En la Expo Rural de Palermo –que comenzó esta semana en la ciudad de Buenos Aires– la sostenibilidad de la ganadería argentina tuvo un capítulo especial con un panel dedicado al Programa para la Ampliación de la Ambición Climática en el Uso de la Tierra y la Agricultura (SCALA).
Ganadería argentina: un programa integral para promover la sostenibilidad en el territorio
Sostenibilidad. Se presentaron en la Expo Rural los avances del Programa para la Ampliación de la Ambición Climática en el Uso de la Tierra y la Agricultura.
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SUSCRIBITESe trata de una iniciativa global implementada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que es financiada por la Iniciativa Internacional del Clima (IKI) de Alemania. El programa nació en 2020 con presencia en 12 países de Asia, África y América Latina, donde participan Colombia, Costa Rica y la Argentina.
“Su propósito central es acompañar a las naciones en la transición hacia sistemas productivos más resilientes y con menores emisiones de gases de efecto invernadero, transformando sus compromisos climáticos nacionales y planes nacionales de adaptación en acciones concretas en el territorio”, explicó Carla Pascale, coordinadora de SCALA (PNUD).
“El programa se destaca por una gobernanza compartida entre dos agencias de Naciones Unidas y por un diseño flexible e iterativo basado en la ciencia, capaz de operar de manera simultánea a nivel global, regional, provincial y local, descendiendo directamente hasta el nivel de lote”, añadió.
En la Argentina el proyecto se ejecuta en la región pampeana, abarcando las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Tanto el gobierno nacional como los provinciales son parte de la iniciativa a través de representantes de las respectivas áreas de Ambiente y Agricultura. El proyecto cuenta además con el sostén de la Red de BPA y el acompañamiento técnico del INTA, universidades y la Sociedad Rural Argentina (SRA), entre otros actores.
Actualmente, SCALA trabaja en la determinación de factores de emisión nacionales específicos, registrando avances en lo que respecta a la determinación del factor de emisión de óxido nitroso en las producciones agrícolas, concentrando el foco en el impacto de los fertilizantes nitrogenados. “Esta línea de trabajo ya cuenta con dos resultados consolidados y se encuentra a la espera de la publicación de un documento científico”, destacó Pascale.
El programa también está determinando, junto a CREA, los factores de emisión asociados a la producción ganadera, mientras que con Aapresid se encuentra actualizando los mapas de carbono disponible en el suelo.
El éxito integral de la iniciativa se evalúa a través de una matriz de impacto que contempla tres dimensiones: el eje ambiental, mediante la consolidación de prácticas agropecuarias resilientes y con baja intensidad de carbono; el eje social y económico, enfocado en el desarrollo de nuevas capacidades y la mejora de la competitividad de los productores; y el eje institucional, encargado de plasmar la evidencia científica y los consensos público-privados en eventuales políticas públicas.
“De forma complementaria y en el marco de la búsqueda de nuevas oportunidades de financiamiento, el programa colabora activamente con las provincias y el sector privado en la evaluación y desarrollo de seguros agroclimáticos”, comentó.
Ganadería argentina
¿Son los sistemas ganaderos más rentables los que más gases de efecto invernadero emiten? ¿Los planteos con menor huella de carbono son acaso los menos rentables? Para dar respuesta a esas preguntas, CREA analizó más de 1900 gestiones ganaderas recopiladas desde el año 2015 hasta la actualidad. De ese universo, se seleccionaron 122 casos que contaban con la información más exhaustiva.
La muestra final analizada abarcó 45 sistemas de cría pura y 38 establecimientos de ciclo completo, además de 21 de invernada, 14 de cría + recría y 4 de feedlot. El 54% de los casos corresponden a Buenos Aires, mientras que 33% son de Córdoba, 9% de Entre Ríos y 4% de Santa Fe.
Los establecimientos evaluados oscilan entre las 90 y las 8500 hectáreas, mientras que el tamaño del rodeo se ubica en un rango de 50 a 2200 vientres en servicio y los valores de producción de carne de la muestra se ubican entre los 50 y los 230 kilogramos por cabeza.
Cada caso fue evaluado de manera multidimensional cruzando variables productivas (preñez, destete, producción de carne), económicas (margen bruto, rentabilidad, costo del kilo producido) y ambientales (intensidad de emisiones de carbono).
“Aproximadamente el 80% del consumo de materia seca de una vaca se destina exclusivamente a su mantenimiento. El animal permanece todo el año en el campo alimentándose, manteniéndose y emitiendo gases, independientemente de su éxito reproductivo. Por lo tanto, la clave biológica y ambiental consiste en diluir esas emisiones fijas mediante la producción efectiva de un ternero. Al lograr que cada vientre genere un ternero anualmente, se reduce drásticamente la intensidad de emisiones por cada kilogramo de peso vivo retenido en el establecimiento”, expuso Mercedes Vassallo, representante de CREA en SCALA.
Al correlacionar la eficiencia de stock (kilogramos de carne producidos por cada kilo de peso vivo en el campo) con la intensidad de emisiones de carbono, el estudio demostró una relación marcadamente negativa. “Esto significa que a medida que un campo se vuelve más eficiente para producir carne, la intensidad de emisiones por kilogramo final cae de manera notable”, explicó.
Al segmentar la población analizada y comparar el grupo de productores de punta frente a la media general, los resultados fueron contundentes. Las empresas más rentables registraron una rentabilidad que supera en más de dos veces al promedio de la población evaluada. Este desempeño económico superior se explicó por una mayor eficiencia de stock, más kilogramos producidos por vientre y un menor costo por kilo de carne logrado. “El dato fundamental es que estos sistemas más rentables presentaron una menor intensidad de emisiones que el resto de la población”, señaló Vassallo.
Al evaluar los sistemas de menores emisiones, en el segmento con mejor desempeño ambiental se observó que alcanzaron casi el doble de rentabilidad que el promedio general de la muestra, un menor costo del kilo producido y la mayor eficiencia productiva de la muestra.
“La cría vacuna es una actividad caracterizada por una estructura rígida de costos fijos elevados, por lo que la clave en términos económicos y ambientales consiste en consolidar las eficiencias productivas”, remarcó Vassallo.
“Buscar un mayor porcentaje de destete y lograr terneros más pesados es la estrategia más efectiva para mejorar la rentabilidad y, al mismo tiempo, emitir menos por unidad de producto”, resumió.
Por su parte, Laureano Corvalán, consultor de SCALA (PNUD), hizo un repaso de los riesgos climáticos presentes en la actividad agropecuaria y de las acciones posibles para su mitigación, al tiempo que Camila Ajmat, líder de Sostenibilidad de la Sociedad Rural Argentina (SRA), presentó las características del Sello de Triple Impacto para la producción agropecuaria y forestal diseñado por esa entidad. El evento fue presentado por Andrés Costamagna, director de la Sociedad Rural Argentina (SRA), y Manuel Chiappe, subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.