En una jornada realizada en el establecimiento La Luna, del CREA Guatraché, se analizaron las brechas productivas en los cultivos de maíz y trigo. Entre las principales conclusiones, se destacó que los márgenes brutos están estrechamente asociados a los rindes y que las oportunidades de mejora tienen lugar en los ambientes de mayor potencial.
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Brechas productivas: el desafío de capturar el potencial en maíz y trigo
Según un análisis del CREA Guatraché, las brechas productivas se amplían en campañas buenas, cuando los planteos dejan parte del potencial sin capturar.
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SUSCRIBITELa presentación estuvo a cargo de Juan Pablo Monzón, productor del CREA Pehuajó-Casares e investigador de CONICET en INTA Balcarce, y de la Universidad de Nebraska (EE.UU).
A partir de información histórica provista por la empresa —precipitaciones, rendimientos, tecnologías utilizadas y manejo por ambientes en maíz y trigo— Monzón comparó los resultados obtenidos con el potencial productivo del sistema.
Margen = Rendimiento
De acuerdo con un análisis de datos reales de maíz, trigo y soja que comprendió a más de 300 empresas CREA, la variable que muestra la relación más estrecha con el margen bruto es el rendimiento. Este mismo comportamiento se observa en el caso de La Luna, donde el rinde es la variable que mejor explica los resultados económicos del sistema.
Según el investigador, la relación entre el margen bruto y los costos resulta muy débil, tal como ocurre con el vínculo con los precios, mientras que un aumento de la producción permite mejorar el resultado económico al diluir una serie de gastos por tonelada obtenida. Esto se debe a que, a medida que aumenta la producción, se reduce el costo unitario al repartirse una serie de gastos que, aunque no son estrictamente fijos, se comportan como tales dentro del sistema.
“Si el trigo de un establecimiento va a rendir 2000 kilos o 6000, el costo de la siembra es el mismo”, ejemplificó. “Muchos costos se diluyen a medida que el rendimiento aumenta, por eso hay una relación tan estrecha entre margen y rendimiento”, agregó.
Brechas en maíz y trigo
Monzón analizó cómo se expresan esas relaciones en La Luna a partir de la información histórica provista por la empresa ubicada en Guatraché, La Pampa, en región Semiárida de CREA. Con datos climáticos, de suelos y estimaciones de consumo de agua, evaluó cómo se ubican los rendimientos obtenidos frente al potencial productivo esperable.
En maíz, el análisis se apoyó en modelos que relacionan rendimiento y disponibilidad hídrica, tomando en cuenta el agua almacenada al momento de la siembra y las precipitaciones ocurridas durante el ciclo. La comparación permitió identificar una línea de eficiencia media y otra de máxima eficiencia en el uso del agua.
En condiciones de baja disponibilidad hídrica, los rendimientos de la empresa se ubican relativamente cerca de los valores esperables, lo que indica que el manejo logra capturar buena parte del potencial en años restrictivos. Sin embargo, cuando aumenta la oferta de agua, la brecha se amplía y los rindes se alejan de las curvas de referencia.
“O sea, los rendimientos son buenos en ambientes de bajo y medio potencial, pero se alejan del objetivo en años de alto potencial”, señaló Monzón, y apuntó que esto muestra que la tecnología aplicada resulta suficiente en escenarios de baja disponibilidad de agua, pero empieza a quedar corta cuando las condiciones mejoran y el cultivo tiene mayor capacidad de respuesta.
“En general, en un año seco casi no encontramos brechas de rendimiento. Usualmente las mayores diferencias las vemos en los años más llovedores”, indicó. Este patrón suele repetirse en otros casos, asociados a planteos de fertilización ajustados para escenarios restrictivos, que no permiten capturar todo el potencial cuando el agua deja de ser la principal limitante. “El mensaje es que no hay que enfocarse tanto en los años de bajo rinde, sino que hay que ver cómo potenciar los buenos”, resumió.
En maíz de segunda, el análisis también mostró una relación estrecha entre rendimiento y agua disponible al momento de la siembra, lo que refuerza la importancia de ese indicador al momento de definir la viabilidad de ese planteo en la región.
