Transición generacional en la empresa familiar agropecuaria
En el término de una generación ocurrió un cambio de paradigma en el ámbito agropecuario argentino. Más de tres décadas atrás, cuando Rafael Laborde –junto a su hermano Gonzalo– se hizo cargo de la empresa familiar, el foco estaba puesto en la innovación tecnológica orientada a lograr eficiencia y estabilidad productiva. En la actualidad la clave es consolidar empresas que sean interesantes para sus integrantes.
“Si bien la eficiencia productiva sigue siendo importante, hoy la mayor parte de los empresarios agrícolas son bastante parejos en ese sentido; el diferencial puede estar en la gestión financiera o comercial, así como en el manejo de la información”, explica Rafael.
“Hoy el factor central, que ocupa gran parte de nuestro tiempo, es cómo creamos empresas que sean atractivas para la siguiente generación, más allá de cuál sea el rol que ocupen en las mismas”, añade el integrante del grupo CREA Washington Mackenna (región Centro).
Orígenes
Rafael y Gonzalo tuvieron que asumir las riendas de la empresa agropecuaria familiar de manera temprana a causa de una tragedia: el fallecimiento de sus padres en un accidente vial. Quedaron a cargo también de su hermano Martín, una persona con discapacidad.
Gonzalo tenía 24 años de edad cuando quedó huérfano y Rafael, con 18, le dijo a sus tíos que no iría a la universidad para ocuparse de la empresa, pero éstos le recomendaron no interrumpir esa instancia, de manera tal, que una vez completada, se sumó a la firma para acompañar a su hermano. Transcurrían los difíciles años ’90, que para el agro argentino representaron un desafío enorme que dejó a muchos en el camino.
“Tuvimos el apoyo de mucha gente: familiares, el encargado y los trabajadores del campo, y el grupo CREA. Nuestros padres dejaron muchas puertas abiertas que resultaron esenciales para poder afrontar un proceso tan traumático”, apunta.
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Los hermanos Martín, Gonzalo y Rafael Laborde junto a sus padres
La ganadería no estaba pasando por un buen momento y la apreciación cambiaria elevaba los costos de producción año tras año. Tuvieron que vender una porción del campo familiar para saldar deudas.
La intensificación productiva de la ganadería, junto con el traslado de las vacas hacia campos con aptitud ganadera, liberó superficie que inicialmente se destinó a ofrecer en arrendamiento, ya que los hermanos no contaban con capital suficiente para producir la totalidad del área del establecimiento familiar.
El padre de Rafael y Gonzalo, un médico veterinario especializado en EE.UU. en mejoramiento genético bovino, si bien era un apasionado de la actividad pecuaria, en los ’80 comentaba a sus hijos que el futuro de la actividad podría llegar a depender del impacto de la siembra directa en la agricultura.
“Fue un visionario y en el grupo CREA tuvimos la suerte de contar con asesores de gran solvencia técnica, como Gabriel Tellería, que nos permitieron avanzar en la implementación de la siembra directa con mucha confianza”, resalta Rafael.
Así en el año 1994 ya habían pasado el 100% del establecimiento mixto a siembra directa y, paulatinamente, la agricultura fue desplazando a la ganadería. La cría, si bien en un primer momento se envió a campos alquilados y capitalización, finalmente se vendió para consolidar el crecimiento de la actividad agrícola. La invernada también fue perdiendo protagonismo.
“Algunos nos decían en su momento que nos íbamos a pegar un palo yendo tan rápido con la siembra directa, cuando la realidad es que logramos rendimientos tan elevados –y mucho más estables–, que nos permitieron obtener una ventaja competitiva enorme”, indica.
Consolidación
En la primera década del presente siglo los sobrevivientes de los ’90 estaban listos para aprovechar una fase de auge internacional de precios agrícolas. Pero los hermanos Laborde comenzaron a advertir diferencias de criterios en cuanto a la estrategia por implementar.
Mientras que Rafael consideraba apropiado consolidar el negocio en campo propio para no convalidar el aumento progresivo de los valores de alquileres agrícolas, Gonzalo tenía como propósito seguir expandiéndose en campos de terceros.
