Ganadería de precisión
El actual escenario de precios de la hacienda resulta óptimo para implementar esquemas orientados a lograr una ganadería de precisión.
Ganadería de precisión: reducción de brechas productivas con tecnologías probadas en la región CREA Sudoeste.
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SUSCRIBITEEl actual escenario de precios de la hacienda resulta óptimo para implementar esquemas orientados a lograr una ganadería de precisión.
En este contexto, Pascual Ciccioli, asesor del CREA Lamadrid y consultor empresario, expuso cómo distintas intervenciones en la cría, la recría y la gestión de recursos forrajeros pueden incrementaros los techos productivos y generar impactos económicos sustanciales.
Durante una charla realizada en el evento Atardecer Ganadero, organizado en formado virtual por la región CREA Sudoeste, el asesor mostró un “modelo base” de 1000 hectáreas, con una distribución edáfica del 50% de loma (apta para rotación agrícola-ganadera) y 50% de bajo destinado a la cría. La rotación agrícola-ganadera planteada es de cuatro años de pasturas seguidos por seis años agrícolas (verdeo, maíz, girasol y cereales de invierno).
Ese sistema, que produce 220 kg/ha de carne con una base forrajera del 90% a pasto y un destete promedio de 206 kg/cabeza, sirvió como línea de base para simular tres esquemas de mejoras tecnológicas y de procesos.
“Vale aclarar que estos modelos son una representación de la realidad y no casos concretos; ninguno se va a ver 100% reflejado. Pero funciona como un disparador para visualizar márgenes de mejoras”, aclaró Pascual.
El análisis evaluó diferentes intervenciones operativas sobre el modelo estabilizado, midiendo su impacto en la producción física de carne, los costos directos y, finalmente, la variación porcentual del resultado neto de la empresa.
La primera vía de intervención consistió en entregar terneros más pesados al inicio del proceso de recría e invernada, evaluando cuatro alternativas excluyentes:
Estructura del destete: al incrementar el porcentaje de parición cabeza al 75% (reduciendo cuerpo al 20% y cola al 5%), el peso promedio al destete se eleva de 206 a 217 kilogramos debido a los días adicionales de lactancia. Esto diluye los costos fijos de la estructura de cría e incrementa la producción total en 5,0 kg/ha.
“Con el actual escenario de precio de la hacienda, cualquier mejora que implementemos, por pequeña que sea, impacta de manera mucho más fuerte en todo el sistema”, señaló el asesor CREA.
Mejora genética: centrada exclusivamente en la cabeza de parición (+5 kg por ternero), eleva la productividad física global a 227 kg/ha. A pesar de una leve presión sobre los costos variables, el resultado de la empresa modelo se expande un 10%.
Intervenciones nutricionales en el pie de la madre: la implementación de creep feeding entre diciembre y febrero enfocada en el 35% inferior del rodeo (cuerpo y cola) demostró ganancias de 35 kilos adicionales por cabeza en dicho estrato.
Además se modelizó un planteo alternativo de corral de inicio para la misma categoría –con ganancias de hasta 45 kg extra–, que ofrece un comportamiento económico equivalente (+12% en el resultado global), absorbiendo de manera eficiente el incremento del costo directo de producción, que se eleva a 0,91 u$s/kg.
La aceleración de las ganancias diarias de peso vivo (ADPV) de 700 a 900 gramos mediante suplementación energética al 1% del peso vivo entre mayo a septiembre, se incrementa la producción en 7,0 kg/ha y el resultado del ejercicio crece en un 10%.
“Sin embargo, el verdadero salto de productividad se logra al quebrar la limitación de la carga animal. Al integrar la suplementación con un incremento del 30% en la carga mediante la compra de terneros, el sistema maximiza el aprovechamiento de la curva de producción de biomasa primaveral de las pasturas”, indicó.
“Ese escenario impulsa la productividad a 250 kilos de carne/ha y genera una mejora del 42% en las utilidades netas de la empresa, operando como la palanca de mayor retorno, aunque con una alta exigencia de capital de trabajo”, añadió.
Para mitigar el riesgo financiero, el esquema de capitalización de hacienda de terceros (reteniendo el 60% de los kilos ganados) se posiciona como una alternativa intermedia sumamente competitiva, aportando un incremento neto del 28% en el resultado final sin requerir la asignación de capital para la compra de animales.
