8 de octubre de 2026 en Buenos Aires

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Crea. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

Inteligencia Artificial y algoritmos: cómo preservar el criterio humano

Joan Cwaik analizó cómo la inteligencia artificial atraviesa vínculos, trabajo y decisiones, y planteó la reflexión como clave para no delegar el criterio.

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Crea. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Por CREA Región Córdoba Norte | COR

La inteligencia artificial ya no plantea solo una discusión técnica. Sus efectos alcanzan la vida cotidiana y las organizaciones. Durante el Congreso Regional 2026 de la Región CREA Córdoba Norte, se propuso mirar ese proceso desde una pregunta central: cómo incorporar estas herramientas sin resignar criterio, atención ni capacidad de decisión.

“La discusión no es solamente tecnológica, sino también geopolítica, económica, comercial y social”, planteó Joan Cwaik, divulgador especializado en tecnologías emergentes. Para ilustrarlo, recordó que referentes del desarrollo de inteligencia artificial como Dario Amodei, Sam Altman y Elon Musk pidieron reducir el ritmo de avance de la IA, frente a la posición contraria de Donald Trump.

El debate exige una mirada integral. “Para poder lograr armonía tenemos que generar una visión holística de las cosas”, afirmó durante el encuentro, celebrado el 2 de octubre en la ciudad de Córdoba.

La vida algorítmica

Para Cwaik, el impacto de la inteligencia artificial y los algoritmos alcanza tres esferas de la vida cotidiana: la privada, la social y la laboral. A ellas se suma un cuarto espacio transversal: la ansiedad. El planteo pasa por analizar cuánto inciden estas tecnologías sobre la forma de vivir, relacionarse y trabajar.

Para dimensionarlo, recurrió a algunos datos sobre el uso de internet en la región. Brasil registra un promedio de 7 horas y 40 minutos diarios de conexión, frente a las 4 horas y 45 minutos del promedio mundial, mientras que en la Argentina ronda las 6 horas. Entre el 26 y el 38% de los empleos de América Latina y el Caribe están expuestos a la inteligencia artificial generativa.

América Latina concentra además el 14% de las visitas globales a soluciones de inteligencia artificial, aunque reúne al 11% de los usuarios de internet. “Estamos sobrerrepresentados en el mundo de la inteligencia artificial”, sostuvo, y se preguntó: “¿Qué tan libres somos en un mundo donde varias decisiones que tomamos están atravesadas por algoritmos?”. Obtener respuestas elaboradas en pocos segundos puede reducir el esfuerzo y el compromiso con el proceso de decidir.

Según explicó, un algoritmo es un conjunto de instrucciones diseñado para resolver un problema. En los entornos digitales, estos sistemas median entre los datos y la percepción de la realidad, y ofrecen contenidos afines a los intereses de cada usuario, lo que reduce la exposición a otras perspectivas. A partir de una idea del politólogo Augusto Salvatto, definió esos espacios como “monoambientes digitales”: entornos que reafirman lo que ya se piensa y de los que cuesta salir. Esa dinámica también alcanza a la información que se consulta antes de tomar decisiones en una empresa.

Conveniencia o conciencia

Las consecuencias de estas tecnologías ya son concretas. En enero de 2024, un empleado de una firma de Hong Kong transfirió más de 25 millones de dólares después de una videollamada en la que el director financiero y los demás participantes eran recreaciones generadas con inteligencia artificial.

Producir este tipo de contenidos se volvió más accesible. Con pocos segundos de audio es posible clonar la voz de una persona mediante herramientas disponibles para cualquier usuario. Y, ante este escenario de desinformación, distintos países avanzaron con restricciones al uso de redes sociales entre menores. En Brasil incluso se adoptaron medidas para impedir el acceso de menores a las apuestas.

Estas medidas reflejan una vida cada vez más atravesada por algoritmos. La imagen elegida para describir ese escenario fue la de la película Matrix: frente a una cápsula de conveniencia, que implica aceptar las respuestas que facilita la tecnología, aparece otra de conciencia, asociada a detenerse y reconocer esa influencia. “Hay que fomentar los actos de conciencia, porque cada algoritmo carga una forma de mirar el mundo y la instala sin que nos demos cuenta”, afirmó.

“Tenemos que estar despiertos como humanidad y bien presentes en un mundo donde estamos tan influidos por la tecnología”, sostuvo.

Conexión y soledad

En la vida privada, Cwaik diferenció el enlace digital de la conexión entre personas. “El enlace es un fenómeno técnico. La conexión requiere profundidad, conciencia y esfuerzo”, afirmó. La distinción cobra relevancia frente al crecimiento de la soledad: una de cada seis personas en el mundo se siente sola y los adolescentes de 13 a 17 años están entre los grupos más afectados.

En Estados Unidos, el tiempo presencial que los adolescentes pasan con amigos cayó cerca de 45% entre 2003 y 2022. Esa tendencia se vincula con décadas de desarrollo tecnológico orientado a resolver actividades de forma automática. Trasladada a los vínculos, esa dinámica puede llevar a medir la amistad por la cantidad de interacciones y no por la intención.

