Carlos Gabriel Suárez integra la tercera generación de una familia agropecuaria de La Pampa que apuesta por la ganadería regenerativa. Recientemente se incorporó al grupo CREA Caldenal, un grupo en formación donde confluyen 11 empresarios de esa provincia que tienen a la ganadería como negocio principal.
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Un productor pampeano apostó a la ganadería regenerativa y ya recibió un importante premio internacional
Con ganadería regenerativa, Carlos Gabriel Suárez está reconvirtiendo campos en un sistema pastoril y obtuvo un importante reconocimiento internacional.
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SUSCRIBITE"Somos una familia de productores de La Pampa. Estamos en la región desde 1930, cuando llegó mi abuelo desde Asturias, España. Desde entonces, hemos estado desarrollando la actividad agropecuaria en la zona de Macachín y en los alrededores, en sitios como Doblas, Alpachiri y Quehue", contó Suárez, propietario del establecimiento El Caldén.
Desde 2010, junto a su esposa e hijo, comenzó a desarrollar una ganadería regenerativa en dos campos en la zona de Doblas. El sistema involucra un planteo de cría, recría e invernada, con foco en el cuidado de los suelos y una producción de base pastoril que busca equilibrar los números de la empresa con la calidad de la carne producida.
El camino de transformación incluyó sequías que pusieron en jaque a la empresa y aceleraron una reconversión del sistema productivo. En el medio, un reconocimiento inesperado —una medalla de oro en un concurso internacional— fue el impulso para avanzar en el manejo holístico. Hoy, después de años de ajustes y aprendizajes, comienzan a verse los primeros resultados.
El punto de inflexión
En las décadas de 1990 y 2000, la empresa creció mediante la adquisición de nuevos campos en la zona, todos con un largo historial de degradación por mal manejo agronómico. "Eran un desastre", afirmó el empresario.
Allí desarrolló un sistema mixto de agricultura e invernada, orientado a mejorar la producción y el ambiente. "Fuimos incursionando en la siembra directa, rotaciones de cultivos, fertilización y otras prácticas sostenibles", recordó. Pero el gran cambio llegó con las sequías de 2009 y 2011, que impactaron fuertemente sobre las cosechas de fina y gruesa.
"Hoy tengo 47 años y recuerdo cómo en las décadas de 1980 y 1990 tuvimos las mejores campañas en La Pampa desde el punto de vista de las precipitaciones. La agricultura era una actividad muy estable en cuanto a los rendimientos, y estaba en equilibrio con la ganadería", señaló. La sequía quebró ese balance y lo empujó a repensar el modelo.
"Después de la sequía del 2009, nos volcamos más hacia la ganadería, que nos dio una mayor tranquilidad por la posibilidad de amortiguar los vaivenes del clima", explicó. La producción animal también se planteó como herramienta para recuperar los suelos. "Pensamos que la mejor opción era la ganadería regenerativa", sostuvo, al repasar los orígenes de una práctica que continuó desarrollando en las siguientes décadas.
La reconversión pastoril
A partir de la campaña 2010-2011, Suárez volcó la empresa hacia la ganadería de ciclo completo con un enfoque regenerativo. El proceso implicó aprender un nuevo modo de gestionar el campo. "Fuimos aprendiendo a desarrollar un manejo holístico y a hacer encajar todas las piezas para que el sistema funcione lo mejor posible", describió.
El planteo productivo cambió de raíz: de un sistema de silo y feedlot a una ganadería 100% pastoril. Para sostener ese cambio, implantaron pasturas perennes en el 50-60% de la superficie. Hoy trabajan sobre 1.060 hectáreas propias y unas 500 arrendadas, todo en secano, con 600 hectáreas de pasturas perennes sobre lo propio.
Dado que en esos suelos es difícil lograr buenos pastos naturales, eligieron la alfalfa como base forrajera y la rotan con otras pasturas implantadas y cultivos orientados a la ganadería, con verdeos de invierno y verano. "Fuimos buscando la manera de ambientar todo el campo, de trabajar hectárea por hectárea, del modo más intensivo posible", explicó.
La gestión del rodeo sigue la misma lógica: seleccionan animales con genética adaptada a los sistemas pastoriles pampeanos y ajustan la carga animal a la producción forrajera. Para eso, acortaron los períodos de servicio, trabajan con entores de vaquillonas a los 15 meses y apuntan a sacar el novillo antes del próximo destete, con un peso de 450-460 kilos logrado enteramente a pasto.
Aunque las condiciones del mercado este año pusieron a prueba esa convicción. "Es un año muy particular, que nos hace pensar si seguir engordando o vender la hacienda a un feedlot. La demanda es muy ávida de buena invernada, y podemos adelantar la venta cinco o seis meses obteniendo el mismo ingreso", señaló.