El último vector analizado no se enfocó en producir más biomasa, sino en mejorar la eficiencia de utilización de los recursos forrajeros existentes. En la región CREA Sudoeste, los diferidos de grano o rastrojos son clave para cubrir los baches forrajeros.
Al simular un ajuste en el manejo del pastoreo que eleve la eficiencia de cosecha a 1000 raciones/ha, el área requerida para mantener los 540 vientres preñados en los bajos disminuye de 61 a 49 hectáreas.
“El impacto de esta mejora no es exclusivamente ganadero: las hectáreas remanentes de loma que se liberan permiten transferir superficie hacia la actividad agrícola”, remarcó Pascual.
“La eficiencia de los procesos ganaderos es una condición necesaria para optimizar la rentabilidad de las hectáreas agrícolas más competitivas del establecimiento”, apuntó.
El potencial de mejora en verdeos, mediante la combinación de curasemillas, mayor fertilización inicial y refertilización, permite alcanzar incrementos estimados en 500 kg.MS/ha (pasando de 3500 a 4,000 kg.MS/ha), luego de lo cual se abren dos alternativas.
Reducción de superficie: se reduce un 15% la superficie destinada a verdeos, pero manteniendo la misma carga. Esa superficie liberada se implanta con maíz de segunda para consumo diferido.“El maíz de segunda funciona como seguro frente a eventuales problemas climáticos, aunque produce la mitad de las raciones que un maíz de primera, reduce los requerimientos totales de pastoreo directo”, resaltó.
El modelo muestra un incremento de 4 kg/ha en la producción de carne, leve reducción de costos y una mejora del 1% en el margen bruto ganadero, que se traduce en un 6% de mejora en el resultado global al sumar la cosecha del maíz de primera liberado.
Incremento de la carga: se mantiene la superficie original de verdeos, pero se incrementa la carga mediante la incorporación de terneros bajo el sistema de capitalización (ingreso con 200 kilos y salida con 350). El modelo incrementa en 7 kg/ha la producción total de carne, lo que promueve la dilución de costos fijos por kilo producido y genera una mejora del 13% en el resultado global.
Por otra parte, al lograr una mejora del 15% en la productividad de las pasturas mediante planteos de alta nutrición y rejuvenecimiento, se evalúan dos alternativas estratégicas en las lomas productivas del establecimiento.
Liberación de superficie para agricultura: reducción de 30 hectáreas de pastura en la rotación para destinarlas a la agricultura, lo que genera un aumento de 8 kg/ha en la superficie ganadera remanente (229 kg/ha totales) y reducción del costo de implantación. Al combinar el margen ganadero con el margen agrícola promedio, el resultado global de la empresa modelizada aumenta un 15%.Incremento de la carga: ante escenarios donde el margen de la ganadería de loma supera al margen agrícola proyectado, se opta por mantener la rotación y absorber el excedente forrajero comprando entre 60 y 70 terneros adicionales. El resultado modelizado es un incremento contundente de 37 kg/ha de carne de producción limpia y un 55% de impacto positivo en el resultado global del sistema.
“Aunque la refertilización y el acompañamiento nutricional elevan el costo directo de la pastura, el aumento exponencial de la carga logra licuar el costo por kilo de carne producido, validando así la inversión tecnológica”, explicó.
Como alternativa de alta producción de energía y materia seca, la remolacha forrajera (adoptada ya por muchas empresas CREA de la región Sudoeste) tiene la capacidad de redefinir los techos productivos y económicos del sistema.
Los números proyectados en los modelos de simulación demuestran una alta viabilidad económica y financiera. Sin embargo, el asesor CREA remarcó que el éxito de los sistemas intensificados no radica en el diseño del modelo, sino en la capacidad de ejecución de los equipos de trabajo.
“El contexto actual de precios de la carne y costos de insumos potencia el retorno de la inversión tecnológica respecto a ejercicios de años anteriores, donde los impactos económicos eran prácticamente la mitad de los actuales”, señaló Pascual. “La combinación de dos o más prácticas de bajo costo puede incrementar el resultado global entre un 20% y un 25%”, resumió