“Los sistemas humanos son, por su naturaleza, complejos. Esto implica que las decisiones, por pequeñas que sean, pueden tener repercusiones más allá de lo que inicialmente se puede prever”, explicó hoy Azucena Gorbarán, especialista en transformación organizacional y fundadora y presidente de AMG Consulting Group, durante una charla ofrecida en el Congreso CREA 2025 que se está llevando a cabo en Tecnópolis.
La complejidad y la incertidumbre son dos conceptos con los que los productores agrícolas tienen que lidiar a diario. Es fácil sentirse abrumado por la imprevisibilidad de los sistemas naturales y por las constantes fluctuaciones del mercado y la política.
Sin embargo –afirmó Gorbarán–, la clave no es huir de la complejidad, sino aprender a convivir con ella. En lugar de ver la incertidumbre como un enemigo, podemos verla como un desafío que, si es comprendido y gestionado adecuadamente, puede conducir a soluciones creativas.
“Un sistema complejo, para empezar, es un sistema abierto. Esto significa que está en constante interacción con su entorno, modificándose a sí mismo y modificando a su vez al entorno”, remarcó.
En este sentido, el sector agropecuario, como cualquier otra actividad humana, está influenciada por numerosos factores que no siempre podemos prever o controlar. La no linealidad de los sistemas complejos implica que no se puede confiar únicamente en el principio causa-efecto para comprender cómo funcionarán.
A diferencia de un sistema mecánico, donde una causa siempre produce un efecto predecible, en los sistemas complejos las interacciones entre los elementos son impredecibles. Por lo tanto, intentar controlar todos los aspectos de un sistema es una tarea inútil; más bien, se trata de entender cómo las diferentes partes del sistema se afectan entre sí y cómo estos efectos pueden amplificarse a través del tiempo.
La relación que los seres humanos tenemos con la naturaleza y con el entorno es un claro ejemplo de la complejidad a la que estamos sujetos. Si bien podemos tomar decisiones informadas y planificar, siempre existirán factores inesperados que influirán en los resultados.
“Esta realidad nos enfrenta a una disyuntiva: o bien nos resignamos a la incertidumbre, o aprendemos a adaptarnos a ella, explorando nuevas formas de gestionar nuestras actividades y anticipándonos a los cambios. La buena noticia es que, cuando se atraviesa un periodo de desequilibrio, también surge una oportunidad para la creatividad y la innovación”, señaló.
Incertidumbre y creatividad
La incertidumbre, lejos de ser un obstáculo, es también una fuente de creatividad. En los momentos de turbulencia, es cuando las ideas nuevas y disruptivas tienen la oportunidad de surgir. Se trata de un momento en el que resulta clave estar atento ante la diversidad, de manera tal de explorar nuevas posibilidades y propiciar la expansión de la propia perspectiva para comprender mejor el flujo de interacciones presentes en el sistema.
“Sin embargo, ese proceso no es sencillo. A menudo, la naturaleza tiene una capacidad impresionante para restablecer el equilibrio, mientras que los seres humanos tendemos a quedarnos atrapados en nuestros marcos de referencia habituales, que son demasiado limitados para abordar la complejidad del mundo actual”, advirtió.
Una de las razones por las cuales nos cuesta adaptarnos a sistemas complejos es que nuestra forma de pensar está profundamente influenciada por la tradición científica que surgió durante la revolución científica.
Ese enfoque reduccionista, que busca entender el mundo descomponiéndolo en partes más pequeñas, ha sido exitoso para comprender sistemas simples, pero resulta insuficiente cuando nos enfrentamos a sistemas complejos.
El pensamiento lineal y analítico, aunque valioso, no puede captar la totalidad de lo que está ocurriendo en un sistema complejo. Esto nos coloca ante un desafío: cambiar nuestra forma de pensar y abordar la realidad desde una perspectiva más amplia, integrada y sistémica.
Este cambio de mentalidad es fundamental para poder gestionar los dilemas y desafíos a los que nos enfrentamos en la actualidad. Tiempos de incertidumbre como los que vivimos, donde se debate constantemente sobre temas como la productividad versus la sostenibilidad, requieren una forma de pensar que no se limite a plantear dilemas sin solución, sino que busque integrar diferentes perspectivas para encontrar soluciones que sean realmente efectivas y sostenibles a largo plazo.
Desafío cognitivo
“Como decía el escritor argentino Leopoldo Marechal, ‘del laberinto se sale por arriba’, lo que implica que la solución no se encuentra en los dilemas mismos, sino en elevar nuestra forma de pensar y ver las relaciones que los conectan”, resaltó Gorbarán.
A este desafío cognitivo se suma otro factor: el proceso emocional que conlleva enfrentarse a lo desconocido. Los productores han demostrado una gran capacidad de adaptación a lo largo de los años, pero el hecho de tener que hacer algo distinto a lo que ya se conoce puede generar miedo y resistencia.
Sin embargo, en el contexto actual, donde el cambio es una constante, aferrarse al “lo conocido” ya no es suficiente. Es necesario replantearse cómo abordar los retos que nos esperan, no sólo para sobrevivir, sino para prosperar en un mundo en constante transformación.
La clave para superar estos desafíos está en reconocer que no estamos solos en este proceso. Al igual que un bosque no es solo un árbol o un hongo, sino una red de interacciones que sostienen la vida, los integrantes de la comunidad agropecuaria también forman parte de una red interconectada mucho más grande.
“En ese contexto, la colaboración y el intercambio de conocimiento son esenciales. Es fundamental fortalecer las redes existentes, crear nuevas conexiones y aprovechar la diversidad de ideas y enfoques. Este trabajo en conjunto nos permitirá generar soluciones innovadoras, aprovechando el potencial colectivo que cada uno de nosotros aporta al sistema”, comentó.
Para hacer frente a los cambios que ya estamos viviendo y a los que están por venir, la experta dijo que debemos aprender a confiar en nuestra capacidad de transformar el futuro. La fuerza que nos ha permitido resistir a las crisis pasadas sigue siendo una fuente de energía transformadora.
El desafío es grande, pero el potencial es aún mayor. Abrazar la complejidad, explorar nuevas perspectivas y trabajar juntos nos llevará a un futuro más sostenible, más resiliente y más próspero para todos.
“Llevo cuarenta años acompañando organizaciones y empresas y pocas veces he visto el potencial que veo en el agro. Los invito a pensar en grande y no restringirse por la coyuntura; los invito a fortalecer la red CREA, porque ahí reside el secreto de la fuerza”, resumió Gorbarán.
Nos acompañan en el Congreso CREA
pie_sponsors_desktop_15_9
Los derechos sobre esta nota y su contenido pertenecen a AACREA. Si querés compartir esta información y/o citarla, te pedimos que menciones a Contenidos CREA como origen e incluyas el enlace a la nota original. ¡Muchas gracias!