En la última década se lograron importantes avances en el control de la brucelosis y tuberculosis bovina. Sin embargo, el cambio tecnológico junto con la evolución de negocio lechero y ganadero obligan a evaluar eventuales aspectos de mejora en los planes nacionales de lucha contra ambas enfermedades para consolidar la sanidad animal.
Sanidad animal: estado de situación y aspectos de mejora en los planes de lucha contra la brucelosis y tuberculosis bovina
Sanidad animal. Estado de situación y aspectos de mejora en los planes de lucha contra la brucelosis y tuberculosis bovina.
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SUSCRIBITEBrucelosis bovina
La brucelosis bovina, causada principalmente por la bacteria Gram negativa Brucella abortus, representa uno de los desafíos más persistentes para la ganadería argentina., dado que la enfermedad no sólo compromete la productividad del rodeo, sino que se clasifica como una zoonosis crítica, capaz de transmitirse al ser humano y generar cuadros clínicos invalidantes si no se aplica un tratamiento adecuado.
La transmisión hacia el ser humano ocurre frecuentemente a través del contacto directo con animales infectados o subproductos contaminados.
Desde una perspectiva biológica, la patogenia de la enfermedad comienza con la multiplicación de la bacteria en los ganglios linfáticos regionales tras su ingreso al organismo. Posteriormente, se disemina vía hemática y linfática hacia órganos específicos. Existe una notable predilección de la Brucella por los tejidos reproductivos, la ubre y las articulaciones. Esta afinidad se explica por la presencia de eritritol en la placenta bovina, un hidrato de carbono que favorece exponencialmente la multiplicación bacteriana, precipitando los signos clínicos más característicos.
Los efectos clínicos en el rodeo son devastadores para la eficiencia reproductiva: abortos durante el último trimestre de la gestación, retenciones de placenta, metritis y el nacimiento de terneros débiles o muertos.
“Al afectar la glándula mamaria, la bacteria se excreta en la leche, lo que no solo cierra el ciclo zoonótico, sino que predispone a las vacas a sufrir mastitis. Todo esto se traduce en pérdidas económicas directas por la menor tasa de destete y el incremento de los intervalos entre partos”, indicó Santiago Bas, líder del Proyecto Tambo en Foco de CREA, durante una exposición realizada esta semana en el ámbito de la Mesa Técnica de Lechería de CREA.
El impacto económico se extiende también a la producción de carne y leche. La menor disponibilidad de terneros reduce la oferta para el engorde, afectando la eficiencia general del sistema. Además, los establecimientos infectados enfrentan costos adicionales por el descarte obligatorio de animales positivos y las restricciones en el acceso a mercados internacionales altamente exigentes.
En cuanto al diagnóstico, el Plan Nacional de Erradicación se basa en métodos aprobados por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). El protocolo estándar inicia con pruebas de tamiz en suero, como el Antígeno Bufferado en Placa (BPA) y la Rosa de Bengala. Los animales que resultan positivos o sospechosos en esta instancia deben someterse a pruebas confirmatorias más específicas. Complementariamente, se utilizan pruebas de vigilancia epidemiológica como el “Ring Test” en leche y métodos indirectos de ELISA.
Históricamente, Argentina logró mantener una buena cobertura vacunal en terneras, estabilizando la cantidad de establecimientos positivos en torno al 12%. Sin embargo, esta situación de estabilidad endémica motivó un cambio de estrategia hacia 2019 con la resolución 67 de SENASA, que determina que todos los establecimientos del país que realicen actividad reproductiva (cría, tambo y cabaña) están obligados a realizar un diagnóstico serológico de la totalidad de los animales susceptibles por medio de un veterinario acreditado
“El nuevo marco regulatorio introdujo la Determinación Obligatoria del Estatus Sanitario (DOES), desplazando el foco desde la vacunación masiva hacia la detección activa y el saneamiento riguroso de los predios positivos, con especial énfasis en tambos y cabañas”, explicó Santiago.
Los últimos datos disponibles, correspondientes al 2024, reflejan que 71.524 establecimientos lecheros y ganaderas cuentan con estatus conocido de la enfermedad, cifra equivalente al 27,4% del universo total. Los casos positivos detectados sobre esa muestra eran entonces de 7174 (10% del total).