Uno de los ejes del congreso de Córdoba Norte fue la presencia, volver a conectarnos a lo simple, al tiempo presente, la palabra y la pausa. Los algoritmos favorecen el corto plazo, la respuesta inmediata y la reacción. Ese efecto también alcanza al entretenimiento y al ocio, cada vez más mediados por recomendaciones. “¿Cómo se descansa de verdad en un sistema que nunca se detiene?”, se preguntó.

A partir de una idea de Chris Anderson, exdirector de TED, planteó una paradoja: hace 20 años internet servía para escapar de la realidad; hoy la realidad puede ser una forma de escapar de internet. “Estamos tan conectados, con tanta sensación de hiperconectividad, que usamos la realidad para poder escaparnos de internet”, sostuvo.

Decisiones empresariales

La influencia de los algoritmos también alcanza a la vida laboral. Una de las preguntas centrales es quién define qué se mide dentro de una empresa y con qué criterios. “Ningún algoritmo es neutral. Siempre hay intereses de retención o captación por detrás”, afirmó.

El problema aparece cuando el trabajo empieza a organizarse en función de las métricas. Los sistemas suelen medir entregables y resultados, mientras la calidad, el aprendizaje o el contexto humano pueden quedar fuera. “La tecnología simula ser muy humana, mientras nosotros nos automatizamos o mecanizamos cada vez más”, sostuvo.

La forma en que se toman las decisiones dentro de las organizaciones abre otro interrogante. “¿Hay instancias humanas en cada decisión crítica? ¿Estamos automatizando con conciencia y teniendo en cuenta el contexto humano?”, preguntó. Incorporar variables cualitativas es parte de ese desafío.

Otro punto fue el “sedentarismo cognitivo”: la tendencia a delegar tareas intelectuales en sistemas de inteligencia artificial. Un estudio del MIT Media Lab de 2025 reunió a 54 personas que escribieron ensayos divididas en tres grupos. Entre quienes utilizaron ChatGPT, 15 de 18 no pudieron citar una frase del texto que acababan de producir y ese grupo registró la conectividad cerebral más débil.

El concepto, acuñado por los reconocidos divulgadores argentinos Mariano Sigman y Santiago Bilinkis, apunta a una menor disposición al esfuerzo cognitivo cuando una herramienta puede resolver una tarea de forma inmediata. “¿Para qué me voy a esforzar si le puedo preguntar a Claude cualquier cosa?”, planteó.

La delegación constante del pensamiento en estos sistemas puede tener consecuencias tanto cognitivas como organizacionales.

El control humano

Para Cwaik, la aparición de los agentes de inteligencia artificial agrega una nueva dimensión al debate. Estos sistemas pueden actuar con cierto grado de autonomía, ejecutar tareas, probar alternativas o realizar operaciones sin una instrucción para cada paso. Para quienes conducen una empresa, la pregunta es hasta dónde dejarlos actuar y qué lugar conserva la intervención humana.

Existen distintos niveles de control. Una persona puede aprobar cada paso, supervisar al agente y detenerlo si es necesario, o dejarlo actuar hasta que aparezca un problema. “La mayoría de los problemas aparecen cuando nadie eligió”, afirmó. La dificultad no está solo en la tecnología, sino en definir cómo utilizarla.

Antes de incorporar un agente a un proceso, aparecen tres preguntas centrales: “¿El proceso mejoró o automatizamos el desorden? Si se equivoca, ¿cuánto tarda alguien en darse cuenta? Si nadie se da cuenta, ¿quién firma ese error?”, planteó.

La discusión también llegó al modelo CREA. Una idea del Movimiento sostiene que el 90% del éxito de un grupo depende de sus miembros y el 10% del asesor. Pablo Hary definió ese 10% como “la levadura”. “Con la IA vale la misma cuenta. El problema empieza el día que el 10% decide por el 90%”, afirmó.

El valor de la reflexión

La ansiedad digital ya forma parte de la vida cotidiana. Según Cwaik, entre reuniones, correos y mensajes se producen unas 265 interrupciones por día, cerca de una cada dos minutos. Esa dinámica se vincula con el tecnoestrés y la dificultad para sostener la atención.

“Quizás estamos siendo testigos de la última generación que aprendió a buscar. Sabemos preguntar, pero la búsqueda ya se la delegamos”, afirmó. El riesgo aparece cuando una respuesta inmediata reemplaza el proceso necesario para encontrarla, evaluarla y construir un criterio propio.

En ese contexto aparece una nueva desigualdad algorítmica. Las personas y empresas que desconocen cómo funcionan estos sistemas quedan más expuestas a aceptar respuestas, sugerencias o personalizaciones sin comprender qué hay detrás de ellas.

La alternativa no consiste en abandonar la inteligencia artificial o los algoritmos. El ciclo de la metodología CREA —acción, reflexión y conclusión— ofrece una forma de incorporar estas herramientas sin resignar criterio. “El algoritmo nos lleva del estímulo a la acción y saltea la reflexión. Experimenten con tecnología, pero sin saltearse la reflexión”, concluyó.

Los derechos sobre esta nota y su contenido pertenecen a AACREA. Si querés compartir esta información y/o citarla, te pedimos que menciones a Contenidos CREA como origen e incluyas el enlace a la nota original. ¡Muchas gracias!

Dejá tu comentario

Contenidos relacionados