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Ensayos de silaje en Córdoba: rendimientos y calidad

Los ensayos de silaje de CREA Córdoba Norte mostraron diferencias entre híbridos de maíz y sorgo en rendimiento, calidad y costos durante la campaña 2024/25.

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29 de septiembre de 2025 - 13:54 Por CREA Región Córdoba Norte | COR

La Mesa Ganadera de la región CREA Córdoba Norte impulsa una red de ensayos de silaje destinada a evaluar híbridos de maíz y sorgo en distintos ambientes, medir su rendimiento y calidad, y analizar el costo de la fibra para mejorar la eficiencia forrajera.

Los resultados de la campaña 2024/25 mostraron diferencias significativas entre materiales y aportaron información clave para planificar el manejo y la estrategia de alimentación. Estos avances fueron presentados en la Jornada de Actualización Técnica “Ganadería en movimiento”, realizada por la región Córdoba norte de CREA en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

El trabajo se organizó en tres ejes: en primer lugar, se determinó el rendimiento de los híbridos en ambientes contrastantes; en segundo término, se evaluó la tasa de secado y la ventana óptima de picado, variables esenciales para asegurar una correcta conservación del material; y finalmente, se analizó la calidad nutricional y el costo de la fibra, bajo parámetros como energía, proteína, fibra y digestibilidad.

Osvaldo Luna, responsable técnico de la Mesa Ganadera de la región CREA Córdoba Norte, destacó que el objetivo es representar de manera amplia al área de influencia de la zona. “Los ensayos buscan integrar ambientes del centro y norte de Córdoba y la parte Este de la región. De esta manera logramos que los resultados tengan validez para una mayor diversidad de productores”, sostuvo.

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Maíz: resultados de la campaña 2024/25

Conrado Buteler, responsable de los ensayos a campo, explicó que en maíz se planificaron cuatro sitios de evaluación, aunque uno de ellos se perdió por falta de lluvias. Los datos de la campaña 2024/25 abarcaron tres localidades: Totoral, Marull y Sacanta, donde se registraron diferencias en acumulación de materia seca y rendimientos que oscilaron entre 14 y 22 toneladas por hectárea.

En los ensayos de maíz se aplicó un protocolo diseñado para replicar las condiciones de producción habituales en la región. Antes de la siembra se evaluaron la fertilidad del suelo y el agua útil disponible. Luego, cada sitio se implantó con ocho híbridos, sembrados en tres repeticiones bajo un diseño estadístico de bloques, para dar validez a los datos.

Una particularidad de la campaña fue el adelantamiento de la fecha de siembra. Tradicionalmente, en la zona los lotes se implantan entre fines de diciembre y principios de enero. En este caso, los tres sitios se sembraron entre el 17 y el 21 de diciembre de 2024, entre 10 y 15 días antes de lo habitual. Según explicó Luna, “eso fue una novedad porque veníamos de un problema de Spiroplasma, transmitido por la chicharrita. Todo lo que sembramos tarde tuvo peores resultados, por eso adelantamos la fecha, aunque fueran maíces de segunda”.

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El protocolo de muestreo se organizó en tres etapas. En las dos primeras se priorizó el análisis de calidad y de contenido de materia seca (MS), con valores de entre 25 y 30% MS, necesarios para definir la tasa de secado del cultivo de los diferentes híbridos. En la tercera etapa, en el momento de picado, se puso el foco en rendimiento cosechando los materiales entre 35 y 40% de MS.

Para mejorar la precisión, se incorporó una freidora eléctrica de aire que permitió estimar la materia seca en campo, anticipar los resultados del laboratorio y ajustar con mayor rapidez las fechas de muestreo. “La freidora nos permitió tener el dato de materia seca en el momento y decidir con cuántos días de diferencia debíamos volver a muestrear”, destacó Buteler.

En la campaña 2024/25, la tasa de secado promedio fue de 0,5% de materia seca por día, un valor que permitió proyectar con antelación la logística de cosecha. “Si un productor toma una muestra en el lote y encuentra 30% de materia seca, y sabemos que necesitamos picar en 35%, entonces, como el cultivo seca 0,5% por día, en unos diez días ya puede entrar a picar. Esa información permite planificar con anticipación la logística de la cosecha”, ejemplificó Luna.

El clima acompañó el resultado de los ensayos: en Marull, Sacanta y Totoral las precipitaciones superaron el promedio histórico, aunque concentradas en febrero y marzo. Este contexto se tradujo en una mejora de rendimientos frente a ciclos anteriores afectados por chicharrita o sequías.

Además, se detectaron diferencias significativas entre híbridos en todos los parámetros de calidad analizados. “Este año pusimos mucho el foco en la calidad. Analizamos materia seca, almidón, fibra y digestibilidad de la fibra, porque son los parámetros que más definen el valor del silaje”, puntualizó Buteler.

Ranking de híbridos: producción y calidad en maíz

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La campaña 2024/25 mostró un rendimiento promedio de 18.990 kilos de materia seca por hectárea en los tres sitios evaluados. El mejor resultado se registró en Marull, con 22.400 kg MS/ha, seguido por Sacanta con 20.100 kg MS/ha, mientras que Totoral alcanzó 14.400 kg MS/ha.

Más allá de las diferencias entre localidades, el análisis se enfocó en la respuesta de los híbridos dentro de cada sitio. En Totoral, por ejemplo, la brecha entre el material de mayor rendimiento y el de menor fue de 2.000 kilos de materia seca por hectárea. “Lo que buscamos no es comparar un sitio con otro, sino ver qué híbridos se comportaron mejor en cada ambiente”, explicó Luna.

