En el pasado, ese proceso exigía recurrir a enciclopedias y otras fuentes de información, con una inversión considerable de tiempo, esfuerzo y recursos. Hoy, la inteligencia artificial ofrece nuevas posibilidades para explorar preguntas y acceder a información.
En el sector agropecuario, aunque existen variables que los productores no pueden controlar, como el clima, sí tienen capacidad de decisión sobre la gestión de sus empresas. Según Vélez, es en ese espacio donde la inteligencia artificial puede aportar herramientas para evaluar alternativas y mejorar la gestión.
Hasta hace poco, las empresas debían adaptar sus problemas a las herramientas disponibles y recurrir a programas diseñados para necesidades generales. “Hoy tenemos la posibilidad, a través de las microsoluciones y de la inteligencia artificial, de que cada solución se adapte a cada problema que tenemos”, explicó. Así, frente a dificultades similares, existe una variedad mucho mayor de alternativas.
Entre las aplicaciones que identificó dentro de la red CREA, Vélez mencionó el uso de audios enviados por personal de campo para completar planillas con información ganadera o agrícola. También citó una empresa forestal que desarrolló una herramienta para seleccionar consultas comerciales de mayor valor, un agente de IA para comparar estrategias de siembra y un sistema que carga liquidaciones de forma automática.
Estas microsoluciones representan un cambio en el acceso a la tecnología. Mientras que antes era necesario recurrir a desarrolladores de software, ahora los propios empresarios pueden crear y aplicar herramientas adaptadas a sus actividades.
“Hoy podemos elegir que la máquina se siente en la silla de lo mecánico y dejar que el humano se siente en donde está el criterio, la creatividad y en donde realmente existe el para qué”, afirmó. “El futuro no vino a convertirnos en máquinas, sino que vino a que las máquinas nos devuelvan el tiempo para ser humanos”, agregó.
El límite es la creatividad
En la segunda parte de su exposición, Matías Vélez moderó un diálogo con Pilar Porta, integrante del CREA Ganadero del Este, y Daniela Vecchio, responsable técnica de la Mesa Agrícola CREA Córdoba Norte. Ambas compartieron experiencias sobre el uso de inteligencia artificial para resolver problemas de la actividad agropecuaria.
Porta administra dos establecimientos ganaderos, uno en el llano y otro en una zona de monte. Aunque no tiene formación en programación, comenzó a desarrollar sus propias herramientas. “La inteligencia artificial nos acercó de una manera muy sencilla la posibilidad de solucionar algunas cosas”, contó.
En el campo ubicado en Berrotarán, las características del terreno dificultan tareas como localizar animales que se internan en el monte, controlar las aguadas, verificar el funcionamiento de las bombas y supervisar la maquinaria. En un rodeo de 300 vacas, por ejemplo, encontrar cinco animales faltantes podía representar un problema.
El año pasado incorporó un dron autónomo para mejorar esos controles. Desde una computadora programa recorridos, fotografías y filmaciones, mientras que una cámara infrarroja permite detectar de noche vacas, terneros y animales silvestres, como jabalíes o pumas. También lo utiliza para revisar los tanques de agua.
“Cada vez que juntábamos un rodeo para vacunar, mandaba el dron de noche. Las vacas que faltaban bajaban al valle y podía cerrar el conteo”, relató. Esta herramienta facilitó el control de los animales en sectores de difícil acceso.
Otra iniciativa estuvo vinculada con el mantenimiento de los tractores. Los controles que no se realizaban a tiempo podían derivar en roturas costosas, por lo que desarrolló una aplicación para registrar las tareas de mantenimiento y reparación.
El personal carga las fechas de engrase, servicios, cambios de filtros y reparaciones. La aplicación conserva ese historial y todos los lunes envía a Porta y al encargado de mantenimiento un reporte con un sistema de semáforo que identifica los equipos próximos a requerir un servicio y aquellos con tareas pendientes.
“Eso lo desarrollé sola con Claude y en medio día. Es muy fácil. Creo que el único límite es la curiosidad”, destacó.
Más recientemente, incorporó otra aplicación que permite al personal comunicar las novedades del campo mediante audios de WhatsApp. La inteligencia artificial procesa esa información y completa las planillas de hacienda, una tarea que antes requería numerosas revisiones manuales en Excel.
