2 de julio de 2026 en Buenos Aires

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Mato Grosso, un modelo para pensar el desarrollo agroindustrial

Empresarios CREA viajaron a Mato Grosso para conocer el sector agroindustrial, con un modelo basado en el agregado de valor y la planificación de largo plazo.

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Del 3 al 9 de mayo, integrantes del CREA Roque Pérez–Saladillo recorrieron el estado de Mato Grosso, en Brasil, para conocer uno de los sistemas agroindustriales más dinámicos del mundo. La gira, organizada por AZ Group, reunió a 18 participantes, entre ellos representantes de siete de las diez empresas del grupo, productores de otros CREA y externos a la red.

"Como grupo veníamos con la idea de hacer un nuevo viaje de aprendizaje. En 2017 habíamos visitado Cornell y Silicon Valley, en Estados Unidos, y el año pasado recorrimos el sudeste de Córdoba. Esta vez surgió la oportunidad de conocer Brasil", explicó Juan Chimondeguy, presidente del grupo Roque Pérez–Saladillo, de la región CREA Sudeste, integrado por empresas ubicadas en Roque Pérez, Saladillo, 25 de Mayo, Las Flores y Tapalqué, provincia de Buenos Aires.

Además de conocer el funcionamiento del sistema productivo de Mato Grosso, la recorrida buscó fortalecer el vínculo entre los integrantes del grupo y generar nuevos espacios de intercambio con productores e instituciones brasileñas.

"El viaje cumplió ampliamente ese objetivo. Nos permitió consolidar la confianza dentro del grupo y entender cómo funciona el sistema agroindustrial de Mato Grosso, una región que tiene una identidad productiva muy marcada. Ellos mismos dicen que es un país dentro de otro país", señaló Adrián Favre, miembro del CREA Roque Pérez–Saladillo.

La cadena de valor, de punta a punta

Uno de los principales objetivos de la gira fue comprender cómo funciona el sistema agroindustrial de Mato Grosso a partir de un recorrido por toda la cadena de valor, desde las instituciones que representan al sector hasta la producción, la industria y la logística.

"Hace apenas cuatro décadas en Mato Grosso prácticamente no había producción de soja, maíz ni ganadería. Hoy ese estado produce más carne, más soja y más maíz que toda la Argentina", destacó Favre. Aunque cuenta con una población relativamente reducida, la región consolidó un perfil fuertemente exportador y un entramado institucional en el que productores, organizaciones gremiales y organismos técnicos trabajan de manera coordinada para impulsar el desarrollo del sector.

El grupo visitó asociaciones de productores, empresas proveedoras de insumos y servicios, industrias, establecimientos agropecuarios y actores vinculados a la logística. "La idea fue recorrer toda la cadena de valor. Vimos cómo funcionan las asociaciones que representan al sector, empresas como Cargill, semilleros y toda la infraestructura logística, que es determinante para la competitividad de Mato Grosso", explicó Alfredo Rozzi, asesor del grupo.

La logística ocupa un lugar estratégico en ese esquema productivo. Mato Grosso se encuentra a casi 2.000 kilómetros de los principales puertos brasileños y, aun así, concentra algunos de los mayores volúmenes de producción agrícola del país. Actualmente, el 70 % de su producción se transporta por camión y una proporción similar se exporta por los puertos del sur, una situación que impulsó inversiones privadas en infraestructura y el desarrollo de alternativas para agregar valor en origen.

"Esa lejanía de los puertos los llevó a agregar valor a su producción", señaló Chimondeguy. Uno de los ejemplos más claros es la expansión de las plantas de etanol de maíz, que modificaron la economía regional al generar una fuerte demanda local por el cereal.

"Las plantas de etanol cambiaron por completo la ecuación del maíz. Además del biocombustible generan burlanda, un subproducto de alto valor forrajero que terminó impulsando el crecimiento de la ganadería", explicó Rozzi. Hoy Mato Grosso procesa alrededor de 22 millones de toneladas de maíz para producir etanol y proyecta más que duplicar ese volumen en la próxima década. Ese desarrollo permitió consolidar el maíz safrinha —o de segunda—, considerado uno de los pilares de la sostenibilidad económica de las empresas agropecuarias del estado.

"La ganadería también es motivo de orgullo para ellos. Frente a nuevas exigencias de algunos mercados, siguen apostando a producir a gran escala y a diversificar los destinos de exportación de su carne", agregó Chimondeguy.

