Gestión de equipos de trabajo en la empresa agropecuaria
La gestión de equipos de trabajo representa uno de los principales desafíos de las empresas agropecuarias, y Bruno Rova Bagilet desarrolló una metodología al respecto que, si bien puede parecer poco convencional, ha mostrado un alto grado de efectividad al comprender las diferentes dimensiones de la experiencia humana.
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El teólogo y fundador de la consultora en capital humano Existential cree que, en tiempos de aceleración tecnológica y cambios de paradigma, la pregunta por el sentido de las elecciones humanas vuelve a colocarse en el centro de la escena.
Durante una charla ofrecida en el Congreso de la región CREA Córdoba Norte 2026, Rova Bagilet dijo que, en lugar de percibir los avances tecnológicos como una amenaza destructiva, estos deben ser planteados como una oportunidad de liberación conceptual.
“La fotografía desafiaba la habilidad humana. ¿Dónde quedaba el expertise de un pintor cuando una máquina podía representar la realidad con tanta precisión? Pero, paradójicamente, más que desplazar, anular o minusvalorar al artista, la fotografía lo liberó”, expresó.
El especialista cuestionó la noción lineal del tiempo para situar las decisiones cotidianas en un marco temporal más amplio y complejo. “Muchas veces pensamos que el presente es cronológico y no es así”, advirtió, para luego plantear que “el presente humano es una extraña combinación entre pasado, presente y futuro”, donde se articulan experiencias y se proyectan posibilidades.
Esa perspectiva adquiere una dimensión crítica para quienes tienen a su cargo la gestión de equipos de trabajo. Según remarcó, quienes lideran organizaciones enfrentan una doble exigencia: “No solamente tienen que construir su propia existencia, sino que también tienen que contribuir a construir las condiciones de existencia de sus empresas y de las personas que trabajan en ellas”.
En ese sentido, cuestionó el fin último de las empresas al considerar que “no se trata solamente de producir más; no se trata solamente de ganar más dinero ni de alcanzar objetivos. Se trata de construir condiciones para que el ser humano pueda ser quien es”.
Las tres dimensiones del desarrollo humano
Para comprender la complejidad de las motivaciones personales y profesionales, Rova Bagilet presentó un modelo operativo denominado el “manual de instrucciones del ser humano”, compuesto por tres dimensiones interconectadas:
Dimensión efectiva: Vinculada a las necesidades básicas, la ejecución práctica y la generación de valor computable. “A nivel personal, comer, vestirnos, tener un refugio, contar con seguridades básicas. En una empresa, significa gestionar recursos, cumplir objetivos, alcanzar metas y generar valor”, detalló. Sin embargo, advirtió que reducir la gestión a esta esfera resulta insuficiente: “Si, por ejemplo, mi estrategia de retención como empresa es únicamente el salario, posiblemente termine contratando mercenarios”.
Dimensión afectiva: Relacionada con el sentido de pertenencia, el reconocimiento y las habilidades relacionales. “Todo ser humano necesita sentir placer, satisfacción, entusiasmo y ganas. El ser humano hace aquello que siente que le hace bien”, recordó.
Dimensión de perspectiva: Centrada en la capacidad de atribuir sentido, trascender y proyectar hacia el futuro. “El ser humano se realiza cuando hacemos algo significativo con nuestra vida. Cuando algo es significativo para mí y también lo es para otro, sentimos que estamos trascendiendo”.
El punto de intersección de estas tres dimensiones define el espacio de una “existencia auténtica”. Según el consultor, el tamaño de esa intersección depende directamente de la dinámica bajo la cual operan las personas y los equipos de trabajo.
Al abordar la dinámica del miedo, señaló cómo esta achica la percepción y constriñe el potencial creativo: “Cuando estamos dentro de una dinámica de miedo, nuestra percepción se achica. Perdemos capacidad para articular variables, tener pensamiento contraintuitivo, adaptarnos, crear y desarrollar pensamiento disruptivo”.
Por el contrario, la denominada dinámica de la confianza funciona como un catalizador de excelencia y plenitud, dado que no solo involucra el factor ejecutivo, sino también el emocional, que es esencial para entender las relaciones humanas.
El trabajo existencial desplaza la mirada habitual de la gestión laboral —centrada únicamente en tareas, eficiencia y retribución— para situar la actividad profesional como un eje vertebrador de la identidad, el sentido y la autorrealización humana. No se trata simplemente de lo que hacemos para subsistir, sino de cómo lo que hacemos cotidianamente se convierte en un vehículo para manifestar y desplegar lo que somos.
El consultor explicó que cuando el trabajo se limita a la dimensión efectiva y afectiva, puede generar lugares confortables pero vacíos ("jaulas doradas"). El verdadero trabajo existencial se consolida cuando la dimensión de perspectiva conecta la tarea cotidiana con un propósito amplio.
La labor diaria pasa a ser un ámbito donde la persona puede verse reflejada en su obra. Cuando el trabajo carece de esta dimensión, aparece la enajenación: se alcanzan los objetivos, pero el empleado no logra reconocerse en sus propios logros.
Dado que el tiempo invertido en la jornada laboral es un fragmento irrecuperable de la existencia misma, el trabajo existencial exige que esa inversión "valga la vida" y no solo "valga la pena".
Las empresas tienen el enorme desafío de no deshumanizar sus entornos, para lo cual se requiere alinear los objetivos de la organización con el desarrollo de cada integrante del equipo de trabajo.
“¿Qué hace que nuestra existencia sea algo que no solamente valga la pena, sino que valga la vida? Porque el tiempo que nosotros invertimos en lo que hacemos es nuestra vida. Y ese tiempo no vuelve”, sintetizó el expositor.
“El gran desafío no es solamente construir empresas exitosas. Es construir vidas que estén a la altura de aquello que podemos llegar a ser”, resumió.