Congreso CREA 2025. La red CREA como motor del cambio
El modelo de la red CREA representa un ejemplo de cómo una red bien estructurada no solo facilita el intercambio de conocimientos y recursos, sino que también contribuye a la construcción de un sentido común compartido de crecimiento colectivo.
“El filósofo Bernardo Toro, durante una presentación realizada en el Congreso CREA 2013, destacó cómo las redes como CREA tienen el poder de reducir los costos de transacción al generar vínculos de confianza”, comentó Carlos March, director de Inteligencia Colaborativa de la Fundación Avina, durante una charla ofrecida en el Congreso CREA 2025 que se está realizando en Tecnópolis.
Los lazos de calidad no sólo permiten una mejor comunicación, sino que también promueven la creación de un ambiente de abundancia, ya que los costos asociados a la desconfianza y a las negociaciones son significativamente menores.
Un aspecto esencial de las redes como CREA es su capacidad para construir memoria y tradición. En el caso específico de CREA, esta red no solo facilita el intercambio de saberes y experiencias entre los productores, sino que también contribuye a preservar y actualizar las tradiciones agrícolas. Este proceso de “memoria colectiva” permite a las nuevas generaciones aprender de los errores y aciertos del pasado, fortaleciendo la identidad de la red y garantizando la sostenibilidad de los conocimientos que se transmiten de manera intergeneracional.
El avance de la tecnología es un aspecto fundamental en las redes modernas y CREA no es la excepción. El desarrollo tecnológico se acelera cuando las innovaciones son compartidas, lo que permite a todos los miembros de la red acceder a los últimos avances.
“La red CREA fomenta la colaboración tecnológica, haciendo posible que los productores accedan a las mejores prácticas y a las tecnologías más avanzadas sin necesidad de invertir grandes sumas de dinero de manera individual. De esta manera, la tecnología deja de ser un bien exclusivo de unos pocos y se convierte en una herramienta al alcance de todos”, destacó March.
Otro de los puntos clave de la red es la capacidad de construir una narrativa propia. Las redes como CREA permiten a sus miembros desarrollar su propio lenguaje, símbolos y valores. Este proceso de construcción de identidad, de hecho, es fundamental para fortalecer la cohesión de la red y garantizar que todos los miembros compartan una visión común que les permita avanzar hacia objetivos colectivos.
La importancia de la comunidad en la red CREA
Uno de los datos más significativos surgidos de una encuesta interna de CREA es que el 83% de las empresas participantes considera que la comunidad es un actor clave en el éxito de la red.
“Ese dato refleja cómo CREA no solo es una plataforma de intercambio para productores, sino también un espacio clave para articular con la comunidad en su conjunto. El fortalecimiento de la comunidad permite que la red CREA se proyecte más allá de sus miembros directos, impactando positivamente en el entorno local y regional”, comentó March.
A medida que CREA se expande, su influencia se extiende a otras organizaciones vinculadas al sector agrícola, pero también en otros órdenes de la sociedad. Un dato revelador es que 46 miembros de CREA integran otras organizaciones como representantes de la entidad.
El contexto actual global está marcado por rupturas en los sistemas económicos, sociales y políticos. Frente a esta realidad, el modelo de red se presenta como una solución efectiva para superar la crisis y crear nuevas oportunidades.
La ruptura no permite volver a un lugar de origen, sino que obliga a los actores a innovar, a diseñar un nuevo contexto y a adaptarse a las nuevas realidades. Las redes como CREA, al ser espacios de colaboración e innovación, son fundamentales para transformar las rupturas en oportunidades, creando nuevas formas de organización y cooperación.
La red como generadora de riqueza
El concepto de riqueza no se limita solo a los bienes materiales. La riqueza se entiende como el conjunto de bienes, servicios, valores, relaciones y transacciones que permiten a las personas vivir dignamente.
En este sentido, las redes como CREA contribuyen a generar una riqueza integral, que no solo abarca los aspectos económicos, sino también los sociales, culturales y ambientales.
“El fortalecimiento de los vínculos de confianza y colaboración en la red CREA permite que los productores generen una riqueza compartida que se distribuye equitativamente entre todos los miembros”, resaltó.
Un aspecto fundamental de las redes es el capital social, entendido como el conjunto de relaciones y vínculos que existen entre los miembros de la red.
El capital social se construye en el contexto y no en el individuo. En otras palabras, el valor de la red CREA radica en la forma en que los miembros interactúan entre sí y en el contexto en el que operan. Es un capital que debe cultivarse día a día, no solo a través de recursos tangibles, sino también a través de la confianza, el respeto y la colaboración mutua.
“La red nos ayuda a construir el paradigma del cuidado que se potencia en los espacios colectivos, ya sea con los cercanos y los que están más lejos, pero también con los extraños y el planeta”, resaltó.
La esencia de la red CREA se basa en la colaboración. La curva de colaboración ilustra cómo, a medida que más miembros se integran a la red, el impacto de la misma tiende al infinito.
“Cada productor no solo contribuye con su propio conocimiento, sino que también enriquece el conocimiento de los demás, multiplicando las oportunidades de aprendizaje y crecimiento”, explicó March.
“Este modelo de colaboración es lo que permite a la red CREA generar un impacto significativo en la productividad, la innovación y la sostenibilidad en el sector agropecuario”, resumió.
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