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Sostenibilidad agropecuaria: el impacto de las tecnologías de procesos y la "siembra" de raíces en el suelo

Sostenibilidad agropecuaria: el impacto de las tecnologías de procesos y la "siembra" de raíces en el suelo. Experiencias del CREA San Jorge-Las Rosas

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23 de junio de 2026 - 12:04 Por CREA Región Sur de Santa Fe | SSF

Sostenibilidad agropecuaria en la región CREA Sur de Santa Fe

El modelo de producción agrícola en la región pampeana argentina se encuentra ante una encrucijada histórica. Tras sesenta años de intensa agriculturización, dominada por labranzas convencionales en sus primeras dos décadas y por un esquema posterior de monocultivo o rotaciones simplificadas (con fuerte predominio de la soja), los agroecosistemas exhiben claras señales de agotamiento estructural y biológico. Las estadísticas regionales revelan una pérdida promedio del 40% en los contenidos originales de Materia Orgánica (MO) y de hasta un 50% de los minerales clave del suelo.

A este desgaste intrínseco se le suma el desafío del cambio climático global. En localidades como Las Rosas (Santa Fe), la media histórica de precipitaciones se ha mantenido en torno a los 960 milímetros anuales desde la campaña 1969/70; sin embargo, la dinámica climática se ha modificado drásticamente, ya que los volúmenes totales anuales estables esconden un incremento severo en la intensidad de las lluvias y una mayor frecuencia de eventos extremos (excesos hídricos y sequías prolongadas). Asimismo, las altas temperaturas durante los períodos críticos impactan directamente en los rendimientos:

“Frente a márgenes económicos globales cada vez más ajustados y altas relaciones insumo/producto, el enfoque tecnológico tradicional basado exclusivamente en la adición de insumos químicos ha demostrado ser ineficiente e insuficiente para sostener la productividad a largo plazo”, indico Ricardo Pozzi, asesor del CREA San Jorge-Las Rosas, durante una charla ofrecida en una jornada de Tranqueras Abiertas organizada en El Trébol por la región CREA Sur de Santa Fe.

Ricardo Pozzi en la jornada de Tranqueras Abiertas organizada en El Trébol por la región CREA Sur de Santa Fe.

“La sostenibilidad del negocio agrícola depende de la migración hacia la tecnología de procesos, fundamentada en el conocimiento de las interacciones suelo-planta-clima y en el diagnóstico ambiental preciso”, añadió.

El punto de partida de la tecnología de procesos es la delimitación de ambientes productivos. A través de herramientas como el Índice de Aptitud de las Tierras (IAT de GeoINTA), se ha determinado que entre el 35% y el 45% de la variabilidad de los rendimientos en la región está directamente explicada por la capacidad de uso intrínseca de los suelos.

En la zona de influencia del CREA San Jorge-Las Rosas, los suelos presentan un gradiente de IAT que va desde 40 hasta 90 puntos. Mientras que los ambientes de alta aptitud (IAT 70 a 90) son aptos para agricultura continua, en los de media a baja aptitud (IAT menor a 70) la estabilidad se logra mediante secuencias que incorporan cultivos de servicio asociados a maíces tardíos y la inclusión de pasturas o verdeos de avena con fines ganaderos.

El impacto de la erosión hídrica y la compactación

El relieve pampeano, combinado con lluvias intensas en otoño cuando los suelos suelen carecer de cobertura activa (coincidiendo con los períodos de cosecha), potencia los procesos de erosión hídrica. Datos históricos recopilados entre 2009 y 2024 en Las Rosas, Santa Fe, demuestran la brecha productiva real generada por la pérdida de suelo y degradación física:

A pesar de que la provincia de Santa Fe cuenta con unos 6,0 millones de hectáreas agrícolas con riesgo latente de erosión hídrica, apenas 70.000 hectáreas se encuentran sistematizadas mediante terrazas de base ancha cultivables.

En los suelos serie Los Cardos (Argiudol típico), que presentan texturas con altos contenidos de limo (hasta el 70%), ante el impacto mecánico de la lluvia o el tránsito pesado sufren una severa pérdida de macroporosidad en los primeros centímetros del horizonte A.

Al evaluar la conductividad hidráulica saturada de esos suelos, las situaciones bajo agricultura continua compactada registran caídas drásticas de infiltración (21 mm/hora) en comparación con suelos que provienen de rotaciones con pasturas (48 mm/hora).

“Ensayos mecánicos con escarificadores muestran que la descompactación mecánica ofrece un alivio efímero: las mejoras estructurales duran apenas entre seis meses (en Argiudoles) y doce meses (en Hapludoles), volviendo a su estado masivo inicial si no hay un flujo constante de carbono para estabilizar los poros”, explicó Ricardo.

