El aumento en el costo de los fertilizantes puede abrir una oportunidad para empezar a valorizar los purines que se generan en el tambo. Con ese enfoque, desde la red CREA impulsan la conformación de un nuevo grupo digital especializado en su gestión, con el objetivo de mejorar el aprovechamiento de estos residuos producidos durante el confinamiento de los animales y ordeñe.
Convocan a formar un CREA de Purines en Tambo, un recurso que puede generar más de u$ 100000 de ahorro
El grupo digital apunta a profesionalizar el uso de purines en tambos para mejorar la fertilidad del suelo y la eficiencia de los sistemas.
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SUSCRIBITELa iniciativa es promovida por Cecilia Nasser Marzo, especialista en valorización de residuos agrobioindustriales y ex asesora CREA de distintos grupos vinculados con producción lechera, agricultura y biogás.
“El grupo de purines está en proceso de formación. El objetivo es conformar un CREA digital donde, a diferencia de los grupos tradicionales, se aborden temas específicos con mayor profundidad e incorporen productores de distintas regiones. Pueden postularse productores que ya son miembros CREA o no”, explicó. Actualmente, la red cuenta con otros grupos digitales ya consolidados sobre temáticas como purines porcinos, tambos robóticos, sustentabilidad y riego.
Para dimensionar el potencial de los purines, Nasser Marzo realizó análisis sobre sistemas lecheros en los que estimó el valor económico de los nutrientes, su equivalencia en fertilizantes comerciales y, en el caso del compost, su contribución en materia orgánica y carbono. Los análisis muestran que, además de reemplazar parte de los fertilizantes comprados, estos materiales pueden contribuir a la fertilidad del suelo y representar un activo que hoy, en muchos sistemas, está subutilizado.
Un recurso valioso
Los purines —los efluentes que se generan en sistemas como el tambo o la producción porcina— son una mezcla compuesta principalmente por orina animal, agua de lavado de las instalaciones y, en algunos casos, restos de alimento. Aunque suelen ser tratados como un residuo, representan un recurso estratégico con potencial agronómico.
Según la asesora, se trata de un insumo biológico que puede complementar o, en algunos casos, reemplazar parte de los fertilizantes químicos. “Es un recurso que el productor genera todos los días y que puede aprovechar sin tener que salir a comprar insumos”, señaló.
Su valor está asociado a su aporte de nutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio y zinc, además de materia orgánica, fundamentales para mejorar propiedades físicas y químicas del suelo. “Hoy se compran muchos nutrientes afuera —o directamente no se aplican por su costo—, que podrían recuperarse dentro del propio sistema”, indicó. En ese sentido, los purines pueden contribuir tanto a la nutrición de los cultivos como a la construcción de fertilidad en el mediano plazo.
Sin embargo, en muchos sistemas lecheros su manejo todavía no forma parte del esquema técnico de la empresa. A menudo se aplican sin análisis previos o, directamente, se descartan. “No hay una profesionalización en el uso de ese recurso, que es valiosísimo, pero mal utilizado también puede generar problemas de contaminación, porque el exceso no es bueno”, sostuvo.
Propuesta de trabajo
Con la formación del grupo CREA digital Purines en Tambo, la propuesta es trabajar estos temas con metodología CREA, a partir del intercambio entre productores y el análisis de casos concretos. La dinámica busca que cada participante pueda presentar su experiencia y recibir aportes del grupo para mejorar decisiones de manejo y potenciar aprendizajes compartidos.
Entre los objetivos, se destacó la generación de conocimiento sobre los sistemas y la necesidad de avanzar en protocolos de medición. Uno de los focos es mejorar la toma y análisis de muestras para que los datos obtenidos en laboratorio sean representativos del material que luego se aplica al campo. “La idea es tomar decisiones empresarias con información comparable dentro del propio sistema y entre ellos”, señaló.
El grupo también apunta a profundizar en aspectos técnicos vinculados con la caracterización y valorización de los purines: conocer qué composición tienen las fracciones sólida y líquida, estimar su aporte de nutrientes, calcular cuánto fertilizante podrían reemplazar, evaluar su impacto sobre los cultivos y los suelos, y medir su valor tanto en términos económicos como ambientales. También buscará relevar qué estrategias ya están implementando otras empresas para aprovechar este recurso.
“La idea es profesionalizar el uso del purín para que el productor lo pueda usar de manera eficiente”, resumió.
¿Cuánto pueden valer los purines?
Además del intercambio técnico, uno de los aportes que busca impulsar el nuevo grupo es avanzar en herramientas para cuantificar el valor económico de los purines dentro de cada sistema. Un ejemplo surge de una calculadora desarrollada para estimar el aporte de nutrientes y su equivalencia en fertilizantes comerciales.
En un modelo construido sobre un tambo real de 320 vacas en ordeñe, 100% estabulado, con una producción estimada de 30 m³ diarios de purín —unos 8.755 m³ anuales, considerando una eficiencia del 80%—, el contenido de nutrientes equivaldría a 66.406 kilos de urea y 23.493 kilos de fosfato monoamónico (MAP).
Valorizado con precios de referencia de urea (930 dólares por tonelada, más 50 dólares de flete) y fosfato monoamónico (980 dólares por tonelada, más 50 dólares de flete), ese aporte representa más de 106.000 dólares anuales.
“Acá solo valorizamos nitrógeno y fósforo. Pero los purines también aportan zinc, azufre, potasio y otros nutrientes. Y además está la materia orgánica, que no tiene un valor de mercado, pero sabemos que es importante”, señaló Nasser Marzo.
Los datos muestran que, más allá de su potencial agronómico, los purines pueden tener impacto directo sobre los costos del sistema, al reemplazar parte de los nutrientes que hoy se compran como insumos. En ese marco, una de las metas del grupo es avanzar en herramientas que permitan medir ese aporte y convertirlo en información útil para la toma de decisiones.
Un aporte que no tiene precio de mercado
Nasser Marzo también compartió un segundo ejercicio basado en un sistema real de 306 vacas en ordeñe bajo compost barn, del tambo Doña Laura, perteneciente a la empresa IMBO, donde además del valor fertilizante se analizó el aporte de la cama compostada que luego se distribuye en el campo. En este caso, el insumo está formado por cáscara de maní, heces y orina recolectadas del sector de descanso, con una generación estimada de 2.500 toneladas anuales de compost.
Según explicó, además del equivalente en nitrógeno y fósforo —que, valorizados como urea y fosfato monoamónico, representarían más de 138.000 dólares anuales—, el sistema aporta un componente que no tiene precio de mercado, pero sí un peso agronómico central: la materia orgánica.
“En este caso estimamos un contenido de 10,2% de materia orgánica, que equivale a 147.900 kilos de carbono”, señaló. Para dimensionarlo, explicó que un suelo con 1,7% de materia orgánica en los primeros 20 centímetros contiene unas 25 toneladas de carbono por hectárea. “Eso significa que el carbono contenido en ese compost equivale al que almacenan unas seis hectáreas de ese suelo”, precisó. “Es realmente muy importante", subrayó.
Sin embargo, aclaró que los cálculos representan contenidos potenciales determinados por análisis de laboratorio y no equivalen automáticamente a disponibilidad efectiva para los cultivos. “Después hay que evaluar cómo usar agronómicamente esos biofertilizantes y considerar la eficiencia de uso de esos nutrientes, que varía según temperatura, precipitaciones, tipo de suelo y manejo”, advirtió.
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