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Inteligencia artificial en el agro: de la gestión al asesoramiento

Experiencia CREA: cómo la inteligencia artificial permite automatizar tareas, ordenar información y desarrollar herramientas sin delegar el criterio profesional

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1 de septiembre de 2026 - 20:26

La inteligencia artificial empieza a ocupar un lugar concreto en la gestión agropecuaria y el asesoramiento técnico. Durante una reciente jornada organizada por la región CREA Mar y Sierras, se presentaron dos experiencias de aplicación de estas herramientas en el agro.

Diego Álvarez, miembro del grupo CREA Montoya, de la región Litoral Sur, avanzó hacia la automatización de procesos y el desarrollo de un sistema de agentes que concentra la historia de su establecimiento.

Mariano Vence, asesor del CREA Loberías Grandes, de la región Mar y Sierras, exploró su aplicación en el asesoramiento y en la creación de herramientas digitales para trabajar con productores, sin delegar el criterio profesional.

Innovación en la producción

Diego Álvarez, productor de Nogoyá, Entre Ríos, y miembro del grupo CREA Montoya, en la región Litoral Sur, comenzó a incorporar inteligencia artificial en su empresa con dos objetivos: automatizar tareas que le demandaban varias horas de trabajo y reunir el conocimiento acumulado durante 23 años de producción.

“Durante años tuve un problema común entre quienes tienen campos chicos o medianos: era el cadete y el CEO a la vez. Tenía que hacer todas las tareas, incluida la parte administrativa, que como agrónomo, es la menos divertida”, contó. También había una motivación de largo plazo. “Si un día no estoy y mis hijos quieren manejar el campo, sería bueno dejarles en un sistema todo lo que aprendí”, agregó.

El cambio comenzó hace unos siete meses. Hasta entonces utilizaba ChatGPT como un buscador, pero al conocer Claude empezó a explorar otras posibilidades, entre ellas Cowork, que permite trabajar con archivos y carpetas. “Le daba acceso a una carpeta con comprobantes y le pedía que los leyera y volcara la información en un Excel con las columnas que yo definía”, recordó.

El primer proceso que automatizó fue la carga de facturas, una tarea que le demandaba entre cinco y seis horas semanales. “Con el tiempo que me ahorré pude avanzar sobre otros procesos”, señaló. Luego incorporó la información productiva de 23 campañas —como rindes, fertilización y rotaciones—, además de aprendizajes surgidos de su experiencia en el establecimiento y otros negocios.

Sistema de agentes

A partir de esas primeras automatizaciones, el productor desarrolló un sistema de agentes de inteligencia artificial, cada uno con una función y un nombre propio. Jocko es el coordinador general y su principal vía de interacción. “Hablo con él por Telegram: le mando mensajes de voz, me responde y va orquestando el trabajo de los demás agentes”, describió.

Fernando cumple el rol de agrónomo: analiza imágenes de NDVI (Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada), estima rendimientos, evalúa fallas y propone recorridas. Celeste se ocupa del clima y consulta información del Servicio Meteorológico de Estados Unidos y de Open-Meteo. “Cuando estoy por aplicar urea, si aparece una lluvia de más de 8 o 10 milímetros, me avisa con tiempo para poder aprovecharla”, ejemplificó.

Sofía está orientada a la comercialización y busca oportunidades de venta por encima de las referencias históricas y del mercado. Pablo gestiona correos y cotizaciones, mientras que Martín procesa facturas, liquidaciones, comprobantes y remitos. “El sistema no vende ni compra ni maneja dinero. Por ahora, me da recomendaciones y yo decido si las acepto”, aclaró.

Los agentes funcionan como módulos independientes. “Si uno se rompe o hay que modificar algo, no tengo que tocar todo el sistema. Si tengo un problema con el clima, voy a ese agente, veo qué pasó, lo arreglo y lo vuelvo a poner en funcionamiento”, explicó. Así puede intervenir sobre una función sin afectar al resto.

Campo autónomo

Con 23 campañas incorporadas, el sistema concentra la historia productiva del establecimiento y permite consultarla desde cualquier lugar. “Si estoy en medio de un lote y necesito alguna información, le mando un mensaje por Telegram y me la envía”, comentó. La base sigue creciendo con planillas, análisis de campaña e información del grupo CREA que selecciona por su utilidad para la empresa.

Esa disponibilidad también modificó su forma de trabajar. “Hoy la oficina para mí es el teléfono”, resumió. Desde allí consulta datos y da instrucciones a los distintos agentes.

Una de las últimas aplicaciones está vinculada al uso del dron. El empresario le indica al sistema qué necesita hacer y este genera el mapa de aplicación, marca los sectores a tratar, establece dosis y volúmenes y prepara la orden de trabajo.