En paralelo al rendimiento, se caracterizaron parámetros de calidad que permitieron comparar materiales. El promedio de la campaña indicó un contenido de proteína cruda de 9%, una proporción de fibra detergente neutro (FDN) del 41% y de fibra detergente ácido (FDA) del 25%, con valores de lignina cercanos al 4%. El contenido de almidón promedió el 33%, mientras que la digestibilidad de la FDN a 30 horas se ubicó en 52%.

Estos resultados mostraron que la elección de un híbrido no puede basarse únicamente en el volumen de producción. “El mensaje que intentamos transmitir fue que no hay un híbrido mejor que otro, sino que cada productor debe elegir el que se adapta mejor a su estrategia. A veces se resigna un poco de rendimiento para ganar en ventana de picado, o se prioriza digestibilidad o contenido de almidón”, señaló Buteler. En la misma línea, Luna remarcó: “No hay un híbrido mejor que otro, sino uno para cada necesidad”.

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Sorgo: rendimientos y calidad

En el caso del sorgo, los ensayos se realizaron en cuatro sitios —El Tío, Avellaneda, La Quinta y Candelaria Norte— que permitieron cubrir norte, oeste y este de la región CREA Córdoba Norte. Esta representatividad fue clave, ya que hacia el este se concentra una creciente cantidad de tambos y hacia el norte predominan los sistemas de cría bovina. Las siembras se escalonaron entre fines de noviembre y principios de diciembre, con la particularidad de que solo uno de los sitios recibió fertilización, lo que permitió observar respuestas en condiciones contrastantes.

El protocolo aplicado fue similar al de maíz, con la diferencia de que los primeros muestreos se guiaron por días después de floración y no por contenido de materia seca. Este ajuste respondió a la mayor variabilidad del cultivo en el secado, que obligó a utilizar otro criterio de evaluación. La tasa de secado promedio de la campaña fue de 0,4% de materia seca por día, un valor inferior al registrado en maíz, aunque con híbridos que se ubicaron por encima o por debajo de esa media.

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En cuanto al rendimiento, el sorgo alcanzó un promedio general de 17 toneladas de materia seca por hectárea. Las diferencias entre sitios fueron notorias: Avellaneda registró 19,9 toneladas, La Quinta 16,6, Candelaria Norte 17,7 y El Tío 13,9. Estos valores se ubicaron por debajo de los obtenidos para los sitios de estudio en maíz.

Sin embargo, los técnicos remarcaron que el análisis no debe plantearse como una competencia directa entre cultivos. “Muchas veces la discusión es maíz o sorgo. Nosotros creemos que es maíz y sorgo, porque en una misma empresa se pueden combinar. El sorgo aporta fibra y estabilidad, y el maíz más volumen de materia seca. La clave está en la combinación y no en discutir si es uno o el otro”, señaló Buteler.

Los parámetros de calidad mostraron diferencias significativas en almidón, fibra detergente neutro y digestibilidad de la fibra, mientras que en proteína no se registraron diferencias entre híbridos, aunque sí entre sitios. Un caso particular fue el de un híbrido BMR, que se destacó por su alta digestibilidad pese a ubicarse por debajo en volumen de producción.

“Ese biotipo mostró que, aun con menor rendimiento, podría aportar un forraje de mejor calidad, lo que refuerza la importancia de diferenciar entre tipos de híbridos”, agregó Buteler.

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Análisis económico del silaje

El análisis económico mostró diferencias entre maíz y sorgo, aunque en ambos casos el rendimiento fue determinante para definir los costos. En Sacanta, los lotes de maíz con máximo rendimiento alcanzaron 20,9 toneladas de materia seca por hectárea, mientras que los de menor producción quedaron en 14,1 toneladas. Esa diferencia se tradujo en un costo por kilo de materia verde de 30 y 40 pesos, que al corregirse a materia seca pasó a un rango de 85 a 114 pesos por kilo. Al considerar la materia seca digestible, los valores oscilaron entre 161 y 214 pesos, lo que representó un aumento promedio del 33% en los híbridos de menor rendimiento. El costo por megacaloría de energía metabolizable varió entre 45 y 60 pesos.

Estos resultados confirmaron que, en maíz, los híbridos de menor productividad terminan siendo más costosos porque diluyen menos los costos fijos de picado, que constituyen el principal componente del gasto total.

En el caso del sorgo, los ensayos de Avellaneda mostraron un máximo de 23,1 toneladas y un mínimo de 14,7 toneladas de materia seca por hectárea. El costo por kilo de materia seca varió en consecuencia de 69 y 93 pesos, un 35% más caro en el material de menor rendimiento. Sin embargo, la digestibilidad, que osciló entre 43 y 55%, modificó la interpretación. Al corregir los costos por calidad, la diferencia se redujo a apenas un 5%, con valores de 162 y 170 pesos por kilo de materia seca digestible. El costo por megacaloría de energía metabolizable se ubicó entre 44 y 48 pesos, mostrando una brecha mucho más estrecha que en maíz.

Este contraste abrió un debate sobre qué indicador refleja mejor el valor real del forraje. “Acá se nos abre otro interrogante. En el análisis económico, ¿qué estamos analizando? ¿El costo del kilo de materia seca o el costo del kilo de materia seca digestible, donde ponemos en valor la calidad? Queremos hacer un análisis económico, pero la pregunta es si ese análisis debe ser en términos de volumen o de calidad”, planteó Luna.

“Mientras más nos interiorizamos en el mundo del silaje, más preguntas aparecen. Este es un área de mejora de la red: no solo aprendemos en conjunto, también generamos información que ayuda a la toma de decisiones en la zona”, concluyó.

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