A partir de esta dinámica, se definen tres métricas clave, el primero de los cuales es la FDN Digestible a las 30 horas, que mide qué porcentaje de la fibra total es degradado en un tiempo fisiológicamente relevante. Mohamad indicó que el objetivo para forrajes de alta calidad es superar el 60% en ese indicador.
También debe considerarse la Digestibilidad Total del Tracto de la FDN, que consiste en una ecuación integral que combina las tasas de digestión y pasaje. El umbral de excelencia, en este caso, se ubica por encima del 48%.
Por último, debe considerarse la Fibra Indigestible a las 240 horas (uFDN240), que representa la fracción que el animal no puede aprovechar bajo ninguna circunstancia. Este parámetro ha reemplazado a la lignina por su mayor precisión analítica.
El almidón constituye, junto con la fibra, el principal componente de la dieta de una vaca lechera. En un consumo promedio de 20 a 25 kg/cabeza de materia seca diarios, entre 6 y 7 kg/cabeza corresponden a FDN y otros 6 o 7 kg/cabeza a almidón. Sin embargo, la calidad del grano comercial no coincide necesariamente con la calidad nutricional.
“Los híbridos de maíz en la Argentina son seleccionados mayoritariamente por su aptitud comercial y logística: granos duros y vítreos que resisten el movimiento en norias y el transporte exportable sin romperse. Esta matriz proteica que envuelve al almidón atenta directamente contra su degradabilidad ruminal, a diferencia de los granos harinosos, que presentan una digestión más rápida”, explicó Mohamad, quien además es cofundador del Instituto de Formación e Investigación en Nutrición Animal (IFINA).
Para evaluar esa fracción, el parámetro clave es la digestibilidad del almidón a las 7 horas. Registros de análisis realizados por Rock River Laboratory's en EE.UU. muestran en promedio los maíces tiene un 71,2% de almidón con un 63% de digestibilidad a las 7 horas, mientras que en el caso de la Argentina esos indicadores se sitúan en torno al 68% y 53% respectivamente.
Para revertir esta limitante biológica, se dispone de herramientas de procesamiento, una de las cuales es el empleo grano húmedo, donde ocurre una fermentación. El almacenamiento con humedad adecuada y tiempos prolongados de ensilado quiebran la matriz de zeínas, elevando la digestibilidad a las 7 horas para ubicar ese indicador en un rango del 73-80%.
“El control del tamaño de partícula es otro factor crítico, porque los monitoreos de laboratorio indican que hasta un 52% de las muestras procesadas presentan fallas de molienda, según la estadística del último año”, advirtió.
“El porcentaje de almidón excretado en bosta es un indicador directo del nivel de aprovechamiento o digestibilidad total del almidón en el tracto digestivo de las vacas (YYSD). Mientras que el objetivo internacional óptimo se ubica entre 2,1% y 2,2%, los registros locales muestran pérdidas de entre el 9% y el 11%, lo que representa un elevado costo económico oculto”, añadió.
Radiografía de los forrajes argentinos
Mohamad mostró datos de análisis de silaje de alfalfa realizados en la filial argentina de Rock River Laboratory's para compararlos con los datos obtenidos en regiones ganaderas y lecheras estadounidenses.
En lo que respecta a proteína cruda, ambos están bastante equiparados, pero la materia seca es muy superior en EE.UU. porque en esa nación el recurso se emplea generalmente con presecado, mientras que la Fibra Indigestible a las 240 horas también suele ser menor en EE.UU. que en la Argentina.
Ese mismo trabajo en silajes de maíz muestra un promedio de Fibra Detergente Neutro (FDN) del 43% en la Argentina versus un 38% en EE.UU., lo que indica que ese recurso aporta una proporción de fibra muy diferente en ambos países.
Rock River Laboratory's coordina la “Supercopa de Forrajes Conservados”, un concurso realizado anualmente en el marco de la evento TodoLáctea, que premia a los mejores silos y henos a partir de muestras remitidas por los productores,
“Al aplicar filtros estrictos de laboratorio para identificar forrajes de calidad superior en la Supercopa de Forrajes, los resultados muestran que solo una fracción muy reducida de las muestras comerciales cumple con todos los requisitos simultáneamente”, comentó el especialista.
Esta brecha analítica plantea una discusión recurrente en los grupos técnicos regionales, particularmente en los sistemas pastoriles, donde históricamente se priorizó la obtención de volumen por hectárea para asegurar la oferta de forraje.
Ante adversidades climáticas (como sequías severas o presión de plagas), la adopción de cultivos como el sorgo ofrece estabilidad de rendimiento físico, pero suele penalizar la digestibilidad ruminal y la respuesta en litros de leche si no se seleccionan los materiales adecuados.
De todas maneras, Mohamad aclaró que la evidencia analítica muestra que la obtención de forrajes de excelencia no está determinada por el sistema productivo, sino por la meticulosidad en la gestión de los procesos y el análisis sistemático de la calidad de los forrajes.
“El momento y el correcto tratamiento del material es clave en una alfalfa, así como el logro de una tasa de acidificación rápida mediante un correcto uso de inoculantes y una adecuada compactación, son algunos de las claves que caracterizan a las empresas que logran destacarse todos los años en la Supercopa de Forrajes”, especificó.
Gestión del forraje
Para graficar el efecto neto de la calidad del forraje sobre la producción de leche sin alterar otras variables, el especialista utilizó el software AMTS (Agricultural Modeling and Training Systems), basado en el modelo dinámico diseñado en la Universidad de Cornell (EE.UU.). Se simuló un escenario estático para un rodeo con un promedio de 120 días de lactancia, fijando un consumo de 27 kg/cabeza de materia seca y parámetros de calidad de leche de 4,10% de grasa y 3,35% de proteína.
El ejercicio consistió en contrastar dos dietas idénticas en sus componentes externos comercializados (harina de soja y núcleo mineral con igual calidad de base), pero diferenciando el origen de los recursos producidos (heno de alfalfa, verdeos de invierno, silaje de maíz y grano de maíz) en un establecimiento promedio estadounidenses respecto de otro argentino, para lo cual se consideró el promedio de resultados de análisis obtenidos por Rock River Laboratory's.
La dieta con el forraje promedio de la Argentina predijo una producción de 38,5 litros por vaca/día, mientras que la estadounidense modelizó 40,8 litros por vaca/día. “Si bien se trata de un ejercicio teórico, el mismo refleja la importancia que tiene la gestión del forraje en una empresa tambera”, sostuvo.
Mohamad señalo que el diseño de la estrategia nutricional no puede depender de los valores tabulados la bibliografía, ya que la variabilidad observada en la distribución de los datos de laboratorio indica que esa metodología puede generar errores de interpretación que luego se pagan caros en términos productivos y económicos.
En ese sentido, recomendó construir curvas de control propias, de manera tal de monitorear las variables analíticas en el tiempo de los recursos forrajeros elaborados o adquiridos por la empresa lechera.
“Lo ideal, teniendo información cierta, es hacer un seguimiento de los desvíos, integrando al ingeniero agrónomo, al contratista de forrajes y al nutricionista en la discusión para poder tener un panorama integral”, expuso Mohamad
“La evidencia analítica demuestra que el sector lechero cuenta con el potencial técnico para generar un salto productivo de gran escala, sin necesidad de incrementar el stock de animales, apoyándose exclusivamente en la transformación del dato de laboratorio en decisiones agronómicas y operativas concretas”, resumió.