10 de julio de 2026 en Buenos Aires

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Tambo robot: entrenadores en búsqueda del mejor seleccionado de vacas lecheras

Tambo robot: un nuevo paradigma para la lechería argentina. La experiencia de la familia Llorente en la región CREA Oeste.

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Por CREA Región Oeste | OES

Tambo robot: nuevo paradigma en la lechería argentina

En los tambos tradicionales se gestionan rodeos lecheros, mientras que en los sistemas voluntarios de ordeñe –que emplean robots– el manejo se realiza a nivel individual. Eso hace que las habilidades requeridas en ambos casos sean muy diferentes, si bien, en los papeles, sean todas empresas lecheras.

No se trata de una cuestión menor, porque el perfil de un ordeñador tradicional es diferente al de un tambero que trabaja en un sistema voluntario, donde la clave reside en el conocimiento del comportamiento animal y en saber administrar los tiempos de la jornada laboral con atención permanente.

“Con los robots comenzás a gestionar individualidades: esta vaca se adaptó bien, pero esta otra solo hace menos de dos ordeñes diarios y, por lo tanto, no es viable en un sistema voluntario de ordeñe”, explica Álvaro Llorente, gerente de producción de Mitilike, empresa integrante de los grupos CREA Lincoln (región Oeste) y Tambero Robótico (grupos CREA digitales).

En la empresa todas las vacas pasan por un período de entrenamiento de unos quince días, en el cual un persona acompaña al animal hasta el robot tres veces por día para invitarla a ordeñarse.

“Algunas avanzan y entienden de qué se trata rápidamente, mientras que otras se muestran más recias y requieren un mayor tiempo de adaptación. También está el caso de animales –por lo general vacas grandes con varios partos– que no quieren saber nada con el robot al intentar ingresarlas al mismo por primera vez”, señala Álvaro.

Mitilike, además del tambo robot con ocho equipos en funcionamiento, tiene otro tambo convencional lindante al robótico. En ambos casos las vacas están estabuladas para garantizar el confort animal. En el mismo establecimiento localizado en Arenaza (Lincoln, Buenos Aires), pero a unos cuatro kilómetros de distancia, gestionan un tercer tambo convencional que cuenta con un sistema dry lot (corrales secos).

De esa manera, las vacas que no se adaptan al robot o que no cumplen con la cantidad de ordeñes voluntarios que permitan pagar esa tecnología, son derivadas a los tambos convencionales. Aquellos que no tienen esa alternativa pueden llegar a enfrentar importantes dolores de cabeza.

“Buscamos las que más mérito tengan para el sistema voluntario de ordeñe y algunas con menos méritos pueden ser mas rentables en un sistema de dry lot”, remarca.

Álvaro Llorente

Álvaro Llorente

Ventajas y desafíos

Una de las ventajas de los tambos robots es que son muy transparentes para gestionar, ya que es factible hacer un seguimiento en tiempo real del rodeo lechero y de los indicadores productivos.

Los horarios de trabajo del tambo robot son más parecidos a los de un empleo urbano, pero tienen características semejantes al home office, donde, más allá de las rutinas programadas, es factible que el personal gestione sus propios tiempos, pero siempre estando disponible cuando resulte necesario atender una urgencia.

Ya sea que el sistema detecte a un ejemplar con un probable problema de mastitis o bien que un robot haya sufrido un desperfecto técnico, se requiere estar atento para poder responder con rapidez suficiente.

“Puede llegar a ser una pavada, como por ejemplo que salte la protección del compresor de la puerta del robot por un bajón de tensión eléctrica, pero es necesario que, si eso sucede, haya un responsable atento para solucionar el problema”, apunta.

Comenzaron en 2022 con cuatro robots y recientemente incorporaron otros cuatro, de los cuales dos se emplean exclusivamente con vaquillonas. “El último módulo que abrimos me sorprendió, porque la mayor parte de los animales se adaptó muy bien: las 92 vaquillonas tienen un promedio de ordeñes de casi 3,5 por día”, remarca Álvaro.

Además de la voluntariedad –facilidad de las vacas por ingresar al robot– el otro aspecto crítico para que el tambo sea viable es la productividad individual, ya que algunos ejemplares, con la misma cantidad de pasadas, pueden generar 60 litros diarios de leche en ciertos períodos del año, mientras que otros no pueden superar la mitad de esa cifra. El promedio del tambo robótico en 2025 fue de 40 litros/vaca.

Ya sea por la necesidad de amortizar los fierros o por sacarle el mayor provecho a la ración fórmula uno que se ofrece en el tambo robot, aquellas vacas que, por ejemplo, logran picos de producción de apenas 30 litros diarios no pueden permanecer en ese sistema y son derivadas a los tambos convencionales.

“Mientras que el costo de la ración en el tambo robot se encuentra entre 15 a 16 litros por vaca por día, en los tambos convencionales esa cifra se ubica en un rango de 11 a 12 litros”, comenta.

“Tuvimos que aprender mucho sobre los factores de calidad que hacen a una ración para vacas lecheras, ya que el diseño de dietas adaptadas a las necesidades de cada rodeo es una cuestión clave para un sistema estabulado y de ordeñe voluntario”, añade.

Coyuntura lechera

Álvaro señala que en los últimos meses los márgenes del negocio lecheros están “apretados” por una suba de costos que crece a un ritmo superior al de los precios de la leche cruda.

Si bien los costos del alimento no crecieron tanto, sí lo hicieron aquellos relacionados con los combustibles, las tarifas energéticas y las erogaciones pesificadas, las cuales, debido a la apreciación cambiaria, vienen subiendo de manera progresiva.

“Al analizar la evolución histórica de los precios de leche cruda medidos en dólares constantes, los valores actuales no son malos, pero algunos costos están creciendo a un ritmo acelerado”

, resume el empresario.

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