InBioAgro: la importancia del cuidado de la biodiversidad agropecuaria
En un contexto en el cual la sostenibilidad ambiental representa un insumo esencial de las empresas agropecuarias, el proyecto InBioAgro conforma una experiencia pionera que, desde hace cuatro años, busca integrar la producción con la conservación de la biodiversidad.
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En ese marco, Inbioagro –iniciativa del Área de Ambiente de CREA– acaba de iniciar a una nueva fase del proyecto: implementar en territorio prácticas de manejo alternativas co-diseñadas entre empresarios, investigadores y técnicos del proyecto.
En el caso de la ecorregión chaqueña, las prácticas tienen como objetivo revalorizar los bordes agrícolas con cultivos de servicio, potenciando biodiversidad y servicios ecosistémicos sin resignar la productividad del lote.
El plan se implementará en cinco establecimientos de la región, con un diseño experimental que compara un manejo tradicional versus franjas de cultivos de servicio en sectores de borde/cortina.
“Buscamos transformar estas áreas de baja productividad en espacios que aporten valor ecológico para insectos benéficos, sin comprometer la rentabilidad. Queremos evaluar el impacto de estas prácticas sobre la diversidad de estos insectos y la calidad del suelo”, señala Mayra Varela de InBioAgro.
La iniciativa se desarrolla en colaboración con instituciones de ciencia y técnica como INTA–UNSE, el Instituto de Ecología Regional (IER–CONICET) y el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV–CONICET), que diseñaron en conjunto el protocolo y evaluarán el impacto de las intervenciones.
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InBioagro. Capacitación sobre colocación y manejo de trampas para insectos.
“Desde Estancia El Azul (CREA San Patricio, región NOA) decidimos sumarnos a esta nueva etapa del proyecto InBioAgro porque creemos que la sostenibilidad es el camino. Esta experiencia nos permite probar nuevas prácticas, como los cultivos de cobertura, para mejorar el sistema. Lo interesante es hacerlo en conjunto, aprendiendo con CREA, INTA y CONICET”, comenta Patricio Lord de Estancia El Azul.
Uno de los principales desafíos de la experiencia es poder implementar al menos una práctica de manejo alternativa en los establecimientos agropecuarios que participen de la nueva etapa del proyecto, asegurando que las mismas tengan un impacto positivo en la biodiversidad.
“Desde INTA acompañamos este proyecto aportando conocimiento y herramientas para colaborar en la determinación de los cultivos de servicio a realizar y caracterizar el desempeño de los mismos y su efecto sobre la dinámica del agua y parámetros de calidad del suelo”, destaca Salvador Prieto Angueira de INTA-UNSE.
En los próximos meses se espera poder comenzar en la región con la siembra de cultivos de servicios, así como los monitoreos de suelo y de biodiversidad.
“Desde el IER y el IMBIV nos interesa entender cómo las estrategias de manejo, cómo los cultivos de servicio, pueden mantener o incluso mejorar la biodiversidad de insectos que sostienen el funcionamiento de los ecosistemas, tanto productivos como naturales”, apunta Natacha Chacoff de IER–CONICET.
InBioAgro avanza así en el diseño e implementación de prácticas medibles para aprender y escalar junto a las empresas CREA, con el objetivo de producir mejor y con más biodiversidad en los agroecosistemas del Chaco.
Agradecimiento. Los semillas de los cultivos de servicio fueron donadas por Grupo Agroeempresa.