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Claves para manejar las principales enfermedades del cultivo de maíz

En el sur de Santa Fe, se analizó la situación de las enfermedades roya común, mancha blanca y carbones, con resultados de ensayos regionales.

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10 de agosto de 2026 - 10:38 Por Región CREA Sur de Santa Fe

La roya común, la mancha blanca y los carbones son algunos de los principales desafíos para la sanidad del maíz. Mientras algunas enfermedades modificaron su comportamiento epidemiológico, otras ampliaron su distribución o reemergieron en nuevas regiones productivas. En este contexto, la resistencia genética y el manejo integrado adquieren un papel cada vez más relevante para reducir las pérdidas de rendimiento.

Así lo planteó Enrique Alberione, fitopatólogo de la EEA INTA Marcos Juárez, durante una Jornada de Actualización Técnica de Cultivos de Gruesa, donde analizó el comportamiento de los patógenos, las condiciones ambientales que favorecen su desarrollo, las pérdidas de rendimiento y las principales estrategias de manejo.

La actividad fue organizada por el INTA Marcos Juárez y la región Sur de Santa Fe de CREA, como parte del trabajo articulado que ambas instituciones desarrollan para generar y validar información destinada a la toma de decisiones. La jornada reunió resultados de investigación y ensayos regionales desarrollados por técnicos del INTA y de CREA para la planificación de la próxima campaña agrícola.

Roya común

Roya común (Puccinia sorghi)

La roya común continúa siendo una de las principales enfermedades foliares del maíz y su impacto depende de las condiciones ambientales y de la susceptibilidad del híbrido. Las pérdidas de rendimiento pueden oscilar entre 5 y 10%, aumentar a 15-30% en híbridos susceptibles y alcanzar entre 40 y 60% en ataques severos. En Argentina se registraron reducciones del peso de los granos de entre 3 y 8% cuando la severidad llegó al 10%.

Alberione explicó que el hongo causante de la roya común (Puccinia sorghi) presenta un ciclo biológico particular, ya que necesita un hospedante alterno del género Oxalis para completar su desarrollo y asegurar la supervivencia del patógeno entre campañas. “Es un patógeno clasificado como heteroico, ya que necesita obligatoriamente dos especies de plantas distintas para completar todo su ciclo de vida”, señaló. La infección se ve favorecida por temperaturas de entre 16 y 23 °C, alta humedad relativa, presencia de rocío y al menos ocho horas de mojado foliar.

Sin embargo, durante la campaña 2025/26 el comportamiento de la enfermedad mostró algunas diferencias respecto de lo esperado. Mientras que en los maíces tempranos la incidencia y la severidad fueron bajas, en los planteos tardíos la roya tuvo una mayor presencia. "Eso tendría una relación inversa con lo que conocemos de la enfermedad, porque a mayores temperaturas la roya debería disminuir. Sin embargo, en los maíces tardíos hubo más presencia, por lo que podríamos estar frente a un posible cambio en el comportamiento del patógeno", advirtió.

Frente a este escenario, la resistencia genética continúa siendo la herramienta más importante para el manejo de la enfermedad. Alberione explicó que los híbridos combinan resistencia cualitativa, que restringe la esporulación aunque resulta menos durable; resistencia cuantitativa, que reduce la severidad, la velocidad de avance y la producción de esporas; y resistencia de planta adulta, que integra ambos mecanismos y se expresa principalmente durante los estadios reproductivos.

Los ensayos realizados por CREA Sur de Santa Fe ­–en Teodelina, Benjamín Gould y Las Rosas– mostraron una marcada variabilidad entre híbridos frente a la enfermedad. Aproximadamente la mitad de los materiales evaluados presentó un comportamiento de resistencia genética aceptable, mientras que el resto mostró una mayor susceptibilidad, aunque los niveles de infección fueron igualmente bajos. A pesar de este aspecto, el control químico redujo la severidad promedio. “Comparando tratamientos testigos vs control químico, en Teodelina varió de 1,7 a 0,7%, en Benjamín Gould de 0,7 a 0,1% y en Las Rosas de 1,7 a 0,6%. Esto confirma el valor de complementar la resistencia genética con fungicidas antes riesgos sanitarios”, detalló.

Mancha blanca

Mancha blanca (Pantoe ananatis + complejo fúngico)

La mancha blanca es una enfermedad emergente en Argentina. Fue reportada por primera vez durante la campaña 2010/11 en la región de Rafaela, Santa Fe. Su importancia sanitaria ya quedó demostrada en otros países: en China provoca pérdidas de rendimiento de entre 10 y 50%, mientras que en Brasil, bajo episodios severos, puede alcanzar hasta 80%. Además, distintos estudios muestran que por cada 1% de aumento en la severidad, el rendimiento disminuye 0,23% y el peso de los granos 0,16%.

Alberione explicó que se trata de un complejo integrado por la bacteria Pantoea ananatis y los hongos Phaeosphaeria maydis y Phyllosticta spp. La bacteria inicia la infección y, posteriormente, sobre las lesiones pueden desarrollarse los hongos. El patógeno puede sobrevivir en los rastrojos, en la semilla y en malezas hospedantes, como Digitaria horizontalis, lo que favorece su permanencia entre campañas.