“Aunque el 27,4% de las unidades productivas con estatus conocido pueda parecer una cifra baja, representa un incremento sustancial con respecto a los niveles previos y cubre casi el 60% del stock bovino nacional. Considerando solamente al sector lechero, los resultados son aún más alentadores, con cerca del 90% de los tambos con estatus definido y un 85% de ellos ya certificados como libres de brucelosis”, detalló.
La actualización normativa más reciente, la resolución 957/2024 del SENASA, incorpora el uso de vacunas estratégicas con las cepas RB51 y DELTAPGM, además de permitir la vacunación voluntaria en hembras mayores de 24 meses (previa vacunación con Cepa 19 en su etapa de terneras), siempre que se realice durante el período de servicio o posparto.
La resolución 957/2024 fue complementada por la resolución 936/2025, por medio de la cual se actualizó el universo de establecimientos que podrán aplicar la inoculación voluntaria en todo el territorio nacional, con excepción de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
La resolución 936 del SENASA extendió la posibilidad de aplicar la inoculación con cepas RB51 y DELTAPGM en hembras bovinas adultas de unidades productivas (UP) que cuenten con estatus sanitario definido, de manera tal de ampliar las condiciones para el uso complementario de esas vacunas, ya que en una primera etapa sólo se permitía su aplicación en establecimientos ganaderos del país con estatus de “caso” de brucelosis bovina.
“Lo innovador es que esta opción se ha extendido a cualquier establecimiento con estatus definido, permitiendo reforzar la inmunidad del rodeo sin necesidad de diagnósticos previos constantes”, remarcó Santiago.
Tuberculosis bovina
La tuberculosis bovina, causada por la bacteria Mycobacterium bovis, es una enfermedad infectocontagiosa de curso crónico y consultivo que trasciende las fronteras de la sanidad animal. Aunque el bovino es el hospedador principal, esta micobacteria posee un rango de hospedadores extremadamente amplio que abarca a casi todos los mamíferos, incluidos animales silvestres como jabalíes y zorros, que actúan como reservorios y vectores. Esta característica, sumada a su naturaleza de zoonosis, la convierte en un problema crítico de salud pública, ya que en el ser humano produce una patología clínicamente indistinguible de la tuberculosis humana tradicional.
La dinámica de la infección es particularmente engañosa debido a su cronicidad. Desde que la bacteria ingresa al organismo hasta que se manifiestan los primeros signos clínicos pueden transcurrir meses o años, lo que permite que muchos animales permanezcan infectados sin estar visiblemente enfermos. “Esa ventana de tiempo facilita la propagación silenciosa dentro del rodeo, complicando las tareas de control y erradicación si no se cuenta con un programa de vigilancia activo y riguroso”, explicó Sergio Garbaccio del Laboratorio de Micobacterias del Instituto de Patobiología-IPVet (CICVyA-INTA).
En la Argentina el estatus sanitario se monitorea principalmente a través de los decomisos en frigoríficos. Los datos oficiales de SENASA indican que, hacia 2023, aproximadamente el 8% de las unidades productivas que enviaron animales a faena registraron algún decomiso por lesiones compatibles con tuberculosis. La prevalencia sobre el rodeo bovino es estimada en torno al 0,2% del total.
Las vías de transmisión son fundamentales para entender el riesgo. La ruta respiratoria es la más eficiente para la perpetuación de la bacteria: a través de microgotas expulsadas por la tos o el mugido, un animal enfermo contagia a sus pares y al personal rural. La vía digestiva, por su parte, cobra relevancia en la crianza artificial si se suministra leche cruda de vacas infectadas a los terneros y en humanos mediante el consumo de productos lácteos sin pasteurizar. Vale recordar que Mycobacterium bovis es termosensible, por lo que un correcto tratamiento térmico elimina el riesgo de transmisión por ingesta.
El diagnóstico oficial en el país se basa en la intradermorreacción (IDR) o prueba de la tuberculina. Esta técnica mide la respuesta inmune celular 72 horas después de la aplicación de PPD (Derivado Proteico Purificado). Dependiendo del contexto epidemiológico, se utiliza la prueba en el pliegue ano-caudal o la cervical simple, siendo esta última levemente más sensible para acelerar el saneamiento en rodeos infectados. En tanto, la prueba técnica cervical comparada se reserva para zonas libres, donde se busca maximizar la especificidad y descartar reacciones inespecíficas.
