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Del talento individual al trabajo en equipo: las claves del alto rendimiento

En el Congreso de Córdoba Norte, Juan Manuel Brindisi analizó las claves del trabajo en equipo para alcanzar un alto rendimiento y fortalecer el liderazgo.

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10 de octubre de 2026 - 20:50

El talento individual no alcanza para construir un equipo de alto rendimiento. El trabajo en equipo exige una distribución clara de roles, confianza, liderazgo y capacidad para afrontar derrotas y triunfos. Tanto en el deporte como en las empresas, estos factores resultan fundamentales para alcanzar objetivos comunes, superar dificultades y sostener los resultados a lo largo del tiempo.

Estos desafíos fueron abordados durante el Congreso Regional CREA Córdoba Norte 2026, realizado el 2 de octubre en la ciudad de Córdoba. Bajo el lema “Presentes para Trascender”, el encuentro reunió a empresarios, técnicos y referentes del sector agropecuario para reflexionar sobre las transformaciones de las organizaciones. La jornada se estructuró en tres ejes: Presencia, Armonía y Trascendencia.

Juan Manuel Brindisi compartió su experiencia en la construcción de equipos de alto rendimiento. Psicólogo clínico y deportivo, coordina el Departamento de Psicología de las Selecciones Nacionales de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), donde trabaja con 19 selecciones.

Su charla, moderada por Mailen Maccio, líder del equipo de temario del congreso, se desarrolló bajo el título “Conjugar el nosotros: de talentos individuales a equipos extraordinarios”, en el bloque dedicado a la armonía y la gestión de personas, que indaga sobre la importancia de lo distinto para construir valor compartido, atravesado por la integración tanto generacional como de talentos.

Brindisi llegó a la AFA en 2017, después de tres finales perdidas por la selección argentina de fútbol y la renuncia de Lionel Messi en 2016. Aquella decisión lo impulsó a elaborar un proyecto de psicología deportiva que fue aceptado un año después.

Al incorporarse, detectó que los jugadores juveniles tenían entusiasmo por llegar a la selección, pero poco interés por regresar. “Lo primero fue preguntarnos qué nos estaba pasando y qué podíamos ofrecerles para generar pertenencia”, recordó.

Luego comenzaron a trabajar sobre la pertinencia: el rol y las responsabilidades de cada integrante. “Podés ponerte la camiseta de una institución, pero ¿qué rol desempeñás? ¿Cómo asumís tu talento para trabajar en equipo?”, planteó. Ese rol no siempre coincide con el que cada persona desea ocupar.

La formación de nuevos talentos

¿Qué pasará cuando Lionel Messi deje de jugar en la selección argentina de fútbol? Ante la pregunta de Maccio, Brindisi sostuvo que la salida de grandes figuras debe abordarse con años de anticipación, mediante la formación de nuevos talentos. Sin embargo, distinguió entre reemplazar a una persona y reproducir sus características. “Un jugador reemplaza a alguien, pero no es esa otra persona. Vos llegás con tu impronta y con tu talento. Nadie es el sucesor de nadie”, afirmó.

Esta perspectiva forma parte de la preparación psicológica ante situaciones decisivas, como el debut en un Mundial o una final. “Confía en lo que te trajo hasta acá”, suele transmitir a los jugadores. Incluso quienes acumulan títulos sienten nervios antes de competir. Brindisi denomina a esa sensación “fuego sagrado”: una motivación que puede variar en intensidad, pero no debería desaparecer.

Muchos integrantes del plantel mayor recorrieron las categorías juveniles desde la Sub-15 y acumularon experiencia internacional, acompañados por las figuras que luego cederán su lugar. Ese proceso facilita el recambio sin exigir que los nuevos talentos reproduzcan la identidad de sus antecesores.

La exigencia del alto rendimiento

“El alto rendimiento es tener que revalidarte en cada entrenamiento y en un partido cada tres días. Nunca es definitivo, siempre hay que seguir trabajando”, explicó. Los resultados tampoco son definitivos: un mal desempeño puede revertirse y una etapa exitosa no garantiza nuevos triunfos. El especialista comparó estos procesos con los ciclos de la vida, donde se alternan períodos de crecimiento y dificultades.

Al recordar su llegada a la AFA, señaló que entre los integrantes de la selección argentina de fútbol existía una sensación de impotencia después de varias finales perdidas. “Cuando uno cae en esos lugares de impotencia absoluta, tiene que poder trabajarlos y darlos vuelta. Lo primero es darse cuenta”, recordó.

La recuperación coincidió con un recambio generacional después del Mundial de Rusia 2018. Algunos futbolistas dejaron sus lugares a nuevos integrantes, mientras otros asumieron funciones diferentes.

El valor del equipo

El talento individual no alcanza para sostener el desempeño colectivo. Brindisi destacó que la capacidad de trabajar con otros también se evalúa durante los procesos de selección.

Distinguió entre quienes sobresalen por sus condiciones individuales y aquellos que aportan un rendimiento estable. “Tenés jugadores que son seis o siete puntos todos los partidos. No van a descollar, pero te van a dar la estabilidad necesaria para sostener los procesos”, explicó. A ellos se suma el aporte de entrenadores, cuerpos médicos, utileros y dirigentes.

Otro desafío es la convivencia entre generaciones. “Podés tener un utilero de 70 años trabajando con un jugador de 18. Y ese utilero tiene que pensar qué puede aportar y qué le puede dar de útil a ese chico”, ejemplificó. En las selecciones de la AFA, los mismos trabajadores que atendieron a figuras como Messi recibieron a los chicos y chicas de la Sub-15. Esa continuidad permite transmitir valores y construir una identidad compartida.

