Integrantes del grupo CREA Purines
Protocolo de muestreo
Hasta ahora, cada empresa realizaba su muestreo con criterios diferentes. “La calidad del purín sigue siendo una caja negra. La mayoría de las granjas del grupo trabajan con pivots de riego, pero algunos productores tomaban la muestra en la punta de la laguna, otros recorrían todo el perímetro y otros obtenían la muestra del pozo estercolero, a la salida de las naves. De esa manera se obtenían valores que no son comparables entre sí”, explicó Cañada.
La principal inquietud era determinar cuántos nutrientes llegaban efectivamente a los cultivos. Si bien las recomendaciones tradicionales indican tomar muestras en la laguna, las dimensiones de los reservorios en las granjas del grupo CREA —de entre media a dos hectáreas— hacen que los resultados no siempre reflejen la composición del material aplicado mediante el sistema de riego.
Para resolver esa limitación, el grupo consensuó un procedimiento común. “Definimos que la muestra se tome cuando el pivot comienza a funcionar y directamente en el aspersor. Lo importante es que todos lo hagamos en el mismo lugar y en el mismo momento”, señaló Cañada.
El protocolo también establece criterios para el muestreo de suelos y los análisis de laboratorio requeridos. De esta manera, los integrantes del grupo generan información homogénea que permite comparar resultados y construir una base de datos común.
Actualmente, las empresas participantes realizan dos muestreos anuales de purines y dos de suelo. Tras completar la campaña de otoño, los resultados serán analizados en la próxima reunión del grupo.
Las actividades de monitoreo se realizan respetando los protocolos de bioseguridad de cada establecimiento. “Todas las granjas cuentan con medidas de bioseguridad, por lo que nuestras recorridas y zonas de trabajo quedan por fuera del perímetro de seguridad de los galpones. Nosotros trabajamos directamente en los lotes agrícolas”, dijo.
Monitorear lo que no se ve
A pesar de los avances logrados con la estandarización de los muestreos, todavía existen aspectos del sistema que resultan difíciles de medir en tiempo real. La principal limitación es que la composición del purín solo se conoce una vez que finaliza el análisis de laboratorio. “Cuando aplicamos, tomamos la muestra y la enviamos al laboratorio, pero la aplicación ya está hecha. Si distribuimos una dosis de X milímetros, recién unos 15 días después vamos a saber cuál era la composición de ese material”, resumió Cañada.
Ante esa dificultad, el grupo evalúa los resultados a partir de indicadores indirectos. Por un lado, se observa la evolución de los cultivos y sus rendimientos. Por otro, se monitorean los cambios en el suelo mediante muestreos realizados dos veces por año.
Uno de los aspectos que más atención genera es la acumulación de fósforo en las áreas que reciben aplicaciones de purines. “En los lotes se evidencia una acumulación de fósforo, lo cual en cierto modo es bueno. No sabemos cuáles son los techos de los suelos; hay casos en los que los niveles parecerían estar estabilizados y, sin embargo, siguen creciendo. Entonces es un gran tema hasta dónde podrían crecer”, señaló.
El seguimiento también incluye la calidad del agua de riego a través de indicadores como la Relación de Adsorción de Sodio (RAS) y la Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC). Un desbalance en parámetros como el RAS, por ejemplo, podría modificar las condiciones químicas del suelo, aumentar su acidez y generar consecuencias negativas sobre la producción.
Hacia adelante, consideran incorporar evaluaciones vinculadas con la actividad biológica y la salud de los suelos.
Hacia adelante, consideran incorporar evaluaciones vinculadas con la actividad biológica y la salud de los suelos. “Es un tema que tiene mucho valor y que podría interesar a distintos grupos de investigación”, indicó el asesor. El objetivo es generar información que permita avanzar en líneas de trabajo sobre microorganismos, patógenos y otros procesos asociados al uso de purines.
Un aspecto positivo es que los resultados obtenidos hasta el momento no muestran señales de deterioro en los sistemas productivos. “Más allá de las mediciones que hacemos y de las que todavía no logramos hacer, no encontramos síntomas de que el sistema esté funcionando mal. Si hubiera algún problema en el suelo, los cultivos lo manifestarían”, afirmó Cañada.
