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Cultivo de soja: fecha de siembra y grupo de madurez para potenciar el rendimiento

En el sur de Santa Fe, se evaluaron los criterios para ajustar el manejo del cultivo de soja al ambiente y planificar la próxima campaña.

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18 de agosto de 2026 - 15:08 Por CREA Región Sur de Santa Fe | SSF

Durante una reciente Jornada de Actualización Técnica de Cultivos de Gruesa, organizada por la EEA INTA Marcos Juárez y la región CREA Sur de Santa Fe, se presentaron resultados de ensayos para mejorar las decisiones de manejo de cara a la próxima campaña del cultivo de soja, con foco en la elección de la fecha de siembra y el grupo de madurez.

La charla estuvo a cargo de Marcos Murgio, investigador de INTA Manfredi, quien participa en la coordinación de ensayos de la Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO), impulsada por el INTA y la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), además de otras líneas de investigación del organismo.

Fechas de siembra: cómo ubicar el período crítico

Según explicó, con la fecha de siembra se modifican las condiciones de radiación y temperatura que atraviesa el cultivo durante el período reproductivo. La importancia de esa elección de fecha radica en que la biomasa que la planta produce entre R3 —inicio de formación de vainas— y R6 —cuando ya se ha completado buena parte del llenado de las semillas— depende de la oferta de recursos y se relaciona directamente con el número de granos por unidad de superficie.

Esa oferta de recursos varía, a su vez, según el momento del año en que transcurra el período reproductivo. Los mayores niveles de radiación se registran hacia fines de diciembre y comienzos de enero, mientras que las temperaturas máximas ocurren hacia mediados de enero. El atraso en la fecha de siembra desplaza el período reproductivo hacia una ventana de menor radiación incidente y, además, hacia días más cortos, lo que acorta esa etapa.

Esa combinación de menos radiación y menos tiempo es la que el especialista resume en estos términos: "Tenemos un doble castigo: menor radiación incidente y menor duración de esa etapa. La biomasa que generamos durante el período crítico depende de la oferta de recursos, que determina la tasa de crecimiento, y de cuánto dura ese período", señaló.

A ese efecto se suma otro, distinto: el atraso en la siembra también acorta el ciclo completo del cultivo, particularmente entre la siembra y R1 —inicio de floración— y entre R1 y R5 —inicio de formación de semillas—. Para una misma fecha, en cambio, los grupos de madurez más largos prolongan esas etapas. De esta manera, la ubicación y duración del período reproductivo resultan de la combinación entre fecha de siembra y grupo de madurez.

Esa combinación es, en definitiva, la que determina cuánta radiación termina captando el cultivo durante la etapa reproductiva. Datos de más de 25 campañas de la RECSO en Marcos Juárez muestran que, a mayor radiación incidente acumulada entre R1 y R7 —inicio de madurez—, mayor rendimiento. Esta relación adquiere especial importancia ante la expectativa de una campaña con buena disponibilidad hídrica. "Si esperamos que la oferta hídrica sea abundante, uno de los principales factores limitantes va a ser la oferta de radiación disponible para los cultivos", planteó.

Pero la búsqueda de mayor potencial supone que no existan restricciones durante las etapas más sensibles. "Casi el 80 o 90% de las vainas producidas se generan a partir de R4 —vaina completamente desarrollada— y una buena parte después de R5. Por eso esta etapa es particularmente crítica y cualquier deficiencia de recursos genera una caída", advirtió.

Los ensayos ayudan a explicar esa sensibilidad: una restricción hídrica desde R3 reduce el crecimiento vegetativo y, con él, el número de nudos por unidad de superficie —los sitios de la planta donde potencialmente pueden fijarse vainas— y, al mismo tiempo, disminuye la cantidad de vainas por nudo. Ambas vías terminan afectando el número de granos y el rendimiento.

Grupo de madurez: radiación disponible y capacidad de interceptarla

La elección del grupo de madurez agrega otra variable a esa relación. En fecha de siembra temprana, un grupo más corto puede disponer de más radiación durante el período reproductivo que uno más largo y, sin limitantes hídricas, alcanzar un mayor potencial de rendimiento.

Los grupos largos, en cambio, prolongan principalmente la etapa vegetativa, lo que favorece un mayor desarrollo de la planta antes de la floración. Esa diferencia introduce un segundo componente: no sólo importa cuánta radiación llega al cultivo, sino cuánta logra interceptar con sus hojas. "Tenemos que jugar con las decisiones de manejo para que el cultivo sea capaz de capturar esa radiación disponible. La capacidad de generar hojas y, por ende, de interceptarla es un componente muy importante para la generación de rendimiento", indicó.

Ensayos con siembras a 52 cm entre hileras, realizadas el 20 de septiembre, el 23 de noviembre y el 23 de diciembre, muestran esa interacción entre grupo de madurez y capacidad de intercepción: en la fecha más temprana, los grupos cortos tienen dificultades para interceptar toda la radiación disponible; en noviembre, con mayor desarrollo vegetativo, un grupo III largo mejora esa capacidad; y en la fecha más tardía, los grupos cortos vuelven a quedar limitados, esta vez por su menor porte.