La disyuntiva no es solo económica. "Uno tiene el corazón puesto en hacer el novillo para el consumidor, y nos estamos volcando a diferenciar la carne de pastura. Nos da pena vender la invernada, pero el mercado manda", reconoció.
Manejo holístico
Para avanzar en el sistema regenerativo, Suárez comenzó a participar de un nodo de Ovis 21, empresa que desarrolla los protocolos del Instituto Savory. El programa apunta a implementar un manejo holístico en todo el establecimiento, con una mirada sistémica orientada a mejorar el recurso suelo.
Una de las herramientas centrales es el Pastoreo Racional Voisin (PRV), un sistema que busca maximizar la producción forrajera respetando los ciclos naturales del pasto, la salud del suelo y el bienestar animal. "Buscamos eficientizar el uso del recurso forrajero y mejorar la distribución de la infraestructura —agua y sombra, por ejemplo— para lograr una rotación más armónica de la hacienda", detalló.
El primer paso fue unificar rodeos y lotes. Al trabajar con todos los animales en una sola tropa, se genera un efecto de manada que permite aprovechar mejor el forraje y distribuir de manera más uniforme la bosta sobre el suelo. "Le das de comer a la hacienda y a la tierra", sintetizó.
Los animales se mueven de potrero cada tres a cinco días según la época del año, mientras el resto del campo descansa. El sistema opera con dos planes de pastoreo: uno abierto, en primavera y verano, cuando las tasas de crecimiento son mayores y se genera forraje de reserva; y uno cerrado, para el invierno, cuando el crecimiento se detiene.
"Estamos muy entusiasmados con esta nueva manera de gestionar el pasto y la hacienda. Si bien los cambios no son de un día para el otro, ya se empiezan a notar algunos resultados interesantes en la nutrición del suelo, por ejemplo, por la mejor distribución de la bosta y el mayor tiempo de descanso de cada lote", destacó.
El premio redobló la apuesta
En 2021, Suárez recibió un reconocimiento inesperado que terminó siendo un punto de quiebre. "Ya veníamos aprendiendo sobre manejo holístico, haciendo algunos cursos. Pero aquel premio fue un nuevo empujón", recordó.
Todo ocurrió de manera fortuita. Envió una tropa al frigorífico Azul Natural Beef-Devesa como lo hacía habitualmente, sin saber que en esa oportunidad el establecimiento estaba seleccionando cortes para participar en el World Steak Challenge, uno de los concursos internacionales de carne más importantes del mundo, que se realiza en Irlanda.
Un mes y medio después de haber vendido la hacienda llegó la noticia: medalla de oro en la categoría Grass Fed —animales criados a pasto— al mejor ojo de bife de novillo con terminación pastoril, producido en La Pampa.
El animal premiado era parte de una tropa de Aberdeen Angus de dos años. Había pasado dos inviernos en el campo y se faenó en octubre con un promedio de 600 kilos. Era una carne producida mayormente a pasto, con buena infiltración y cobertura de grasa, y algo de suplementación con silo de maíz durante el invierno.
El premio llegó en un momento en que Suárez estaba buscando redoblar los esfuerzos para avanzar en su esquema sostenible, orientado a la mejora del suelo y la producción basada en pastura.
El valor de la metodología CREA
Recientemente, Suárez se sumó a la red CREA e integra el grupo en formación El Caldenal. "Somos 11 productores ganaderos, casi todos de ciclo completo, con algo de agricultura en algunos casos. Es un grupo con establecimientos en prácticamente todas las zonas productivas de la provincia", describió.
La incorporación llegó después de varios intentos fallidos. "Hace un año nos invitaron a formar parte de un nuevo grupo que se estaba por armar en La Pampa. Ya habíamos intentado formarlo un par de años antes con algunos de los productores que hoy integran el grupo, pero nunca terminábamos de concretarlo", recordó.
El grupo está en sus primeros pasos: a fines de abril eligió al asesor y se encuentra organizando la reunión para definir el plan de trabajo. "Estamos muy contentos. Es un grupo en formación, pero yo creo que hoy ya tenemos un grupo formado con el asesor, así que estamos en carrera", destacó Suárez.
La decisión de sumarse responde a una necesidad sentida. "Siempre estuve interesado en formar parte de un grupo CREA para tener un intercambio con productores de la región. Uno siente la necesidad de compartir lo que hace y también de escuchar la experiencia de sus pares, con una metodología de trabajo en grupo", explicó. “Estoy muy feliz de poder tener a la empresa integrando un grupo", concluyó.
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