6 de julio de 2026 - 19:31 Por CREA Área de Ambiente
Huella de carbono en cítricos
El Proyecto de Carbono en Sistemas Agropecuarios de CREA, que midió la huella de carbono en tres empresas citrícolas, permitió detectar que la gestión de residuos y la fertilización son las principales fuentes de emisiones en el rubro, lo que representa una oportunidad de mejora en la materia.
Los establecimientos seleccionados para la estimación de huella de carbono –proceso que se llevó a cabo durante la campaña 2024/25– se eligieron con el propósito de representar distintas condiciones productivas con diferentes niveles tecnológicos y manejos agronómicos.
“La adecuación de las dosis de fertilizante a los requerimientos reales del cultivo, la elección de fuentes y momentos de aplicación que reduzcan las pérdidas, y la búsqueda de mayores rendimientos por unidad de nutriente aplicado se presentan como vías efectivas para reducir la huella por tonelada de fruta”, resaltan indican Luis María Arias Usandivaras y Diana de Salazar, coordinadores de la iniciativa instrumentada por CREA en colaboración con Arcor y UPL.
Metodología
Para el cálculo de la huella de carbono de cada establecimiento se utilizó la plataforma Cool Farm Tool, una herramienta ampliamente aplicada para la estimación de emisiones de gases de efecto invernadero en sistemas agropecuarios que permite calcular las emisiones asociadas a la producción agrícola a partir de datos específicos del manejo del cultivo y expresar el resultado en relación con la cantidad producida, lo que posibilita analizar la eficiencia ambiental del sistema.
El análisis abarcó cuatro situaciones productivas: naranja agria (caso 1), dos plantaciones de limón (casos 2 y 3) y una situación (modal) construida como representación de un planteo típico de limón en el NOA.
Los rendimientos variaron entre 13 toneladas/ha en la naranja agria y 32-33 tonelada/ha en los limones de mayor productividad (casos 2 y 3), mientras que la fertilización total osciló entre 156 y 300 kg/ha de producto.
El nitrógeno aplicado presentó una amplitud particularmente marcada, desde 63-92 kg/ha en los planteos convencionales hasta apenas 1,6 kg/ha en el caso 3, establecimiento de base orgánica cuya única fertilización corresponde a un compost de bajo contenido de nitrógeno (1% de N). Esta heterogeneidad en el manejo de la fertilización resultó determinante en los resultados.
Fuentes de gases de efecto invernadero
La huella de carbono estimada se ubicó entre 111 y 206 kilogramos de dióxido de carbono equivalente (kg CO2eq) por tonelada de fruta. El valor más alto correspondió a la naranja agria (206 kg CO2eq/tonelada), resultado que se explica en buena medida por el bajo rendimiento propio de ese cultivo (13 tonelada/ha) más que por una mayor intensidad de uso de insumos.
Entre los limones, la huella descendió desde 160 kg CO2eq/tn en el caso modal hasta 111 kg CO2eq/tn en el caso 3, que combina un rendimiento elevado, una fertilización nitrogenada mínima y una captura de carbono en el suelo. Expresadas por unidad de superficie, las emisiones oscilaron entre 2407 y 4420 kg CO2eq/ha, correspondiendo el valor más alto al caso 2, el establecimiento de mayor escala e intensidad de uso de energía.
“La huella por unidad de producto no acompaña necesariamente a las emisiones por hectárea. El caso 2, por ejemplo, registró las mayores emisiones por hectárea pero no la mayor huella por tonelada, gracias a su alto rendimiento, que diluye las emisiones en un mayor volumen producido”, señalan los técnicos CREA.
“Esto confirma que la eficiencia productiva es tan determinante del resultado final como el nivel absoluto de emisiones del sistema. El indicador de eficiencia de uso del fertilizante refuerza esta lectura: la relación entre toneladas producidas y nitrógeno aplicado fue más favorable en los limones de alto rendimiento que en la naranja agria”, añaden.
En el siguiente gráfico se observa que un mayor nivel de emisiones por hectárea no se traduce de manera automática en una mayor huella por tonelada, ya que el rendimiento actúa como factor de dilución de las emisiones por unidad de producto. El caso 2 ilustra claramente ese aspecto: pese a ser el de mayores emisiones por hectárea, su alto rendimiento lo ubica entre los de menor huella por tonelada.