Entre partidos

El espacio entre competencias permite evaluar el desempeño y preparar las próximas acciones. Durante el partido, en cambio, la prioridad es ejecutar lo aprendido. “Si a vos te llega una pelota y estás pensando en qué va a pasar en la conferencia de prensa o qué te dijeron antes del partido, no estás ahí ejecutando”, explicó.

Cuando un futbolista puede disputar 65 partidos en 10 meses, esos intervalos resultan fundamentales para reconocer aciertos y errores. La derrota debe convertirse en aprendizaje, ya que puede responder a una preparación insuficiente, la superioridad del rival o variables imprevistas. “Hay que entender por qué no se dio, hablar sinceramente y aprender de eso. Lo importante es poder seguir en el juego, tanto en una empresa agropecuaria como en el fútbol, y sostenerse cuando las cosas no salen”, afirmó.

Un partido alterna momentos de dominio con otros en los que debe responderse a la superioridad del adversario. Lo mismo ocurre en las empresas, donde a veces es necesario resistir y reorganizarse para recuperar la iniciativa. “En las selecciones trabajamos previamente qué vamos a hacer cuando nos toque sufrir un partido y cómo vamos a sostenerlo cuando estemos ganando”, explicó.

Las formas de liderazgo

La imagen de un líder que nunca se equivoca perdió efectividad frente a las nuevas generaciones. “Para mi generación era un líder modelo. Para las generaciones nuevas es un líder con el que no se puede conectar. Hoy un líder tiene que poder mostrar que también falla o que hay cosas que no sabe”, explicó.

En las selecciones de la AFA, identificaron cuatro tipos de referentes o formas de liderazgo. El líder futbolístico se destaca por su desempeño en la cancha y el social por su influencia en el vestuario. El tercero es el referente de alegría, fundamental para la convivencia bajo presión. “Es aquel que pone la música, cuenta un chiste, arma los mates y sabe llevar alegría en momentos de tantas dificultades”, ejemplificó.

La cuarta figura es el jugador puente, capaz de conectar distintos sectores del equipo. También identificaron a los jugadores nudo: quienes reúnen dos o más formas de liderazgo y cumplen un papel central en la estructura grupal. Además, estos sociogramas permiten detectar a quienes no son elegidos por sus compañeros.

Brindisi advirtió que los referentes también necesitan atención, aunque no manifiesten dificultades. “Nunca digan: ‘Esta persona no va a necesitar que yo me acerque’. A veces uno está pendiente de las urgencias y deja de lado a alguien que es un referente futbolístico o social. También hay que acercarse, ver cómo está y qué piensa”, recomendó.

La construcción de vínculos

Integrar personas de distintas edades, profesiones e ideas requiere comprender sus necesidades y generar encuentros antes de que aparezcan conflictos. Algunas prefieren conversar sobre cuestiones personales; otras necesitan conocer qué se espera de ellas. El acompañamiento puede ser individual, en subgrupos o colectivo.

Brindisi comparó su llegada a la AFA con el trabajo sobre una tierra que no producía los resultados esperados. “En los papeles era superfértil, pero ¿qué pasaba que no se llegaba a término? Tuvimos que ver qué podíamos aportar más allá de nuestro conocimiento y estar muy cerca, que era lo que necesitaban”, recordó.

Esa búsqueda incluyó la incorporación de psicólogos y actividades fuera de los predios. Durante las competencias internacionales, procuran que los jugadores conozcan los lugares que visitan y puedan compartir esas experiencias con sus familias. Brindisi destacó el valor de esos momentos, en los que los futbolistas envían fotos a sus seres queridos y les muestran dónde están, como parte del cuidado durante los períodos lejos de casa.

El trabajo también abarca la conducta fuera de la cancha. Al finalizar los torneos, solicitan a los hoteles cartas de felicitación por el comportamiento de las delegaciones. “La marca Selección Argentina la estamos jugando todo el tiempo, no solo adentro de la cancha”, afirmó. Cada situación cotidiana forma parte de la cultura institucional.

Otro aprendizaje es saber ganar. Después de conseguir un título, el equipo necesita nuevas motivaciones y prepararse para enfrentar rivales que ahora buscan derrotarlo. “Cuando tomás un primer puesto, ¿cómo aprendés a pararte ahí y a funcionar desde ese lugar? No te van a venir a abrazar todos los partidos. Te van a querer ganar”, planteó.

El liderazgo que transforma

¿Cómo preparar a un equipo para salir a ganar? Ante la pregunta de Maccio, Brindisi propuso revisar si las funciones están bien distribuidas, si cada integrante comprende sus responsabilidades y si existen oportunidades para desarrollar nuevas capacidades. Incluso quienes se destacan necesitan desafíos y espacios de escucha.

El valor de un líder también se mide por su capacidad para desarrollar a quienes lo acompañan. “Lo que queda en el tiempo es aquel técnico, entrenador o entrenadora que mejoró lo que estabas haciendo. Vos decís: ‘Después de pasar por esta persona, ya no fui igual’”, afirmó. Para Brindisi, los mejores conductores son aquellos que saben “jugar y hacer jugar”, capaces de potenciar el talento de los demás y poner la ambición personal al servicio del equipo.

Sobre el cierre, Maccio retomó la importancia de escuchar a los demás y reconocerlos como fuentes de aprendizaje, más allá de la posición que cada uno ocupa. “Reconocer maestras y maestros es algo fundamental para poder crecer y para que brillen las personas que están al lado tuyo”, coincidió Brindisi. A su entender, los mejores conductores son aquellos que permiten a otros desarrollar sus capacidades y alcanzar su mejor desempeño.

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