En el cultivo de trigo se observó un comportamiento similar. El análisis relacionó rendimiento y evapotranspiración, utilizada como indicador de la oferta hídrica durante el ciclo. A medida que aumenta la evapotranspiración —es decir, en años con mejores condiciones para el cultivo— los rendimientos de La Luna tendieron a alejarse de la línea de referencia, lo que vuelve a evidenciar que el sistema logra buenos resultados en escenarios restrictivos, pero deja parte del potencial sin capturar en campañas más favorables.
Según Monzón, esto refuerza una conclusión común a ambos cultivos: las mayores oportunidades de mejora no aparecen en años malos, sino en aquellos en los que el ambiente ofrece mejores condiciones, por lo que el planteo tecnológico necesita acompañar ese potencial.
Ambientación
Monzón señaló que ese mismo análisis también puede leerse a partir de la ambientación del establecimiento, que divide los lotes en sectores de baja, media y alta productividad. Si el margen bruto está fuertemente asociado al rendimiento, el desafío no pasa tanto por forzar resultados en los ambientes más restrictivos, sino por ajustar la tecnología allí donde existe mayor capacidad de respuesta.
En los datos históricos del establecimiento, esa relación vuelve a aparecer con claridad. Los ambientes de baja productividad representan el 29% del área sembrada con maíz, con rindes promedio cercanos a los 3000 kilos por hectárea y un margen bruto de 136 dólares por hectárea. En cambio, los de productividad media —que abarcan el 43% del área— alcanzan casi 5000 kilos por hectárea y un margen bruto de 345 dólares por hectárea. Por último, los de alta productividad, que ocupan el 28% restante, superan los 6200 kilos y generan 455 dólares por hectárea.
La diferencia también se refleja en el aporte al resultado económico global del cultivo. Aunque los ambientes de baja productividad representan casi un tercio del área, representan apenas el 12% del margen bruto total del maíz. En contraste, los ambientes de productividad media y alta, que en conjunto constituyen el 71% de la superficie, explican el 88% del margen bruto de la empresa.
“Entonces, no tratemos de exprimir una roca”, resumió Monzón, al referirse a los ambientes de menor potencial. El foco debería estar puesto en cómo mejorar el planteo tecnológico en aquellos sectores y campañas donde el cultivo tiene mayor capacidad de respuesta.
De acuerdo con el investigador, en trigo se observa una lógica similar: la relación entre margen bruto y rendimiento vuelve a aparecer con claridad, lo que refuerza la necesidad de concentrar la estrategia en capturar mejor el potencial de los ambientes más favorables.
Tosca vs. textura
Monzón señaló que la ambientación histórica del establecimiento se centró principalmente en la profundidad de la tosca, una variable que condiciona la capacidad de almacenaje de agua del suelo. Cuanto más profunda se encuentra, mayor volumen de suelo puede explorar el cultivo y mayor es la reserva hídrica disponible; por el contrario, cuando está más cerca de la superficie, esa capacidad se reduce.
Sin embargo, al comparar los mapas de profundidad de tosca con los de rendimiento, la relación no aparece de manera tan clara. En cambio, el patrón de rindes muestra una mayor correspondencia con la ambientación construida a partir de índices verdes. Esto indicaría que la profundidad de la tosca no sería la única variable que está definiendo el comportamiento productivo del lote. “Hay algo más en el campo, que probablemente sea la textura de los suelos”, señaló.
La proporción de arena, limo y arcilla podrían estar explicando parte de esa variabilidad. Los suelos más francos tienden a almacenar mejor el agua, mientras que los más arenosos tienen una menor capacidad de retención, lo que también impacta sobre el rendimiento.
Para el investigador, esta observación refuerza una de las principales conclusiones del análisis: el rendimiento es la variable que mejor explica el margen bruto y, aunque los planteos actuales logran buenos resultados en años medios o secos, tienden a quedarse cortos cuando las condiciones permiten expresar un mayor potencial.
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