El principal beneficio es el tiempo que recupera para otras actividades. “Todo ese tiempo lo uso para recorrer mucho mejor el campo, hablar con la gente, tener otras ideas”, explicó. Además, destacó que la automatización le permite reducir la carga de tareas administrativas y confiar en el procesamiento de los datos sin tener que revisar cada registro.
Soluciones concretas para el agro
Daniela Vecchio, responsable técnica de la Mesa Agrícola CREA Córdoba Norte, compartió su experiencia con la automatización de los informes de ensayos comparativos de rendimiento. El punto de partida fue la campaña posterior a la aparición de la chicharrita del maíz, cuando existía una fuerte demanda de información sobre el comportamiento de los híbridos frente al espiroplasma.
Por entonces, llevaba apenas unos meses en su función y el equipo técnico dedicaba muchas horas al procesamiento de datos, la elaboración de gráficos y la revisión de planillas. “Pasamos muchas noches trabajando en el informe para llegar a tiempo a la presentación de resultados. Y llegamos sin esa sensación de haberlo rechequeado y haberle dado tiempo suficiente al análisis”, recordó.
Esa experiencia impulsó el desarrollo de un visualizador que automatiza buena parte de esas tareas. Ahora, el equipo cuenta con una estructura de informe predefinida en la que incorpora los datos de cada ensayo. Esto permite concentrar los esfuerzos en la interpretación de resultados, el intercambio con especialistas y el acceso a la información.
El uso de herramientas como Claude y ChatGPT también le permitió explorar posibilidades que antes requerían conocimientos de programación. A partir de instrucciones de la inteligencia artificial, comenzó a utilizar programas que desconocía y a desarrollar aplicaciones en períodos breves. “Te hace poder lograr cosas que tal vez antes no podías o creías que eran más limitadas”, destacó.
Para Vecchio, otro beneficio es la posibilidad de profundizar el análisis y fortalecer el trabajo con investigadores y especialistas. “Valoro un montón poder relacionarnos con académicos y con distintos especialistas e integrar todos esos conocimientos”, sostuvo.
A partir de esa primera experiencia, el equipo desarrolló otras herramientas. Una de ellas es un formulario para el relevamiento del picudo, que permite cargar fotografías y georreferenciar registros para elaborar mapas sobre su avance y facilitar la validación de los casos.
También crearon una plataforma para organizar la participación de más de 60 estudiantes de Agronomía que realizan prácticas en la red de ensayos. Mediante un mapa y una herramienta vinculada con WhatsApp, pueden convocarlos según su localidad y la cercanía con cada sitio experimental.
A estas iniciativas se suman una calculadora que obtiene las constantes hídricas a partir de datos de Excel y otra que estima la dosis óptima económica de urea según la curva de respuesta de cada campo, con base en bibliografía académica. Son microsoluciones desarrolladas para necesidades concretas del trabajo técnico.
El próximo desafío consiste en integrar estas herramientas en una aplicación más amplia, orientada a las decisiones agronómicas. “Creo que el paso que sigue es poder encontrarle el eje conductor a todas estas aplicaciones”, planteó. La intención es reunirlas en una plataforma que permita aprovecharlas de manera conjunta.
El criterio humano
Porta destacó que el valor de estas herramientas reside en su capacidad para resolver problemas concretos, sin reemplazar el criterio ni la responsabilidad de las personas. “La tecnología tiene que trabajar para nosotros y no al revés. Hoy tenemos la posibilidad de que nos solucione lo que más nos cuesta”, sostuvo.
En su caso, aunque utiliza inteligencia artificial para automatizar distintas tareas, conserva la responsabilidad sobre las decisiones y los resultados de la empresa. “Yo soy la que tiene que marcar el criterio y la que tiene que hacer las preguntas correctas. La responsabilidad es mía, no de Claude”, afirmó. También destacó la importancia de las relaciones humanas y de contar con equipos sólidos.
Vecchio coincidió en que la principal condición para aprovechar estas tecnologías es identificar las preguntas que necesitan respuesta. Ese proceso requiere del intercambio entre los equipos técnicos, los miembros CREA y los asesores. “No resuelve si no tenés clara la pregunta”, advirtió.
A partir de datos confiables, la inteligencia artificial permite desarrollar herramientas, pero la definición de los problemas y los objetivos sigue en manos de las personas.