Para Rozzi, la posibilidad de conversar con representantes de todos los eslabones fue uno de los principales aprendizajes de la gira. "Nos permitió entender no solo cómo producen, sino también cómo piensan, cómo toman decisiones y cuáles son los desafíos que enfrentan".

Una mirada de largo plazo

Además de conocer aspectos productivos, el viaje permitió comprender cómo un contexto económico e institucional relativamente estable influye en las decisiones de inversión y en la forma de gestionar las empresas agropecuarias.

"Cuando pensamos esta gira queríamos conocer un país que pudiera representar una Argentina posible en el futuro. Desde esa perspectiva, el objetivo se cumplió", afirmó Rozzi. Si bien Brasil también atraviesa un contexto de precios internacionales deprimidos, atraso cambiario y altos costos en dólares, los productores centran sus decisiones en la gestión del negocio y no en la coyuntura cambiaria. En los últimos cinco años, el país acumuló una inflación del 33 %, mientras que la tasa de interés ronda el 15 % anual, aunque las principales preocupaciones del sector pasan por la logística, la infraestructura y la legislación laboral.

"Ellos hablan de precios que suben y bajan, de que hoy la ganadería está mejor que la agricultura y que mañana puede ser al revés, pero no cambian de actividad por esa coyuntura. Son buenos haciendo las dos cosas y piensan el negocio a largo plazo", explicó. Esa visión también quedó reflejada en la recorrida: agricultura y ganadería funcionan como actividades complementarias y los productores ajustan la proporción de cada una según el contexto, sin abandonar ninguna de ellas.

Para Favre, esas condiciones también se traducen en decisiones de inversión. Como ejemplo mencionó una planta de Cargill visitada durante la gira, donde la empresa produce biodiésel y comercializa aceite envasado. "En Argentina es la misma compañía, pero el modelo es distinto. Acá exporta principalmente soja, mientras que en Brasil invierte mucho más en industrialización y agregado de valor. El marco económico e institucional termina condicionando la forma en que las empresas planifican su crecimiento".

La experiencia reforzó uno de los objetivos originales del viaje: reflexionar sobre qué condiciones necesita la Argentina para impulsar inversiones de largo plazo e integrar más eslabones de la cadena agroindustrial.

Chimondeguy también destacó la diferencia en la manera de abordar el negocio. "En Argentina estamos acostumbrados a pensar los márgenes en dólares. Ellos hacen sus cuentas en reales. Me quedó la impresión de que, además de contar con reglas más previsibles, enfrentan los desafíos desde una lógica distinta, con una mirada de largo plazo sobre el sistema productivo", sostuvo.

El valor del trabajo colectivo

Otro de los aspectos que más llamó la atención del grupo fue el grado de organización de los productores y el papel que cumplen las instituciones para impulsar el desarrollo del sector.

"Vimos productores trabajando realmente en conjunto. Las asociaciones surgieron por iniciativa de los propios productores y hoy existe una valoración muy positiva del trabajo que realizan", destacó Chimondeguy. Durante la primera jornada, la delegación visitó el Sistema FAMATO, la entidad que nuclea al sector agropecuario de Mato Grosso y que integra organismos dedicados a la capacitación, la generación de información económica, la innovación y la representación gremial. Además, cada cadena productiva cuenta con instituciones propias que brindan servicios específicos a sus asociados.

La cultura asociativa también se expresa en iniciativas concretas entre productores, como compras conjuntas de maquinaria e insumos, consorcios y grupos que negocian en escala para mejorar sus condiciones comerciales y compartir herramientas de gestión.

Para Favre, ese espíritu de cooperación fue una de las principales enseñanzas del viaje. "Ellos también tuvieron que enfrentar enormes desafíos. Hace apenas diez o quince años incorporaron el maíz safrinha como segundo cultivo, lo que los obligó a concentrar gran parte de las labores en una ventana muy corta y a realizar fuertes inversiones en maquinaria. Nada de eso fue gratis."

Según explicó, la diferencia estuvo en la forma de afrontar esos desafíos. "En lugar de enfrentarse entre productores o entre sectores, buscaron construir soluciones colectivas. Productores, instituciones y sector público fueron encontrando mecanismos para resolver los problemas y sostener el crecimiento", concluyó.

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