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CREA Washington Mackenna
“Lo mejor fue dividir la sociedad de explotación, aunque ambos seguimos viviendo y trabajando en el campo familiar. Con el tiempo, ambos logramos capitalizarnos comprando tierra, aunque ciertamente siguiendo caminos diferentes”, recuerda.
Los dos hermanos residen con sus respectivas familias en el predio familiar, donde el tercer hermano, Martín cuenta con una casa propia, en la cual es atendido por personal capacitado en todo momento.
“Los que no pudieron seguirle el ritmo al avance tecnológico quedaron atrás. Hoy la gestión agronómica sigue siendo importante y se advierte en los años malos, donde es factible lograr pisos de rendimientos más elevados; pero en los años buenos estamos todos en niveles similares”, señala.
Cambio de paradigma
Mientras que algunas décadas atrás los mandatos familiares tenían mucho más peso relativo en el ámbito empresario –no sólo en el agropecuario–, en la actualidad eso ya no es determinante ante la mayor facilidad para acceder a distintas oportunidades.
En el mundo analógico la información circulaba con mayor lentitud y densidad, mientras que en el digital fluye con gran intensidad, lo que contribuye a incrementar el volumen de estímulos para generar más apetitos, aunque eso viene acompañado, por lo general, por una creciente ansiedad y requerimientos constantes de retroalimentación.
“En el ámbito agropecuario, las circunstancias propias de las nuevas generaciones se encuentran potenciadas por el factor político que dividió a las comunidades y puso al campo en tela de juicio; nuestros hijos absorbieron silenciosamente ese insumo, el cual no resulta gratuito al momento de definir vocaciones”, advierte Rafael.
En 2023 ocurrió una tragedia en el CREA Washington Mackenna con el fallecimiento inesperado de su asesor, Leandro Agusti, quien era muy apreciado en el grupo como persona y profesional. “Fue un hecho dramático”.
Al contratar al nuevo asesor, se buscó un perfil orientado a promover la transición generacional en el ámbito de las empresas que integran el grupo, ya que se trata de un desafío común en el CREA (en realidad en gran parte de la red CREA y de la comunidad agropecuaria en general).
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CREA Washington Mackenna. El asesor del grupo es Agustín Torriglia
“La empresa debe estar al servicio de las personas y no las personas al servicio de la empresa. La empresa es un medio y no un fin en sí mismo. El respeto al legado familiar es importante, pero la prioridad es la vocación personal”, apunta Rafael.
“Sin embargo, más allá de la decisión que tomen, es importante que respeten lo logrado por sus antecesores, ya sea que trabajen en la empresa familiar o sean accionistas o directores de la misma; en ese sentido, mis hijos y sobrinos tienen una ventaja al respecto porque sea han criado en el campo”, agrega.
Rafael remarca que la clave no es la evolución de la empresa familiar, sino de la familia empresaria. Parece un juego de palabras, pero está muy lejos de tratarse de eso. Porque los integrantes de una familia empresaria comparten un legado y se eligen como socios, más allá de cuál sea la actividad o el negocio que encare cada generación.
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La nueva generación de la familia Laborde
“Hoy los jóvenes tienen muchas más posibilidades que las que tuvimos nosotros cuando lo éramos. Eso es muy provechoso si se sabe gestionar bien, pero es muy fácil marearse ante una cantidad de alternativas tan grandes, lo que se potencia por el ruido constante presente en las redes sociales”, advierte.
Si bien todas las transiciones generacionales tienen sus particularidades, la que estamos presenciando se encuentra caracterizada por el vértigo de nuevas tecnologías –como la inteligencia artificial– que prometen ser altamente disruptivas.
“El espíritu inquieto y la innovación son parte de nuestro ADN familiar y seguramente lo seguirán siendo. La diferencia es que ahora se tiende a premiar la recompensa inmediata, cuando existen muchas cuestiones que requieren un proceso de aprendizaje para poder incorporarse”, resume Rafael.
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