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Vinos de altura, innovación y emprendedores visionarios en el NOA

Vinos de altura, innovación y emprendedores visionarios en el NOA. Un libro del BID que destaca los logros de la vitivinicultura en los Valles Calchaquies.

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3 de julio de 2026 - 16:16 Por CREA Región Valles Cordilleranos | VAC

Innovación en el NOA

A lo largo de las últimas décadas la industria vitivinícola de la región del NOA se ha consolidado como productora de vinos de calidad internacional gracias a innovaciones y nuevas prácticas lideradas por empresarios y enólogos visionarios.

Un reciente libro publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) (“Innovadores en la vitivinicultura del noroeste argentino”), destaca la trayectoria de tres empresas que integran el CREA Calchaquí (región Valles Cordilleranos). Se trata de las bodegas Yacochuya, El Porvenir y Tacuil.

El desarrollo de vinos de calidad con proyección internacional comenzó a finales de los años 80. Arnaldo Etchart, visionario del potencial de la región, desafió las prácticas tradicionales locales y en 1988 invitó al enólogo francés Michel Rolland a Cafayate, Salta, para que lo asesorara en la producción de sus vinos. Esta colaboración dio frutos rápidamente: en 1990, el vino Arnaldo B. Etchart Harvest 1989 fue muy bien evaluado por críticos internacionales como Robert Parker.

El libro del BID destacada que la colaboración entre Etchart y Rolland marcó el inicio de una nueva era para los vinos del NOA, que se posicionaron en el mercado local y en el internacional, y abrieron el camino a otros productores de la región y de Argentina. Asimismo, esto atrajo a consultores y bodegueros de otras partes del mundo.

El proceso de innovación en el NOA se apoyó en distintos frentes. En primer lugar, en el capital material y tecnológico, con la incorporación de sistemas de riego por goteo, equipamiento moderno de vinificación (tanques de acero inoxidable, prensas neumáticas, sistemas de refrigeración) y la utilización de barricas de roble nuevas en lugar de las tradicionales.

En segundo lugar, en la introducción de nuevos varietales y prácticas de manejo en el viñedo, como el raleo en verde, la cosecha tardía y el deshoje, que permitieron mejorar la calidad de la uva y, por ende, del vino. Finalmente, en el capital humano, a través de la contratación de consultores internacionales de renombre y la formación de enólogos y trabajadores locales, tanto mediante estudios formales como mediante experiencias en las principales regiones vitivinícolas del mundo. Estas innovaciones tecnológicas, agronómicas y de capital humano, fueron decisivas para el salto de calidad de los vinos del NOA y para su proyección en mercados internacionales.

CREA Calchaquí

La familia Etchart tiene raíces profundas en la historia vitivinícola argentina: se vincula con el vino desde 1850. Esta tradición se consolidó cuando Arnaldo Etchart desarrolló la marca homónima, que logró un notable éxito tanto en Argentina como en el exterior.

Familia Etchart

En 1995, antes de la venta de Bodegas Etchart a Pernod Ricard (que este año pasó a manos de la argentina Molinos Río de la Plata), Arnaldo lanzó un nuevo emprendimiento: San Pedro de Yacochuya, un proyecto que apostó por la producción de vinos premium de alta calidad. Ubicada a más de 2000 metros sobre el nivel del mar en los valles Calchaquíes, esta bodega se destaca como una de las más altas del mundo, con 30 hectáreas dedicadas a las variedades malbec, cabernet sauvignon, tannat, cabernet franc y torrontés.

Los cuatro hijos de Arnaldo Etchart, Mariana, Pablo, Arnaldo y Marcos, son actualmente quienes llevan adelante la empresa familiar. Cada uno tuvo experiencia en otras empresas o activi­dades profesionales hasta su incorporación en la firma.

Mariana, Pablo y Arnaldo se recibieron de abo­gados y Pablo realizó además un MBA en el IESE Business School (España). Marcos obtuvo su formación enológica con la práctica profesional. Los primeros años de su actividad los hizo con Michel Rolland en la bodega Le Bon Pasteur, en Francia.

