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Huella de carbono en sistemas de cría y recría de Corrientes ¿Qué nos dicen los datos?

Ganadería argentina. Huella de carbono en sistema de cría y recría de Corrientes. CREA presente en una jornada del IPCVA.

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25 de septiembre de 2026 - 15:43 Por CREA Área de Ambiente

La ganadería argentina está atravesado un buen momento y la huella de carbono parece haber pasado a un segundo plano en la actual coyuntura global. Sin embargo, en algunos mercados es un factor relevante, al tiempo que naciones competidoras emplean esa información para diferenciarse.

"La cuestión climática no debe percibirse como un obstáculo para el sector, sino como una oportunidad de posicionamiento estratégico. Países competidores de la región, como Uruguay y Brasil, llevan años invirtiendo presupuestos significativos en programas de sostenibilidad y medición de huella de carbono", explicó Pablo Cañada, analista del área de Ambiente de CREA y coordinador del proyecto “Ganadería Posible”, durante una charla ofrecida esta semana en una jornada técnica realizada en Goya, Corrientes, por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA).

La clave del proyecto radica en enfocar la discusión en la intensidad de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), una métrica que relaciona el total de gases emitidos con los kilos de carne producidos, lo que se expresa en kg CO2eq / kg de carne.

Cría y recría

El Proyecto de Carbono en Sistemas Agropecuarios de CREA midió la huella de carbono en sistemas de cría y recría representativos de la provincia de Corrientes. "El objetivo no fue poner una nota a nadie, sino entender de dónde salen las emisiones en estos planteos, cuánto pesa cada fuente y qué decisiones de manejo mueven la aguja", explicó Luis María Arias Usandivaras, quien, junto a Diana de Salazar, coordinó el Proyecto de Carbono.

"El resultado más importante es que en los sistemas analizados casi todas las prácticas que bajan la huella son las mismas que ya se recomiendan para producir más. No hay que elegir entre producir y cuidar el ambiente", remarcó.

El cálculo es, en esencia, una división: las emisiones totales del sistema en un año, divididas por los kilos de carne que ese sistema produjo en ese mismo año. Lo que hace falta es medir bien el numerador y el denominador.

Luis María Arias Usandivaras

Tomando como base la metodología implementada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones unidas, se midieron las emisiones provenientes de la fermentación entérica, excretas del rodeo, pasturas y fertilización, balance de carbono del suelo e insumos y combustibles.

Para cada sistema evaluado se cargó el censo del rodeo por categoría con pesos promedio, los índices reproductivos y de mortalidad, la ganancia diaria de peso, la composición y calidad de la dieta, los kilos de suplemento efectivamente suministrados, la superficie y fertilización de verdeos y pasturas, y el consumo de combustible. Los datos corresponden a una campaña completa, de julio a junio, para captar el ciclo entero.

Se trabajó con ocho sistemas: cinco modelos productivos teóricos y datos reales de tres establecimientos correntinos. Los modelos se construyeron a partir de promedios técnicos zonales y se validaron con técnicos y referentes CREA. Todos ellos se corrieron con la misma carga animal, 0,6 equivalentes vaca por hectárea, para que la comparación entre planteos no quedara contaminada por diferencias de carga. Los tres campos reales, en cambio, tienen cada uno la carga y el planteo que manejan.

"La base forrajera de todos los modelos es el campo natural, que es la realidad dominante en la región. Lo que cambia entre uno y otro es qué se le agrega a esa base y con qué eficiencia se aprovecha", explicó Luis.

"La comparación entre los dos modelos de cría es deliberada: comen exactamente lo mismo. La única diferencia es la eficiencia reproductiva, que sube la preñez del 80% al 90% y el destete del 71% al 80%. En los tres modelos de recría, en cambio, lo que cambia es la cadena forrajera propiamente dicha: el mismo animal de 180 kilos termina en 280 si come solo campo natural, y en 335 kilogramos si recibe concentrado en el invierno o pastorea un verdeo de raigrás. Esos 55 kilos de diferencia por cabeza son los que después explican casi todo el resultado", añadió.

Los tres establecimientos reales considerados son campos mixtos, que combinan cría con una proporción de recría. Se presentan de forma anónima. La proporción de recría sobre el total de producción es del 14% en el Campo 3, del 21% en el Campo 1 y del 25% en el Campo 2. Los tres incorporan algo de pasturas implantadas y verdeos, en distinta medida, y difieren bastante en el uso de concentrados: ese es el factor que más los separa en el resultado final.

Resultados

La producción de carne por hectárea se explica por dos factores: cuánta hacienda hay (existencias) y con qué eficiencia esa hacienda produce (eficiencia de stock). En estos sistemas las existencias son bastante parecidas, entre 199 y 263 kilogramos de peso vivo por hectárea. Lo que realmente cambia es la eficiencia de stock, que se ubica en un rango del 27% al 58%.

"Conviene mirar con atención la fila de emisiones por hectárea, porque leída sola lleva a la conclusión contraria. Los dos valores más altos, 2359 y 2075 kg CO2eq/ha, corresponden a los sistemas de recría intensificados. Pero esos mismos sistemas producen 152 kilos de carne por hectárea, casi el doble que el resto, y terminan con huellas de 15,5 y 13,6, entre las más bajas. Emitir más en total no es lo mismo que emitir más por kilo", señaló el técnico CREA.

El rango medido va de 13,6 a 18,9 kg CO2eq por kilo de carne. Se trata de una diferencia del 39% entre el mejor y el peor sistema, dentro de la misma región y con planteos no tan distintos entre sí. "El tipo de planteo no define la huella: hay sistemas de cría y de recría en los dos extremos del rango. No es cría contra recría: son sistemas eficientes contra sistemas que no lo son", resaltó.

Entre el 55% y el 73 % de las emisiones vienen de la fermentación entérica. Sumando el metano de las excretas, el metano llega al 57-75% del total. El resto es casi todo óxido nitroso de excretas. Combustible, fertilizante y alimentos concentrados pesan poco en estos planteos. "La eficiencia de stock manda. A mayor eficiencia de stock, menor huella. La tendencia se repite en los ocho casos evaluados", indicó.

El estudio muestra por qué producir mejor baja la huella de carbono. "La energía de mantenimiento no se negocia. Un vacuno gasta buena parte de lo que come solo en mantenerse vivo, produzca o no produzca. Ese costo es prácticamente fijo. Cuando ese mismo animal desteta un ternero más pesado o tiene más ganancia de peso, el costo fijo se reparte entre más kilos de carne, y la huella por kilo baja sin que las emisiones totales suban en la misma proporción", señaló Luis.

El otro factor clave es que con forraje de mejor calidad, el animal libera como metano una fracción menor de la energía que consume. Es decir: come menos por kilo ganado y ese alimento fermenta mejor. Por eso una mejora en la cadena forrajera baja la huella por dos vías a la vez: más kilos producidos y menos metano por unidad de energía consumida.

Las variables clave que distinguen a los planteos ambientalmente eficientes son preñez y destete (la "palanca" más grande y la más barata en sistemas de cría), sanidad del rodeo, agua y apotreramiento (mejor distribución del pastoreo y mejor calidad de lo que se come), manejo de la lactancia (terneros más pesados al destete y vacas que se recuperan antes del servicio), calidad de la dieta y edad de entore, entre otros. "Ninguna de estas es una práctica ambiental: son las mismas que ya se recomiendan para producir mejor", apuntó.

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