El sistema también incorpora información obtenida directamente en el lote. “Saco una foto de una maleza y no solo reconoce cuál es: sabe en qué lote estoy, conoce el NDVI, el historial y los principios activos que se utilizaron. Tiene un contexto muy bueno para hacer una recomendación”, destacó.

A quienes le consultan cómo desarrollar una herramienta similar, les recomienda pensar primero la arquitectura general. “Está todo muy interrelacionado. Conviene mostrarle a la inteligencia artificial cómo funciona el sistema y después avanzar paso a paso. El campo autónomo se construye por etapas”, sostuvo.

Para la campaña 2026/27 busca aumentar la autonomía de los agentes. El cambio ya es significativo en la administración. “Antes le dedicaba entre seis y ocho horas por semana. Hoy prácticamente nada: chequeo cosas y valido procesos, pero funciona solo”, afirmó.

Ese nivel de autonomía, sin embargo, tiene un límite. “El sistema me da un montón de información, pero la decisión la tomo yo”, concluyó.

IA al servicio del asesor

Mariano Vence es ingeniero agrónomo, asesor del CREA Loberías Grandes y coasesor del CREA Necochea Quequén, ambos de la región CREA Mar y Sierras. Desde 2022 incorporó progresivamente herramientas de inteligencia artificial a su trabajo y comenzó a evaluar qué valor podían aportar al rol del asesor técnico.

Al principio, el uso era limitado. En 2023 recurría a la IA principalmente para hacer consultas, casi como reemplazo de un buscador, aunque todavía desconfiaba de las respuestas y de la calidad de las fuentes utilizadas. En 2024 comenzó a emplearla para analizar archivos y ahorrar tiempo en tareas puntuales.

El cambio se profundizó durante 2025, con la aparición de nuevas herramientas, y terminó de consolidarse cuando empezó a utilizarlas junto con su equipo y los productores. “Ahí el valor se volvió más claro. Ya no era solamente algo que me aportaba a mí, sino que empezó a tener un valor compartido”, explicó.

Para Vence, el principal aporte no estuvo necesariamente en incorporar tareas nuevas. “La mayor parte del valor fue poder hacer algo que ya sabía hacer, pero mucho mejor, más rápido, con mayor calidad o mejor presentado”, señaló. Ordenar información, revisar cuentas o comparar alternativas son algunos ejemplos.

Herramientas digitales

En una primera etapa, Vence utilizó la inteligencia artificial para ordenar ideas, preparar borradores, revisar planillas, comparar resultados, detectar errores o resumir documentos. Cuando algunas necesidades empezaron a repetirse, decidió convertirlas en soluciones concretas.

Junto con Julián Portugal, coasesor del CREA, desarrolló páginas web y planillas dinámicas. Partían de una necesidad y una versión de prueba, que luego testeaban con información real. “Ahí aparecían los errores y las limitaciones. Después la compartíamos con el equipo, productores, clientes o amigos para recibir devoluciones y corregir lo que servía”, relató.

Ese proceso también modificó su criterio de evaluación. “El valor no está en que funcione, sino en que tenga sentido usarla. Si funciona pero nadie la usa, no agrega ningún valor”, sostuvo.

Algunas de esas herramientas comenzaron a reemplazar informes en PowerPoint o PDF. Mediante filtros, los productores pueden volver a consultar la información, hacer comparaciones y analizar su evolución en el tiempo. Una de ellas permite contrastar remuneraciones entre empresas del grupo; otras reúnen análisis de campaña e historia de los lotes. “La idea es dejar de hacer una presentación estática y tener algo más dinámico, tanto para mostrar la información como para consultarla después”, indicó.

Entre los desarrollos también mencionó una aplicación que relaciona los rendimientos de distintas variedades de cebada con la fecha de siembra, a partir de 15 años de campañas ordenados con inteligencia artificial, y otra que permite observar la evolución de los nitratos del suelo en distintas zonas de Mar y Sierras.

Criterio y responsabilidad

La experiencia también le permitió definir límites. Vence evita delegar procesos en la IA cuando faltan datos, nadie puede validar la respuesta o un error podría tener consecuencias importantes. “Si no puedo comprobar el resultado, no delego la tarea en la inteligencia artificial”, sintetizó.

Esa regla marca una diferencia entre ejecutar tareas y asumir el rol del asesor. “La inteligencia artificial puede ordenar información, repetir cuentas o buscar datos, pero el asesor tiene que entender el lote, la historia del productor, los objetivos productivos y económicos, medir riesgos, recomendar y responder por esa decisión”, sostuvo.

La tecnología también le permitió desarrollar herramientas web sin conocimientos de programación, algo que un año atrás consideraba fuera de su alcance. “No reemplazó mi criterio como asesor, pero me dio más capacidad para construir, compartir y mejorar”, concluyó.

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