14 de enero de 2026 en Buenos Aires

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Soja en Argentina: evolución tecnológica, manejo y proyecciones

Por qué la soja se consolidó como el principal cultivo argentino, con impacto directo en la economía, el comercio exterior y la sustentabilidad de los sistemas.

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La soja ocupa un lugar central en la agricultura argentina. Con 40 años de historia en el país, este cultivo evolucionó hasta convertirse en el más extendido, y el que más incide en la economía, en los sistemas y en la planificación del futuro productivo del país.

El gran punto de inflexión se produjo en 1996, con la aprobación de la soja resistente al glifosato (RR). La incorporación de este evento biotecnológico, sumado a la expansión de la siembra directa y al uso masivo de herbicidas de amplio espectro, permitió una transformación profunda de los sistemas productivos. Se alcanzó mayor estabilidad de rindes, una rápida expansión de la frontera agrícola y una reducción de las labores mecánicas, lo que significó también menores costos de producción y una mejora en la conservación de los suelos.

Con el paso de los años, y frente a nuevos desafíos agronómicos y ambientales, el cultivo también evolucionó en su manejo. La sostenibilidad pasó a ocupar un lugar central: en planteos de punta, la soja comenzó a integrarse en esquemas de rotación más diversos, junto con maíz, trigo y otros cultivos, e incluso se incorporaron cultivos de cobertura. Estas prácticas no sólo mejoran la estructura del suelo y favorecen la infiltración de agua, sino que también ayudan al control de malezas difíciles, reducen la erosión y aportan otros beneficios ecosistémicos que fortalecen la resiliencia de los sistemas agrícolas.

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Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en la campaña 2024/25 la superficie sembrada con soja en Argentina alcanzó 17,7 millones de hectáreas, un aumento del 7,5% interanual, con un rendimiento medio de 3.050kg/ha y un promedio de 3.200kg/ha en el último quinquenio.

Por su parte, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), en su serie histórica 2020/21–2024/25, estima un promedio de 16,09 millones de hectáreas sembradas, una producción anual de 42,84 millones de toneladas y un rendimiento promedio de 2,64t/ha. Para la campaña 2024/25, el USDA proyecta 17,3 millones de hectáreas sembradas, una producción cercana a 50,9 millones de toneladas y un rendimiento de 2,94t/ha, consolidando la posición del país como tercer productor mundial, con cerca del 12% del total global.

La soja es central en el comercio externo de Argentina: es el primer exportador mundial de harina y aceite de soja, y el tercero de poroto, detrás de Brasil y Estados Unidos. En 2024, las exportaciones de aceite por parte del país alcanzaron 6,28 millones de toneladas, el mayor volumen registrado en los últimos cinco años. India fue el principal destino.

Factores clave del manejo

Manejo agronómico y otras variables

El manejo agronómico define en gran medida el éxito de un cultivo de soja, y dentro de ese conjunto de decisiones la fecha de siembra ocupa un lugar central. No se trata de una elección aislada: está determinada por la disponibilidad de agua en el perfil, la temperatura del suelo, la radiación incidente, el grupo de madurez de la variedad elegida y las probabilidades de enfrentar estrés hídrico o térmico en las etapas críticas del cultivo (floración y llenado de granos).

En Argentina, la siembra de soja comienza habitualmente en octubre en las provincias del norte y se extiende hasta enero en las regiones más australes. En general, las fechas más tempranas —cuando el cultivo logra aprovechar mejor la radiación y evita los déficits hídricos del final del verano— tienden a generar los mayores rendimientos.

Más allá de la fecha de implantación, existen otros factores de manejo que condicionan la productividad. Uno de los más críticos es el control de malezas. La resistencia de especies como Amaranthus y Chloris a distintos herbicidas obliga a planificar rotaciones químicas y culturales, integrar cultivos de cobertura y aplicar prácticas como el uso de residuales o la siembra en franjas limpias. Un manejo preventivo y diversificado resulta clave para evitar la expansión de biotipos resistentes.

En paralelo, el manejo de plagas se volvió más complejo. Las orugas defoliadoras, las chinches y, en algunos ambientes, la arañuela roja, exigen un monitoreo sistemático y el uso racional de insecticidas. La estrategia de refugios en lotes con biotecnología Bt es fundamental para preservar la eficacia de estas herramientas, y el control integrado con enemigos naturales y prácticas culturales complementa la defensa del cultivo.

Las enfermedades también representan un desafío recurrente. Las de fin de ciclo —como mancha marrón, tizón y Cercospora— pueden reducir notablemente el rendimiento y la calidad de la semilla si no se las contiene a tiempo. En años húmedos, además, proliferan patologías de tallo y vaina, como Phomopsis, que comprometen la germinación. En estos casos, el monitoreo y la aplicación de fungicidas en estadios críticos permiten ganar hasta 200 kilos por hectárea.

soja

Fertilización

¿Cuál es la fórmula ideal para la soja?

La fertilización es otro aspecto determinante. Aunque la soja fija nitrógeno a través de la simbiosis con rizobios, la reposición de nutrientes como fósforo y azufre se volvió imprescindible en suelos con largos años de agricultura. El uso de inoculantes de nueva generación ayuda a mejorar la nodulación y la eficiencia en la fijación biológica, mientras que los análisis de suelo permiten ajustar las dosis de nutrientes y evitar desequilibrios que limiten el rinde.

En conjunto, estas decisiones de manejo —fecha de siembra, control de malezas, protección contra plagas y enfermedades, y nutrición— forman parte de un paquete integral que define la productividad y la sustentabilidad del cultivo de soja en la Argentina.

Los ensayos de INTA Oliveros a lo largo de 16 años demostraron que la inclusión de gramíneas en la rotación y el uso de cultivos de cobertura aumentaron los rendimientos de soja en más del 20 % respecto de esquemas simplificados. Además, mejoraron la infiltración de agua y la capacidad del suelo de sostener rindes altos en campañas secas.

En el CREA Sur de Santa Fe, las evaluaciones de la campaña 2024/25 confirmaron que diversificar fechas de siembra, priorizar grupos de madurez intermedios, aplicar fungicidas en fin de ciclo y garantizar precisión en la implantación fueron prácticas determinantes para lograr resultados por encima de la media histórica.

Rentabilidad

¿Cómo se comportan los precios internacionales?

El precio internacional de la soja oscila entre 300 y 400 dólares por tonelada, con picos históricos hace una década. En 2025, la cotización se mantiene estable cerca de 320 dólares por tonelada, influenciada por la oferta global y el dinamismo de la demanda asiática.

Una clave para la competitividad local fue la reducción permanente de las retenciones, formalizada a través del Decreto 526/2025. Desde el 1º de agosto de 2025, el arancel sobre el poroto bajó del 33 % al 26 %, y el de los subproductos pasó del 31 % al 24,5 %.

De acuerdo con un informe de CREA, con retenciones en 33% la soja resultaba inviable en el 80% del área agrícola, mientras que con menores cargas impositivas recupera rentabilidad en casi toda la superficie.

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