“A pesar de los esfuerzos, el control de la tuberculosis a menudo presenta un comportamiento tipo serrucho en la prevalencia, con repuntes que pueden desalentar al productor. El abordaje integral sugiere que el diagnóstico y la eliminación no son suficientes por sí solos”, resaltó el especialista del INTA:
“Es necesario incorporar técnicas complementarias como el interferón gamma o pruebas serológicas (ELISA) para detectar animales en estadios avanzados de la enfermedad, que podrían dar falsos negativos a la tuberculina, aunque estas herramientas aún esperan una validación masiva y oficial por parte de las autoridades sanitarias”, añadió.
Entre las medidas de manejo recomendadas para evitar la propagación de la enfermedad se incluyen evitar el ingreso de hacienda sin control previo, gestionar el contacto madre-ternero mediante calostrados seguros y evitar la alimentación con leche cruda en la guachera; todas medidas de bajo costo, pero alto impacto.
Asimismo, el ambiente juega un rol clave: mientras que la radiación solar y la sequedad inactivan a la bacteria en horas, en climas templados, húmedos y sin sol, Mycobacterium puede sobrevivir semanas o meses, manteniendo el riesgo de contagio latente.
“ La capacitación del personal involucrado en el día a día es esencial para identificar puntos críticos de riesgo y asegurar que las indicaciones veterinarias se cumplan con precisión. Sin el compromiso del equipo de trabajo, el veterinario corre el riesgo de convertirse en un eliminador serial de animales positivos sin lograr nunca que la pendiente de la prevalencia marque una tendencia real hacia el cero”, precisó.
“El camino hacia un establecimiento libre de tuberculosis requiere un plan específico, monitoreado y ajustado a la realidad de cada predio. La expectativa debe ser de mediano a largo plazo, entendiendo que los repuntes son posibles pero manejables dentro de un sistema de vigilancia robusto”, resumió.
Análisis técnico
Los integrantes de la Mesa Técnica de Lechería de CREA, integrada por especialistas de las diferentes cuencas tamberas argentinas, evaluaron cuáles serían los aspectos de mejora por incorporar en la gestión de ambas enfermedades.
El diagnóstico no es suficiente para sanear. La IDR tiene limitaciones estructurales conocidas que hacen que la eliminación de positivos, sin un abordaje complementario de manejo, ambiente y crianza, no logre usualmente el resultado sanitario esperado. El plan de erradicación podría ganar eficacia incorporando tales dimensiones en forma de recomendaciones prácticas.
La normativa vigente no distingue entre situaciones epidemiológicas diferentes. El mismo esquema aplica a tambos con baja prevalencia –donde la erradicación es alcanzable– y a tambos con media-alta prevalencia –donde no lo es–. Sería aconsejable contar con un marco normativo que contemple estrategias diferenciadas y caminos alternativos para rodeos que no pueden cumplir con el esquema estándar.
Mejor aprovechamiento de la información disponible. SENASA cuenta con datos de gran valor: declaraciones juradas de veterinarios acreditados, resultados de tuberculinas y registros de frigoríficos. Sistematizar y compartir tal información resulta clave para poder realizar un evaluación integral del estado de situación.
Las herramientas diagnósticas complementarias todavía no están integradas al plan. Existen desarrollos validados –como interferón gamma, ELISA y quimioluminiscencia– que podrían mejorar significativamente la sensibilidad diagnóstica, especialmente en rodeos de alta prevalencia. Definir una hoja de ruta para su incorporación formal sería un avance concreto.
“Entendemos que actualizar normativas sanitarias es una tarea por demás compleja, pero creemos que el plan de erradicación de brucelosis y tuberculosis podrían contar con ámbitos participativos en los cuales se determinen recomendaciones de manejo que sirvan como guías validadas para acompañar procesos de saneamiento”, señaló Gonzalo Berhongaray, líder de Lechería de CREA.
“En ese sentido, nos ponemos a disposición del SENASA para colaborar en la conformación de una mesa técnica que permita trabajar conjuntamente en mejora la sanidad de los rodeos del país”, resumió.