Por lo tanto, si se opta por grupos cortos, cobra mayor importancia asegurar esa intercepción. Como referencia, Murgio mencionó una altura mínima de 70-80 cm: por debajo de ese rango, reducir la distancia entre hileras ayuda al cultivo a cubrir antes el espacio entre surcos y captar una mayor proporción de la radiación disponible.

Esto se confirma en la práctica: en siembras posteriores al 10 de diciembre, achicar la distancia entre hileras de 52 a 26 cm en grupos cortos mejoró la intercepción y generó una ventaja de rendimiento. "Si queremos jugar con grupos cortos, estrechemos hileras, fundamentalmente en fechas de siembra muy tardías o tempranas", recomendó.

La misma respuesta se observó comparando distancias de 52 y 35 cm: en octubre, estrechar hileras aumentó el rendimiento a medida que se redujo el grupo de madurez (GM), con incrementos del 60% en el III corto frente a un impacto menor en el IV largo. En noviembre, en cambio, ningún GM mostró diferencias relevantes, ya que los cultivos alcanzaban mayor altura y capacidad de captar radiación por sí solos.

Estrategias según la disponibilidad de agua

La posibilidad de aprovechar el potencial asociado con una fecha temprana depende de la disponibilidad hídrica. Datos de ocho campañas de la RECSO para el sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba muestran que, para un grupo IV largo, adelantar la siembra aumenta el rendimiento promedio en buenos ambientes, aunque con una variabilidad importante entre años y sitios. Retrasarla, en cambio, puede elevar los pisos de rendimiento.

Ese comportamiento no se repite en todos los ambientes. En la región central de Córdoba, con mayor presencia de suelos arenosos y menor recarga de agua, adelantar la siembra no mostró beneficios en promedio, mientras que un retraso moderado puede incluso mejorar los pisos. Por consiguiente, las decisiones de manejo van a depender de qué ambiente esperamos.

"Un criterio muy importante es saber cuánta agua tenemos en el suelo. Eso va a determinar si podemos jugar con potencial de rendimiento o tener una estrategia más defensiva", sostuvo. Una simulación de 35 campañas, para un grupo IV largo sembrado el 1 de noviembre en un suelo Serie Marcos Juárez, permite dimensionar ese efecto. Con el perfil a capacidad de campo —es decir, con una elevada reserva de agua disponible en el suelo— disminuye la variabilidad entre años y los rendimientos se aproximan al potencial. Con un perfil prácticamente seco, en cambio, el cultivo queda mucho más condicionado por la cantidad y distribución de las lluvias.

Para estimar esa reserva es necesario mirar más allá de las capas superficiales. En una soja sembrada el 31 de diciembre, a la que se interrumpió la provisión de agua desde R3, el cultivo extrajo humedad almacenada más allá de 2 metros de profundidad. En fechas de siembra más tempranas, con un período de crecimiento vegetativo y radicular más prolongado, esa capacidad de exploración podría ser incluso mayor.

Retrasar la siembra, entonces, puede reducir el riesgo hídrico, pero esa estrategia tiene un límite marcado por la radiación. La pérdida de rendimiento potencial es inicialmente suave, pero se acelera hacia fines de noviembre y comienzos de diciembre, cuando R5 se desplaza hacia un momento con menor disponibilidad de radiación. "A partir de los primeros días de diciembre el rendimiento se desploma. A partir de ese momento se debe acelerar cualquier estrategia de siembra", remarcó.

“Si la siembra se retrasa hacia fines de noviembre por cualquier razón, pero esperamos contar con una buena oferta hídrica, los grupos más cortos (III largo y IV corto) pueden conservar un elevado potencial, ya que alcanzan un buen porte y capacidad de captura de radiación, ubican R5 más temprano y así aprovechan una mayor oferta de radiación durante el período reproductivo”, indicó.

Cómo ajustar el grupo de madurez según el ambiente

La elección del grupo de madurez también depende de las condiciones ambientales de cada zona. En el sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba, los grupos IV son los que presentan, en términos generales, una mejor adaptación. Hacia el norte, donde cambian las condiciones de temperatura y disponibilidad hídrica, tienden a utilizarse grupos más largos. En esa transición también cambia el objetivo: de la búsqueda del máximo potencial de rendimiento a una estrategia de reducción de la exposición a períodos de estrés hídrico-térmico.

En ambientes con primaveras secas, los grupos más largos pueden aportar capacidad de compensación. Esa lógica se refleja en los datos de la RECSO: por encima de 4000 kg/ha —ambientes con buena oferta de recursos—, las diferencias entre grupos pierden relevancia; por debajo de ese nivel, aumentar el grupo de madurez puede resultar favorable, aunque la respuesta depende del momento en que ocurra la restricción.

"En los ambientes restrictivos, la recomendación sería subir de grupo de madurez, aunque puede fallar. Si la restricción ocurre hacia el final de la campaña, repercute sobre los grupos más largos. Y tampoco hay que subir demasiado: en esta zona, pasar de un IV largo a un V largo no genera beneficios", aclaró.

Así, la elección del grupo de madurez no responde a una regla única: depende de la fecha de siembra, la disponibilidad hídrica, el riesgo de estrés y la capacidad del cultivo para interceptar radiación. En síntesis, los grupos largos suman una cuota de seguridad en ambientes restrictivos, mientras que los cortos permiten explorar mayor potencial si se asegura una adecuada intercepción.

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