Huella de carbono (kg CO2eq/tn) y emisiones por superficie (kg CO2eq/ha) por establecimiento.
Al analizar el aporte relativo de las distintas fuentes, los residuos de cultivo se constituyen como la principal fuente de emisiones en todos los casos, con participaciones que van del 50% en la naranja agria hasta cerca del 78% en el caso 3.
La fertilización se ubica como segunda fuente en los planteos convencionales (24% a 36%), mientras que en el caso 3 su aporte es marginal (alrededor del 1%) debido al uso casi exclusivo de compost de bajo nitrógeno.
La protección del cultivo y la energía en campo completan el balance con aportes menores y variables. El caso 3 incorpora, además, una captura de carbono en el suelo equivalente a aproximadamente el 12% de sus emisiones brutas, originada en el cambio de uso de cultivos anuales a limonar en el 18% de su superficie; este crédito reduce su huella neta y se representa como un valor negativo en la figura.
Contribución relativa de cada fuente de emisión sobre las emisiones brutas (porcentaje) por establecimiento. La captura de carbono se representa como un crédito (valor negativo).
En cuanto a la composición por gas, el óxido nitroso (N2O) constituye el principal gas de efecto invernadero en todos los casos, con participaciones que van del 76% al 92% del total expresado en CO2eq. Esto resulta coherente con el peso de los residuos de cultivo y de la fertilización nitrogenada dentro del balance, ambas vías de emisión de N2O. El dióxido de carbono (CO2), asociado principalmente al uso de energía y a la producción de insumos, presenta su mayor participación relativa en la naranja agria (alrededor del 25%). La elevada participación del N2O es relevante desde el punto de vista del manejo, dado su alto impacto como gas de efecto invernadero.
Contribución relativa de cada gas de efecto invernadero al total (porcentaje) por establecimiento.
“La amplitud de resultados obtenidos refleja tanto las diferencias de manejo entre establecimientos como la incidencia del cultivo considerado, ya que el caso de mayor huella corresponde a la naranja agria, un cultivo de menor rendimiento característico que el limón. Por este motivo, la comparación directa de la huella por tonelada entre la naranja agria y los limones debe realizarse con cautela, reconociendo que responden a sistemas productivos diferentes”, explican.
A diferencia de otros cultivos, en los sistemas citrícolas evaluados los residuos de cultivo se confirman como la principal fuente de emisiones en todos los casos, por encima de la fertilización. “Esto se vincula con el volumen de residuos de poda y de hojas que se mantienen en el lote y con las emisiones de óxido nitroso asociadas a su descomposición”, remarcan. La fertilización constituye la segunda fuente en los planteos convencionales, mientras que la energía y la protección del cultivo presentan aportes menores.
“Un hallazgo central del análisis es que la huella por unidad de producto no depende únicamente del nivel absoluto de emisiones, sino también de la eficiencia productiva del sistema. El caso 2 ilustra cómo un establecimiento con altas emisiones por hectárea puede, no obstante, alcanzar una huella por tonelada competitiva gracias a su elevado rendimiento”, comentan los técnicos CREA.
“En el otro extremo, el caso 3 resulta particularmente interesante: combina un rendimiento alto, una fertilización nitrogenada mínima –por su carácter de establecimiento de base orgánica– y una captura de carbono en el suelo derivada del reemplazo de cultivos anuales por limonar en parte de su superficie. La suma de estos factores lo posiciona como el caso de menor huella del conjunto”, agrega.
La captura de carbono en suelo, observada en el caso 3 merece una consideración particular. Se trata de un crédito real dentro del balance, asociado al cambio de uso del suelo, que reduce la huella neta del establecimiento. “No obstante, conviene interpretarlo con prudencia: la captura de carbono en el suelo es un fenómeno de carácter transitorio y reversible, que tiende a estabilizarse con el tiempo a medida que el sistema alcanza un nuevo equilibrio, por lo que no debe considerarse una reducción permanente ni indefinidamente acumulable”, resumen.