En el Congreso de la región CREA Chaco Santiagueño, Nicolás Neiff, responsable técnico de la Mesa Agrícola regional, presentó “El poder de los DATos”, un trabajo centrado en cuatro preguntas: ¿qué cultivo ganó más campañas, soja o maíz?, ¿cuál fue el mejor antecesor?, ¿con qué frecuencia gana el material más sembrado? y ¿existe diferencia por atrasar la fecha de siembra en maíz y soja?
El rendimiento promedio regional del cultivo maíz tardío cayó de 7290 kg/ha en 2021/22 a 2899 kg/ha en 2023/24, mientras que el cultivo de soja pasó de 3396 a 1851 kg/ha. La campaña 2023/24 combinó la epifitia de Dalbulus maidis con estrés térmico, lo que provocó fuertes caídas en maíz, que también se reflejaron en soja. En 2024/25 se registró otra campaña muy desfavorable para ambos cultivos, por estrés térmico e hídrico, con promedios de 3569 y 2154 kg/ha para maíz y soja, respectivamente.
Las diferencias entre lotes también fueron considerables. Durante ese último ciclo, los rendimientos de maíz tardío oscilaron entre 138 y 9740 kg/ha, mientras que en soja tardía los extremos fueron de 105 y 5102 kg/ha. “No solo bajó: se volvió más impredecible”, afirmó Neiff, quien también es profesor adjunto de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).
Cultivo de soja frente a maíz
Para comparar ambos cultivos, se seleccionaron 105 casos de establecimientos y campañas con al menos seis lotes de soja tardía y seis de maíz tardío. Los rendimientos fueron ordenados en grupos equivalentes, de menor a mayor productividad, para comparar lotes de un mismo establecimiento y campaña bajo condiciones semejantes.
La relación entre los rendimientos de soja y maíz tuvo como referencia un valor de 0,47, obtenido de la mediana de las 105 comparaciones. Esto equivale a 470 kg de soja por cada 1.000 kg de maíz. Las relaciones superiores a 0,49 se consideraron favorables para la soja; las inferiores a 0,45, para el maíz. Los valores intermedios se clasificaron como empates.
“Soja ganó 4 campañas y maíz 3: ninguno gana siempre”, afirmó Neiff. En las otras dos campañas se registraron empates. Entre 2020/21 y 2022/23, la relación favoreció al maíz, mientras que durante los tres ciclos siguientes resultó favorable para la soja.
Los resultados muestran que la ventaja relativa cambia entre años y que ningún cultivo mantiene una superioridad constante. Esta comparación considera relaciones de rendimiento respecto de una referencia regional, no los resultados económicos de cada alternativa.
El valor de rotar
La secuencia de cultivos presentó uno de los resultados más consistentes. A partir de 72 pares de lotes de maíz y 86 de soja, ubicados en una misma localidad y campaña, el análisis comparó los rendimientos de cultivos precedidos por otra especie frente a aquellos sembrados después del mismo cultivo.
El maíz tardío sobre soja alcanzó un promedio de 7087 kg/ha, frente a 6055 kg/ha del maíz sobre maíz. La diferencia fue de 1032 kg/ha, equivalente a una mejora del 17%. En soja, el rendimiento pasó de 2853 kg/ha con soja como antecesor a 3241 kg/ha cuando el cultivo previo fue maíz, una ventaja de 387 kg/ha, equivalente al 14%.
“La secuencia maíz-soja y soja-maíz ganó en las 7 campañas analizadas”, destacó. Además, el maíz sobre soja superó al maíz-maíz en el 76% de las comparaciones, mientras que la soja sobre maíz obtuvo mejores resultados en el 73% de los casos.
El trigo también fue evaluado como antecesor, aunque con resultados menos consistentes. El maíz sobre trigo registró una ventaja promedio de 423 kg/ha frente a maíz-maíz, pero solo resultó favorable en el 54% de las comparaciones. El análisis comprendió 35 pares de lotes, una cantidad insuficiente para obtener conclusiones firmes.
En soja, el trigo como antecesor no produjo una mejora sostenida. La diferencia promedio fue de −40 kg/ha respecto de soja sobre soja y solo se observaron ventajas en tres de las siete campañas.
La alternancia entre soja y maíz fue la secuencia con resultados positivos más consistentes, tanto por la magnitud de las diferencias como por su permanencia entre campañas.
Elección de materiales
Otro eje de análisis fue la selección de híbridos de maíz y variedades de soja. Para evaluar su desempeño, el técnico comparó los materiales más sembrados con el índice ambiental de las redes de ensayos comparativos de rendimiento, utilizado como referencia de productividad de los ambientes evaluados.
Las comparaciones se organizaron en siete zonas de la región: Formosa, Norte, Este, Oeste, Centro, Sur y Frías. Esta división permitió analizar el comportamiento de los materiales elegidos por los productores frente a los resultados experimentales de cada área.
En maíz, los materiales más sembrados superaron ese índice en nueve de 14 casos, con una ventaja promedio de 368 kg/ha. En soja ocurrió algo similar: nueve de 13 casos fueron favorables, con una diferencia media de 172 kg/ha. En conjunto, aproximadamente dos de cada tres elecciones superaron el índice ambiental de los ensayos comparativos de rendimiento.
Fechas y riesgos
La fecha de siembra constituyó el cuarto eje de estudio. En este caso, el análisis no se concentró únicamente en los rendimientos promedio, sino también en los pisos y techos productivos, definidos mediante los percentiles 10 y 90. Este enfoque permitió evaluar cómo las fechas de siembra se relacionaron con los resultados de los lotes menos y más productivos.
Para soja de primera sobre maíz, se analizaron 1707 lotes de 62 localidades, correspondientes a diez campañas. Los resultados indicaron que las siembras posteriores al 11 de enero estuvieron asociadas con una reducción del potencial de los lotes de mayor rendimiento.
“El piso casi no se mueve; lo que se pierde es el potencial de los mejores lotes”, afirmó Neiff. A partir de esa fecha, el techo productivo registró una tendencia de caída de 34 kg/ha por día de atraso y la mediana disminuyó 28 kg/ha diarios, mientras que la reducción del piso fue de apenas 9 kg/ha por día.
En maíz tardío sobre soja, el comportamiento fue diferente. Sobre una base de 4329 lotes de 76 localidades, correspondientes a trece campañas, las siembras de enero estuvieron asociadas con una tendencia de aumento del piso productivo, estimado en 50 kg/ha por día de atraso, sin modificaciones relevantes en la mediana ni en el techo.
En el análisis general, los pisos de rendimiento pasaron de valores cercanos a 800 kg/ha en diciembre a registros de entre 2700 y 4700 kg/ha en enero.
En soja, el atraso posterior al 11 de enero compromete principalmente los rendimientos más altos. En maíz tardío, en cambio, desplazar la implantación hacia enero estuvo asociado con menores riesgos de obtener rendimientos muy bajos, sin una reducción significativa del potencial productivo.
Como conclusión, destacó el valor de utilizar la información que los propios productores generan en sus establecimientos. “Lo único que hicimos fue darle jerarquía a los DATos que ya tenemos”, afirmó.
El trabajo permitió cuantificar las ventajas de distintas prácticas y convertir los registros históricos en referencias regionales para las decisiones de manejo. No obstante, Neiff aclaró que los resultados expuestos son tendencias generales de la región y deberían profundizarse en las empresas de cada grupo CREA.