia en el perfil de suelo”, señaló.

Eficiencia en el uso de los recursos

Durante la jornada se analizó qué ocurre en los sistemas bajo riego con dos variables centrales, el agua aplicada y la nutrición del cultivo, y se presentaron herramientas para evaluar con qué nivel de eficiencia se utilizan en distintos planteos productivos.

A partir del análisis de la base de datos de CREA Córdoba Norte, realizado junto con la Mesa Agrícola esa región, se identificaron patrones asociados a los ambientes de producción, como tipos y serie de suelo, nivel de materia orgánica y fertilidad, donde la disponibilidad de agua a la siembra marca la expectativa de rendimiento. En el caso de los sistemas con riego se debe sumar la capacidad de ese suplemento, que condicionara la posibilidad de abastecer la demanda hídrica en momentos críticos para la formación del rendimiento.

“Tratamos de explicar qué está pasando y subrayar la necesidad de ser cada vez más eficientes en el uso del recurso agua aportada a través del riego”, indicó. En ese sentido, explicó que el trigo puede transformar cada milímetro de agua consumida en entre 10 y 20 kilos de grano, siempre que no existan limitantes nutricionales.

Para estimar el uso del agua por el cultivo se debe considerar la disponibilidad en el suelo al momento de la siembra, sumar las precipitaciones durante el ciclo y, cuando corresponde, el aporte del riego. “Para medir la eficiencia en el uso del agua también se debería evaluar y restar el agua residual al momento de madurez del cultivo, cuando la mayor parte de los pedúnculos que sostienen cada espiga tienen color amarillo”, detalló.

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Fraschina destacó al balance hídrico como una herramienta central para medir y mejorar la eficiencia en el uso del agua.

Balance hídrico

Fraschina destacó al balance hídrico como una herramienta central para medir y mejorar la eficiencia en el uso del agua. A partir del seguimiento del agua consumida por el cultivo y la cuantificación de los momentos de estrés en cada lote se podrá corregir deficiencias si la pluviometría y la disponibilidad del equipo de riego lo permites. Posteriormente, se relaciona con el rendimiento alcanzado en cada situación, para planificar mejor las futuras decisiones.

El dato clave para construir un buen balance es conocer la evapotranspiración potencial diaria. Es decir, la demanda atmosférica a la cual está sometido el cultivo, y que se obtiene de estaciones meteorológicas, tanto públicas como privadas, ubicadas en las proximidades del ambiente en cuestión. Según explicó, ese valor debe corregirse con el estado del cultivo en cada momento, con un factor conocido como valor de Kc, para estimar con mayor precisión el consumo real de agua por parte del cultivo.

Para hacer esa corrección, se puede utilizar el índice de vegetación NDVI obtenido a partir de imágenes satelitales, que permite seguir el estado del cultivo, y, a través de una simple ecuación, transformarlo en el valor de Kc en cada caso y ajustar con mayor precisión su consumo de agua. “Es una herramienta sencilla, aunque requiere constancia: hay que cargar día a día los datos de evapotranspiración potencial y el estado del cultivo para estimar cuánto agua se está consumiendo”, indicó.

Si bien se trata de un indicador de corrección más que de anticipación, porque estima el agua que va quedando cuando el cultivo está transcurriendo una posible situación de estrés, permite conocer la disponibilidad y, de ser posible, corregir o tomar decisiones en cada caso.

La otra utilidad de realizar balances hídricos a lo largo del tiempo es que aporta información estratégica para tomar futuras decisiones en cada ambiente de producción, identificando los momentos y magnitud de los estrés, y ayuda a entender mejor el resultado final.

“Esa información permite interpretar y analizar el impacto del manejo de los insumos en cada situación, para ajustar decisiones futuras en esos ambientes, con el objetivo de mejorar la eficiencia en el uso del agua y los nutrientes”, aseguró.

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El uso del agua no puede analizarse de manera aislada, sino que se relaciona con el equilibrio nutricional del cultivo.

Aporte de los nutrientes

El asesor planteó que el uso del agua no puede analizarse de manera aislada, sino que se relaciona con el equilibrio nutricional del cultivo. Según explicó, la disponibilidad de nitrógeno condiciona la capacidad del trigo para convertir el agua consumida en rendimiento.

“Una mejora en el equilibrio del nitrógeno mejora la eficiencia del uso del agua tanto en secano como en sistemas con riego”, resumió. Ese vínculo se vuelve clave en el período crítico, al final del cual se define el número de granos por metro cuadrado, correlacionado directamente con el rendimiento.

Durante la presentación se mostraron diferencias asociadas al manejo de la fertilización nitrogenada según el ambiente. En condiciones secas entre la siembra y el macollaje, las aplicaciones incorporadas antes o durante la siembra mostraron mayor eficiencia, mientras que en escenarios más húmedos, como el riego en el norte de Córdoba, mejoraron los esquemas fraccionados, con aportes distribuidos entre la siembra y fines del macollaje, o aplicaciones realizadas directamente en esa etapa, antes de iniciado el encañado.

Según indicó, la relación entre agua y la corrección de las deficiencias nutricionales no es exclusiva de los sistemas con riego. En secano, aun con distinta disponibilidad hídrica para el cultivo, corregir las principales deficiencias permite mejorar el aprovechamiento del agua disponible y su transformación en rendimiento.

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