Bodega San Pedro de Yacochuya

Con los años, el vino de San Pedro de Yaco­chuya logró un estilo que respetan y buscan mantener. La innovación –aseguran los Etchart–ahora está focalizada en consolidar el estilo de cada vino, muchos de los cuales se han convertido en clásicos con consumidores muy fieles.

Por su parte, Tacuil, ubicada en Molinos, Salta, es una bodega emblemática de los valles Calchaquíes. La familia Dávalos ha estado al frente de la producción de vinos de altura durante generaciones, destacándose por su enfoque en la pureza del terroir y la ausencia de crianza en madera.

Raúl Dávalos padre y Arnaldo Etchart fueron los impulsores del concepto de vino de altura. A pesar de que la región contaba con los viñedos más altos del mundo, este concepto no era utilizado como una manera de identificación o diferenciación de sus vinos.

Fueron ellos los responsables de incorporar esa cualidad geográfica y territorial como una distinción de calidad. Esa misma generación fue la que desde la década del 80 comenzó a cambiar la producción local de vinos, que pasó de tener un destino de comercialización masiva en el mercado local a diferenciarse por su calidad y acceder a los mercados internacionales.

Raúl Dávalos (hijo)

En la actualidad, la parte técnica de la bodega la manejan Raúl (hijo), que es ingeniero agrónomo, y su hermano Álvaro, que es enólogo. Además de sus estudios formales, ambos trabajaron en el extranjero motivados por el padre, quien les exigía experiencia laboral para poder incorporarse a la bodega familiar. Por tal motivo, se desempeñaron en vendimias de Sudáfrica, Francia, Suiza, Italia y Chile. Así, adquirieron conocimientos que luego aplicaron a la empresa propia, sobre todo a partir de la incorporación de tecnología en la bodega.

Una de las características de los vinos producidos en la bodega Tacuil es la ausencia de almacenamiento en barricas de roble. Esto es algo que Raúl Dávalos padre defendió con el propósito de no alterar el sabor del vino. Raúl hijo explica que la falta de necesidad de almacenamiento en madera se debe a los efectos que la altura genera en la uva. El primero es la diferencia de temperatura entre el día y la noche, que hace que la uva conserve una buena acidez natural. El segundo, y más importante, es que, a mayor altura, la radiación ultravioleta es mayor y por lo tanto la piel de la uva es más gruesa. En la piel es donde se concentran el color y la mayor parte de los aromas y sabores.

Vista aérea de los viñedos de la Bodega Tacuil.

Esas características permiten naturalmente un vino de gran calidad y que se puede conservar en el tiempo, lo que hace posible prescindir del estacionamiento en madera. Esto les ha permitido diferenciarse.

Por último, El Porvenir de Cafayate es una bodega familiar liderada hoy por Lucía Romero Marcuzzi, que nació a fines del siglo XX con la transformación de la industria vitivinícola argentina y salteña en particular.

Lucía veía la necesidad de innovar en la enología. Por ello, se involucró en la modernización del proceso enológico, sumando a Paul Hobbs como asesor y renovando el equipo técnico, que actualmente está integrado por Paco Puga como enólogo principal e Ignacio Figueroa como agrónomo.

Lucía Romero Marcuzzi

El Porvenir de Cafayate fue una de las primeras bodegas en Argentina en utilizar tapa a rosca para vinos tintos, una decisión tomada en respuesta a la demanda de mercados internacionales como Inglaterra y Estados Unidos.

La bodega ha buscado constantemente romper con paradigmas tradicionales, especialmente en la elaboración de vinos como el torrontés y el tannat. Experimentaron con cosechas más tempranas y estilos de vinificación más ligeros y elegantes, lo que les ha permitido diferenciarse y posicionarse en el mercado tanto interno como internacional.

Además, han innovado tanto en la plantación y vinificación de variedades no tradicionales en la región, como Marsanne y Roussanne –procedentes del Ródano– o Garnacha y Mourvèdre, entre otras, como en la producción de vino naranjo. Este último estilo recupera técnicas antiguas de vinificación con contacto prolongado con las pieles. Aunque inicialmente fue controversial dentro de la bodega, el vino naranjo ha demostrado ser un éxito: se destaca como uno de los vinos blancos más populares de El Porvenir.

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