En 1964, Umberto Eco dividió la crítica cultural entre “apocalípticos e "integrados”. Al trasladar esa dicotomía a laeconomía argentina contemporánea, se observa un fenómeno similar: por un lado, visiones catastrofistas sostenidas por la coyuntura diaria; por el otro, opiniones desmedidamente optimistas que asumen una transición inevitable hacia el desarrollo.
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Sin embargo, el análisis económico riguroso exige ubicarse en un centro prudente, aseguró Fernando Navajas, economista Jefe de FIEL y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, durante una charla ofrecida en el Congreso CREA Sudoeste 2026, que se está realizando en la Sociedad Rural de Coronel Suárez.
El auténtico cambio estructural no ocurre de un mes a otro ni se resuelve en un trimestre; se mide en horizontes de décadas. Implica una transformación dramática en la composición sectorial del producto, el capital y el empleo, donde los factores de producción viajan entre sectores y regiones geográficas.
La economía argentina enfrenta la posibilidad real de una reconfiguración productiva basada en tres pilares interconectados: recursos naturales, salto tecnológico y precios internacionales favorables, los cuales se expresan en un crecimiento sostenido de la minería y la energía potenciados por la desregulación de la economía y una mayor apertura comercial, además del avance de la digitalización y la inteligencia artificial.
Fernando Navajas
“Para dimensionar el impacto potencial de Vaca Muerta, resulta esclarecedor compararlo con el boom del Pré-Sal brasileño”, indicó Navajas en referencia a la gigantesca reserva de petróleo y gas natural descubierta en 2006 en aguas del océano Atlántico. Ese yacimiento representa cerca del 80% de la producción total de petróleo de Brasil, que pasó así a convertirse en el principal productor de petróleo de Sudamérica.
“Proyectar una producción de tres millones de barriles diarios en la Argentina implica una masa de ingresos gigantesca, con un poder transformador que excede al propio sector energético”, destacó el economista.
Evolución de la producción de petróleo en Brasil y la Argentina en miles de barriles diarios. BofA Global Research
Suele asumirse que el centro de ese fenómeno es únicamente la provincia de Neuquén. Sin embargo, la reconfiguración territorial exige distinguir entre el nodo extractivo y el nodo industrial, donde Bahía Blanca tiene un rol clave, ya que concentra el procesamiento petroquímico, la licuefacción de gas, la producción de fertilizantes y la logística exportadora. Su impacto en el empleo industrial y de servicios avanzados puede ser igual o superior al del origen de la extracción.
Desarrollo sostenible
Navajas dijo que históricamente la economía argentina ha operado como una “carreta de baja velocidad”. En bases de datos de más de 70 años, la tasa tendencial de crecimiento de la productividad laboral y del PIB per cápita se ubica en torno al 0,5% anual, muy por debajo de los estándares de la OCDE o de las economías emergentes de Asia.
A nivel sectorial, la Argentina muestra una covarianza negativa entre productividad y empleo: los sectores de mayor crecimiento de productividad (como el agro o la minería) generan poca participación relativa en el empleo total, mientras que los sectores que absorben mano de obra (servicios, sector público, comercio) exhiben productividades estancadas o decrecientes.
Para que un proceso de crecimiento sea sostenible, requiere difusión sectorial. En los períodos históricos de mayor expansión en Argentina (como las década de 60 o 90 del siglo pasado), cerca del 80% de los sectores económicos acompañaban el crecimiento, mientras que en los últimos dos años esa proporción se ubica en torno al 30%.
Argentina. Evolución de la tasa de crecimiento de la productividad y del índice de difusión sectorial
“El crecimiento está concentrado exclusivamente en minería e hidrocarburos, agro, sector financiero y servicios tecnológicos, mientras que la industria manufacturera tradicional, la construcción y el comercio experimentan contracciones o procesos severos de readecuación”, apuntó.
Aún asumiendo que las reformas estructurales logren avanzar, existen cuatro riesgos o aspectos críticos que condicionan el éxito del modelo económico, entre los cuales se incluye prevenir distorsiones cambiarias y tributarias gestadas en el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) o otras medidas similares por implementar.
Otra cuestión es reducir la disparidad fiscal provincial. “Los recursos naturales pertenecen constitucionalmente a las provincias. Mientras el gasto público per cápita promedio de la provincia de Buenos Aires se mantiene en niveles bajos, la regalía per cápita proyectada para Neuquén alcanzará cerca de 11.000 millones de dólares anuales cuando la producción llegue a los tres millones de barriles de petróleo por día, una cifra que supera el gasto público per cápita de varios países desarrollados”, indicó.
Regalías per cápita actuales y proyectadas de Neuquén, gasto público provincial y comparación con la situación presente en la provincia de Buenos Aires
“Para evitar distorsiones, Argentina necesita urgentemente diseñar un Fondo Soberano o de Estabilización que preserve el capital, financie infraestructura de largo plazo y neutralice los ciclos de volatilidad de precios”, aconsejó.
Por otra parte, a diferencia de la apertura de los años 90, que contó con el paraguas del Mercosur y una fuerte integración en el sector automotriz, la apertura actual genera un reposicionamiento dispar dentro del Índice de Producción Industrial (IPI), ya que conviven sectores en readecuación o caída (metalmecánica tradicional y bienes de consumo masivo) con otros en expansión (petroquímica y derivados vinculados a la energía).
En tanto, el parate en la inversión pública en infraestructura genera un “pozo de aire” en el sector de la construcción. La transición hacia un esquema donde el sector privado financie e impulse la infraestructura clave requerirá tiempo y un marco adecuado de seguridad jurídica.
Evolución y composición del gasto en infraestructura como porcentaje del PBI
Navajas dijo que la Argentina cuenta por primera vez en décadas con un “plan de negocios” claro para presentar al mundo, fundamentado en energía, minería y agroindustria. No obstante, confiar en que la abundancia de recursos resolverá por sí sola los desequilibrios macroeconómicos puede ser un error.
El éxito de esta transición –aseveró– dependerá de elevar el índice de difusión al resto de la economía, administrar con prudencia republicana las rentas provinciales y garantizar un marco macroeconómico que transforme la riqueza del subsuelo en productividad sistémica para todo el país.
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