Las condiciones predisponentes incluyen temperaturas de entre 20 y 23 °C, prolongados períodos de mojado foliar y daños mecánicos provocados por granizo, viento o lluvia, que facilitan el ingreso de la bacteria. En este contexto, el fitopatólogo advirtió que un año Niño podría modificar el comportamiento de la enfermedad: "Hasta ahora la estamos viendo principalmente en maíces tardíos, pero si las condiciones de humedad y menores temperaturas se trasladan a las siembras tempranas, la enfermedad podría comenzar mucho antes. Debemos estar atentos".

Los ensayos de CREA Sur de Santa Fe mostraron una prevalencia del 100% de la enfermedad en los 11 híbridos evaluados en Teodelina y Las Rosas. Sin embargo, la intensidad fue muy diferente entre ambos ambientes: en Las Rosas la incidencia promedio alcanzó 98% y la severidad 30%, mientras que en Teodelina la incidencia fue cercana al 24% y la severidad apenas 0,7%. En la red de ensayos de INTA Marcos Juárez, la enfermedad estuvo presente en el 63% de los ambientes evaluados y alcanzó prevalencias del 100% a nivel de híbridos en Sol de Mayo y Morrison, 70% en La Norte, 20% en Coronel Moldes y 5% en Adelia María. Sobre un ensayo de siembra temprana de AAPRESID en proximidades de Marcos Juárez también se detectó mancha blanca, aunque solo en un híbrido, lo que sugiere que la enfermedad podría comenzar a extenderse hacia fechas de siembra más tempranas.

Frente a este escenario, el fitopatólogo destacó que el manejo debe combinar la elección de la fecha de siembra, la rotación de cultivos, el ajuste de la densidad y la caracterización sanitaria de los híbridos. También advirtió que altas dosis de nitrógeno podrían favorecer el desarrollo de la enfermedad y señaló que el control químico representa un desafío, ya que los fungicidas actúan sobre los hongos, pero no sobre la bacteria que inicia la infección. Entre las alternativas evaluadas destacó resultados revisados en la bibliografía disponible, donde se probaron controles químicos con la combinación de mancozeb (fungicida multisitio) y con azoxistrobina y difenoconazol, aunque su eficacia depende del momento de aplicación y del agente causal predominante.

Carbones en maíz

Los carbones del maíz volvieron a ocupar un lugar entre las principales preocupaciones sanitarias del cultivo. Durante su exposición, Alberione diferenció el comportamiento epidemiológico del carbón común (Ustilago maydis) y del carbón de la panoja (Sporisorium reilianum), dos enfermedades que se originan a partir de teliosporas, pero difieren en la forma en que infectan a la planta y en el daño que provocan.

El carbón común produce infecciones localizadas sobre tejidos jóvenes, favorecidas por heridas causadas por granizo, viento o insectos. En cambio, el carbón de la panoja inicia la infección durante la emergencia, cuando el hongo penetra por las raíces o el coleóptilo y coloniza toda la planta. Como consecuencia, genera una enfermedad sistémica, con plantas de menor porte, entrenudos cortos, múltiples espigas y panojas deformadas que finalmente son reemplazadas por masas carbonosas.

Las condiciones ambientales que favorecen ambas enfermedades difieren. El carbón común encuentra su mayor desarrollo con temperaturas del aire entre 26 y 34 °C, estrés hídrico, elevados niveles de nitrógeno y la presencia de heridas. El carbón de la panoja, en cambio, se ve favorecido por temperaturas de suelo entre 21 y 28 °C durante la implantación y no requiere lesiones para infectar. Mientras el carbón común suele ocasionar pérdidas de entre 5 y 30%, el carbón de la panoja puede destruir la formación de granos y provocar pérdidas de rendimiento de hasta 80%.

Los relevamientos realizados por INTA en ocho ambientes de siembras tardías detectaron carbón común con prevalencias de hasta 40%, aunque con diferencias marcadas entre localidades e híbridos. Algunos materiales presentaron incidencias cercanas al 5%, mientras que otros no registraron plantas afectadas, lo que evidencia distintos niveles de resistencia genética. "Es importante caracterizar los materiales frente a todas las enfermedades y, en esta en particular, también", señaló Alberione.

Respecto del carbón de la panoja, advirtió que se trata de una enfermedad reemergente, cuya distribución ya comprende Córdoba, el sudeste de Santa Fe, San Luis y Buenos Aires, según relevamientos realizados en 2023/24. En lotes cercanos a Chañar Ladeado y Corral de Bustos, en distintos años se estimaron pérdidas de rendimiento cercanas al 50%.

No obstante aclaró que, en la actual campaña, un ensayo realizado en cercanías de Corral de Bustos sirvió para evaluar el comportamiento de híbridos comerciales frente a carbón de la panoja, con una respuesta más alentadora. El 72% de los 25 híbridos evaluados presentó incidencias de entre 0 y 1,3%, lo que confirma la existencia de materiales con buen nivel de resistencia genética.

Resultados obtenidos por equipos de investigación de la Universidad Católica de Córdoba, INTA y empresas privadas, en ambientes de Corral de Bustos y Camilo Aldao durante la campaña 2023-24 –con registros de la enfermedad de moderado a severo en el primer ambiente y leve en el segundo–, indicaron variabilidad en el comportamiento genético de los materiales, pero en un gran porcentaje con presencia mínima de la enfermedad.

Al respecto, Alberione destacó la importancia de la caracterización sanitaria de los híbridos para identificar los materiales con mayor resistencia genética. En los ensayos evaluados, la mayoría de los híbridos presentó incidencias inferiores al 2%, lo que confirma el potencial de esta herramienta para el manejo de la enfermedad.

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