En el marco de una mejora tecnológica que atraviesa la caña de azúcar en las últimas décadas, especialistas de la región presentaron un sistema de labranza alternativo para la preparación de suelos: el canterizador. La propuesta apunta a pasar de esquemas intensivos a un trabajo en bandas, con menos pasadas, menor consumo de energía y menor intervención sobre el suelo.
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Canterizador: nuevo sistema de labranza para la caña de azúcar
Es una alternativa en caña de azúcar para preparar el suelo con menos costos e impacto ambiental, por mejoras en consumo y emisiones.
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SUSCRIBITELa nueva herramienta se expuso en una jornada de actualización técnica (JAT Cañera) organizada la región NOA de CREA durante abril en la Sociedad Rural de Tucumán, donde productores, técnicos y referentes del sector analizaron la campaña y compartieron avances técnicos.
El eje estuvo puesto en cómo esta tecnología puede integrarse a los sistemas actuales, en búsqueda de mayor eficiencia. En ese marco, también se detallaron las novedades de un proyecto regional que llevan adelante los grupos CREA Cañaverales de Tucumán y Yungas junto con la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), orientado a validar el canterizador en condiciones productivas, medir consumos y evaluar su impacto agronómico.
Del bloque participaron Pedro Francisco Sanguino, del Centro de Investigación de la Caña de Azúcar de Colombia (Cenicaña), junto con equipos técnicos de Ingenio Ledesma, Los Cevilares y productores CREA, quienes compartieron experiencias y resultados preliminares sobre el uso de esta herramienta en campo.
Una alternativa de labranza
Sanguino se refirió a estrategias de labranza en caña de azúcar orientadas a reducir costos, disminuir el impacto ambiental y mejorar la relación agua-suelo, a partir de estudios desarrollados en Cenicaña, un centro de investigación que desde hace 49 años trabaja en el mejoramiento de variedades, el manejo del cultivo y los procesos industriales.
En ese marco, expuso el canterizador como una herramienta que integra labores y permite simplificar la preparación del lote. “Nosotros en Colombia tenemos nueve pases para dejar un área lista para sembrar”, señaló. A partir de la herramienta presentada, ese proceso puede reducirse a dos intervenciones: una labor previa –descepe de la caña– y el paso del canterizador.
Esa reducción también se refleja en la intensidad de trabajo sobre el suelo. “Si antes labrábamos 100% de la superficie del suelo, hoy con un canterizado podemos estar reduciéndonos al 37 o 38% de labranza”, explicó.
La tecnología de canterizadores se viene desarrollando desde 2018 y en Colombia las investigaciones comenzaron en 2022. Hoy los ensayos también avanzan sobre condiciones más restrictivas. “Estamos investigando para condiciones críticas, como momentos secos o muy húmedos para la agricultura. Esos ambientes generalmente impiden hacer las labores de preparación”, indicó.
Otro de los ejes fue el uso de combustible. “Podemos reducir aproximadamente el 78% frente a un manejo convencional”, detalló. Esa mejora también impacta en las emisiones. “Logramos alcanzar un 76% menos de gases de efecto invernadero bajo estas estrategias de labranza”, aseguró.
Experiencia local
Emiliano Hernández, técnico de la empresa Los Cevilares S.A. y miembro del grupo CREA Cañaverales de Tucumán, describió cómo la actividad cañera viene atravesando un proceso de cambio sostenido. “Desde el año 2012 a hoy, más del 95% de los sistemas se volcaron a la mecanización”, señaló. En ese contexto, planteó que el desafío actual pasa por mejorar la preparación de suelos.
Para la implantación de caña, históricamente se recurrió a un esquema intensivo en movimiento de suelo, con rastras, cinceles y descompactadores. “Por eso estamos planteando el uso de una tecnología superadora, que tenga en cuenta la calidad de trabajo, el consumo de energía y la huella de carbono”, indicó.
A partir de ese análisis, comenzaron a avanzar hacia una preparación localizada, enfocada solo en la línea de plantación. Hoy el planteo apunta a trabajar en bandas. “Estamos preparando alrededor de 1,10 metro en vez de 1,60, con una técnica localizada”, señaló. Ese ancho representa cerca del 60% del espacio entre líneas, mientras que el resto queda sin intervenir.
En esa búsqueda, incorporaron el canterizador, que trabaja únicamente sobre el sector donde se implantará el cultivo: cuenta con cuchillas delanteras, un timón subsolador que afloja el suelo en profundidad y un sistema posterior que termina de acondicionar el cantero.
“El resto del lote queda como zona de tránsito”, explicó. Allí circula la maquinaria durante el ciclo del cultivo, por lo que no se vuelve a trabajar. “Hoy estamos entrando en un ciclo de laboreo en banda. Solamente preparamos lo que vamos a usar para que la caña se implante”, resumió.
Ahorro de energía
Hernández destacó el impacto en el consumo de energía. “Con un laboreo convencional con rastras, cinceles y descompactadores estamos gastando entre 38 y 40 litros de gasoil por hectárea”, señaló. Con el sistema en bandas, ese valor se reduce: a unos 24 litros por hectárea en esquemas de una línea y entre 18 y 20 litros cuando se trabajan dos líneas.
La diferencia está en la cantidad de pasadas. “El consumo baja a casi la mitad, al hacer en una sola pasada lo que antes hacíamos en varias”, explicó. El equipo trabaja sobre el rastrojo de soja y, en un solo paso, deja el lote listo para la plantación.
Esa simplificación también cambia la logística. Al concentrar las labores en una única intervención, se reduce la necesidad de maquinaria y de tiempo operativo. “Es muy diferente a un laboreo con rastra de disco, donde hay que hacer dos o tres pasadas y sumar otras herramientas”, comparó.
El menor uso de combustible tiene un impacto directo en los costos, pero también en la huella ambiental del sistema. “Todo esto genera un ahorro energético, que se traduce en lo económico, en la logística y en la sostenibilidad ambiental”, afirmó.
Proyecto regional
El proceso de adopción estuvo acompañado por una etapa de validación a campo. “El primer canterizador llegó a la Argentina en 2019, un prototipo de una fábrica local de Morteros, Córdoba”, contó. En ese momento comenzaron las pruebas, en un esquema que se extendió durante varias campañas.
Se trata de una tecnología disruptiva, que requirió tiempo para generar información confiable. “Fuimos midiendo operatividad, consumo y una serie de variables para validar la eficiencia agronómica”, explicó.
En ese camino, desde hace un año los grupos CREA Cañaverales de Tucumán y Yungas trabajan en conjunto con la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres en Tucumán, en un proyecto regional orientado a evaluar la tecnología en distintas condiciones.
“Por segundo año estamos volviendo a chequear los consumos y validando que esta técnica genere, al menos, una producción igual”, señaló. En ese sentido, remarcó que, aun sin incrementos de rendimiento, el sistema ya presenta ventajas por el lado del ahorro energético.
Para Hernández, “este trabajo va a ser el puntapié para una adopción más generalizada”, afirmó, y destacó el rol del trabajo en red. “Lo más importante es cómo nos permite vincularnos entre grupos y con instituciones de investigación para validar cosas que de forma individual no podemos hacer”.
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