Ricardo Pozzi

Dinámica de napas freáticas

En las llanuras pampeanas con pendientes muy bajas, las napas freáticas actúan como una “caja de ahorro” de agua en años secos, pero representan una seria amenaza de anoxia radicular y lavado de nutrientes en ciclos húmedos. Ensayos de larga duración realizados en el establecimiento “Don Jorge” del CREA San Jorge-Las Rosas cuantificaron las relaciones cuadráticas entre la profundidad promedio de la napa durante el ciclo del cultivo y el rendimiento alcanzado:

Soja de primera: el rendimiento óptimo se ubica con napas estabilizadas entre los 140 y 180 centímetros. El ascenso de la napa por encima de los 70 centímetros de la superficie genera mermas de rendimiento de hasta un 60% debido a la asfixia del sistema radicular.

Soja de segunda: sigue una tendencia similar, con caídas del 50% en posiciones de napas extremadamente superficiales.

Trigo: sufre pérdidas de hasta un 50% al encontrarse el sistema radicular sumergido en estratos saturados durante las etapas iniciales y el macollaje.

Maíz: presenta una tolerancia relativa mayor, pero sus rendimientos caen un 40% ante napas persistentes a menos de 50 centímetros.

Cada metro de ascenso de la napa por encima de la capacidad de campo desplaza o satura aproximadamente 160 milímetros de agua equivalente en el perfil, anulando la capacidad de almacenamiento de aire y alterando drásticamente la nutrición nitrogenada del cultivo por desnitrificación.

El rol de la Materia Orgánica

La Materia Orgánica humificada constituye el pilar fundamental que gobierna la densidad aparente máxima del suelo, la estabilidad de los agregados y la capacidad de intercambio catiónico (CIC). Los ensayos de la Red de Nutrición CREA de la región Sur de Santa Fe demuestran correlaciones estadísticas contundentes entre el Carbono Orgánico Total y diversas propiedades agroquímicas:

El Nitrógeno Total y NAN: existe una estrecha relación logarítmica entre el Nitrógeno Total y la Materia Orgánica. Asimismo, la Materia Orgánica regula directamente el Nitrógeno Anaeróbico (NAN), aunque con menor ajuste que el Nitrógeno Total, principal indicador de la capacidad de mineralización de nitrógeno del suelo.

Disponibilidad de Fósforo (p Bray) y micronutrientes: los suelos con mayores niveles de Materia Orgánica exhiben una correlación positiva con el Fósforo disponible y el Zinc.

Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC): se observa una respuesta lineal entre el aumento del porcentaje de Materia Orgánica y los valores de CIC en miliequivalentes por cada 100 gramos, mejorando la retención de Calcio, magnesio y Potasio.

Fertilización

Los resultados acumulados durante 26 años en la Red de Fertilización CREA de la región Sur de Santa Fe (campañas 2000 a 2026) demuestran que las estrategias basadas únicamente en respuestas a dosis crecientes de Nitrógeno, Fósforo y Azufre (NPS) logran incrementos significativos en la producción acumulada de granos (entre +27% y +120% según la secuencia).

“Sin embargo, ese esquema de insumos no alcanza para recomponer la Materia Orgánica del suelo; en el mejor de los escenarios, las rotaciones agrícolas tradicionales estables apenas logran mantener los niveles preexistentes”, indicó el asesor CREA.

Además, la fertilización continua con fuentes acidificantes generó externalidades negativas severas detectadas, donde se observó caída de hasta un punto en el pH del suelo y pérdida asociada de cationes básicos por lixiviación, especialmente Calcio y Magnesio.

“Aunque los tratamientos fertilizados presentaron una mayor biomasa microbiana total respecto a los testigos, manifestaron una menor diversidad genética y catabólica, según investigaciones del CONICET y dentro de esos mismos ensayos. Las rotaciones tradicionales simplificadas generan suelos altamente especializados con baja biodiversidad biológica, comprometiendo la resiliencia integral del sistema”, resaltó.

Ensayos de larga duración en “Las Magnolias” demuestran que la inclusión de cultivos de servicio (CC) en sistemas bajo agricultura continua eleva la conductividad hidráulica saturada de 32 mm/hora (sin CC) a valores de 51 mm/hora (con CC) en superficie, lo que contribuye a incrementar sustancialmente los rendimientos relativos de toda la rotación al mitigar los efectos de la compactación.

Por otra parte, análisis estadísticos realizados en partidas de trigo de empresas integrantes del CREA San Jorge-Las Rosas muestran que el aporte cultivos de servicio y de las pasturas no sólo generan cambios positivos en la productividad, sino también al tenor proteico en el caso del trigo, incluso en años de altos rendimientos.

“Las raíces representan la vía de entrada más eficiente y directa de carbono profundo al suelo. No es posible solucionar la degradación estructural de la capa arable mediante labranzas mecánicas o con la sola aplicación de fertilizantes sintéticos. Es imprescindible generar macroporosidad biológica y estabilizar los agregados a través de raíces vivas el mayor tiempo posible en el año”, remarcó Ricardo.

“Las raíces y rizodeposición son más importantes que la biomasa aérea para incorporar Materia Orgánica. Y las pasturas son indiscutiblemente mejores que los cultivos de renta para incorporar ese recurso crítico, seguidas por los cultivos de servicio. En cualquier caso, es importante tener paciencia, porque en pocos años no resolvemos los problemas generados en 60 años”, resumió.

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