En algunos casos, los monitoreos sí permitieron detectar situaciones de sobrefertilización. “Por ejemplo, cuando un trigo o una cebada presentan niveles de proteína más altos de lo esperado, eso puede indicar que aplicamos más nitrógeno del necesario”, ejemplificó.
Menos dependencia de insumos externos
El principal beneficio del uso de purines en agricultura es el aporte de nutrientes que permite reducir la dependencia de fertilizantes de síntesis química. Actualmente, muchas de las empresas ya lograron reemplazar el fósforo mediante el uso de purines. El próximo desafío es avanzar sobre el nitrógeno.
En los sistemas que llevan varios años de aplicación, el fósforo suele ser uno de los primeros nutrientes que deja de requerir aportes complementarios. “La mayoría de las granjas del grupo ya no utiliza fósforo. Quienes vienen aplicando purines desde hace tres o cuatro años probablemente no necesiten volver a usar fertilizantes fosforados”, indicó Cañada.
La situación es diferente en el caso del nitrógeno. Debido a las pérdidas que se producen por volatilización, todavía resulta complejo determinar cuánto del nutriente queda efectivamente disponible para los cultivos y cuál debería ser la dosis adecuada de fertilización complementaria.
A partir del protocolo definieron que la muestra se tome cuando el pivot comienza a funcionar y directamente en el aspersor. Lo importante es que todos los productores realicen las mediciones en el mismo lugar y en el mismo momento.
“Seguimos utilizando urea porque todavía no tenemos una receta que nos permita combinar el purín con una dosis de resguardo. Si pudiéramos medir con precisión el nitrógeno que estamos aplicando, el siguiente paso sería dejar de usar urea”, sostuvo. La excepción es la soja, que no recibe fertilización nitrogenada. Sin embargo, los lotes también suelen recibir aplicaciones de purines como parte del mantenimiento de las lagunas.
Además del aporte de nutrientes, se observan beneficios en las propiedades de los suelos, con mejoras en la estructura y la materia orgánica. “Hay empresas con suelos que presentan limitaciones para hacer agricultura, pero que después de tres o cuatro años de aplicación de purines empiezan a mostrar mejoras. En algunos casos logran producir cultivos de secano con resultados comparables a los de ambientes de mejor calidad”, señaló Cañada.
Un recurso con valor todavía desconocido
A pesar de los avances logrados, todavía existen interrogantes que condicionan las posibilidades de expansión de las empresas. “No sabemos con precisión cuánto fertilizante tenemos disponible con los purines para la agricultura. Si no podemos dimensionarlo, tampoco sabemos en cuántas hectáreas podríamos seguir creciendo”, afirmó.
Esa incertidumbre también dificulta estimar el verdadero valor económico de los purines. “El negocio principal es la producción de carne, pero el segundo negocio son los purines. Incluso podrían ser el primero en valor y todavía no lo sabemos”, indicó.
“Hoy una empresa puede tener un pivot que cubre 100 o 150 hectáreas y una superficie agrícola de 1.500 hectáreas. La pregunta es hasta dónde podría crecer reemplazando fertilizantes químicos por purines. Todavía no lo sabemos porque nos falta información sobre la calidad del material al momento de la aplicación”, señaló.
En ese sentido, agregó que la posibilidad de expandir la producción no depende únicamente de incorporar más animales. “El tema es cuánta más agricultura puedo desarrollar, y eso depende de la tierra y del fertilizante”.
El grupo está integrado por granjas de gran escala, que gestionan los purines mediante lagunas impermeabilizadas y sistemas de fertirriego.
Hacia mediciones en tiempo real
Una de las tecnologías que podría ayudar a resolver esta limitación ya se utiliza en Europa. Según Cañada, John Deere desarrolló un instrumento capaz de medir la calidad de los purines durante la aplicación, aunque todavía no está disponible en Argentina. “Estamos viendo si nos pueden traer uno para probarlo”, señaló.
El equipo utiliza tecnología NIRS (espectroscopía de infrarrojo cercano), una herramienta que actualmente se emplea para evaluar la calidad de granos y estimar el estado nutricional de los cultivos. Por ejemplo, permite medir el contenido de nitrógeno en las hojas y ajustar las estrategias de fertilización.
La propuesta es adaptar esa misma tecnología a los sistemas de fertirriego. “Se podría montar sobre el pivot para ir midiendo en tiempo real la calidad del purín que se está aplicando”, cerró Cañada.
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