Luego de recibirse de ingeniera agrónoma, Delfina Ratti Quintana se hizo cargo de la administración de la empresa agropecuaria familiar localizada en el partido bonaerense de Coronel Suárez. En apenas un cuarto de siglo esta mujer imparable promovió un crecimiento patrimonial sustancial de la mano de la generación de valor agregado. ¿La receta? Donde otros veían limitaciones, Delfina percibía oportunidades.
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“En 2002 formamos el grupo CREA San Eloy-Piñeiro a partir del impulso que nos dio Juan Ignacio Alberdi (el primer asesor del grupo). Por entonces la mayor parte de los fundadores éramos agrónomos o veterinarios recién recibidos y se trató de una experiencia enriquecedora”, recuerda Delfina.
Gestión empresarial rural
La empresa –en la que Delfina trabaja junto a su hermano y su cuñada– se dedica a la actividad agrícola y la ganadería de ciclo completo. La cría se lleva a cabo en las sierras y en campos arrendados en zonas bajas, mientras que la invernada se realiza sobre verdeos de invierno en el establecimiento propio.
“Si los números son favorables, terminamos los novillitos en un feedlot propio para comercializar hacienda liviana en el transcurso del segundo semestre. Pero somos flexibles en función de las oportunidades y circunstancias. El año pasado, por ejemplo, habíamos planificado vender todos los terneros, pero una helada liquidó los maíces y entonces procedimos a pastorearlos”, explica.
Las heladas también afectaron los rendimientos de trigo, pero como habían sido fertilizados con el propósito de alcanzar altos rendimientos, terminaron logrando niveles de proteína adecuados en una campaña caracterizada por partidas con bajos estándares de calidad panadera.
En el año 2008 incorporaron un equipo de riego con pivote central con el propósito de estabilizar rendimientos agrícolas. Se trató del primer paso para comenzar a conocer la dinámica de una tecnología que transformó no sólo a la empresa, sino también al grupo y a toda la región CREA Sudoeste, que actualmente es un referente en la materia a nivel nacional.
“Cinco años atrás, a partir de un aumento de la demanda por parte de los semilleros, comenzamos a incorporar más equipos de riego y actualmente tenemos cuatro en el establecimiento familiar y este año incorporaremos el quinto, que sería el último porque ya no tenemos más superficie disponible”, relata.
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Círculo de riego con pivote central
Gracias a una gestión financiera profesional, consiguieron créditos a tasas de interés convenientes que permitieron financiar la inversión en riego no sólo en el establecimiento propio, sino también en campos arrendados –en el marco de acuerdos de largo plazo– junto a otros socios de la zona.
“Arrendamos los círculos de riego en verano a empresas semilleras de girasol y maíz con la prestación del servicio de riego. Años atrás se trató de un buen negocio porque la demanda era sostenida, pero en el último año comenzó a mermar y los números ya no son tan atractivos”, comenta.
Durante el invierno emplean el riego para producir trigo. “Los diez integrantes del CREA San Eloy-Piñeiro tenemos riego y fuimos en su momento pioneros en el uso de esa tecnología, que actualmente está más generalizada en la zona”.
De esa manera, transformaron empresas productivas en proveedoras de servicios, lo que permitió diversificar y estabilizar los ingresos para así promover el crecimiento patrimonial, lo que se instrumentó de la mano de la generación de valor agregado y la creación de empleo.
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Integrantes del CREA San Eloy-Piñeiro (región Sudoeste)
Además la empresaria tiene, en sociedad con otros productores de la región, una planta de almacenamiento y acondicionamiento de granos que brinda servicios tanto para los socios como para terceros.
“La inversión se hizo ante la dificultad de conseguir cupos en los momentos de cosecha de maíz, lo que permitió, además de solucionar ese problema, mejorar la gestión logística para poder aprovechar los diferenciales de precios del cereal que se presentan ocasionalmente en el puerto de Bahía Blanca ante la necesidad de completar embarques provenientes de la zona de Rosario”, apunta.
“Tenemos hace tiempo un proyecto para construir una fábrica de alimentos balanceados junto a la planta de silos, lo que permitiría seguir aumentando el valor agregado y generando más empleo, pero no conseguimos que nos provean el servicio de gas natural ni la tensión eléctrica indispensable para poder llevar a cabo ese emprendimiento”, añade Delfina.
De hecho, en los picos de demanda de energía eléctrica la provisión de ese recurso crítico experimenta interrupciones en la zona, lo que obligó a instalar paneles fotovoltaicos para así asegurar la continuidad de las operaciones a través de la energía solar.
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Equipo de riego alimentado con energía proveniente de paneles fotovoltaicos
Red CREA
“Los integrantes del grupo CREA tenemos una relación fantástica y seguimos muy entusiasmados. Siempre tomé muy en serio las recomendaciones y críticas de mis pares, que funcionan como un equipo consultor que brinda mayor seguridad al momento de tomar decisiones”, remarca.
Delfina fue la primera presidente del CREA San Eloy-Piñeiro. “Recuerdo la emoción que sentí al compartir la primera mesa de presidentes con reconocidos empresarios CREA de la zona Sudoeste”.
“Siempre participé en muchas actividades regionales y, cuando me eligieron como vocal de la zona, acepté. La Mesa de Vocales CREA es un ámbito muy interesante en el cual es posible compartir las experiencia de la propia región con representantes del resto del país. Es un lugar estupendo para encontrar soluciones a problemas tanto generales como zonales”, resume.
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